Michèle Petit es profesora en la Universidad de París I, miembro del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia y especialista en temas relacionados con la lectura / UAB

“El gusto por la lectura se transmite a los niños cuando el adulto goza con la situación”

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La antropóloga francesa Michèle Petit defiende que la adquisición del hábito de la lectura a los niños es más probable cuando los adultos les transmiten el placer de compartir una experiencia positiva con ellos. Petit participó en el último simposio sobre literatura infantil y juvenil del grupo GRETEL.

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UAB / Michèle Petit, profesora en la Universidad de París I, miembro del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia y especialista en temas relacionados con la lectura, participó en el simposio “Diez años de literatura infantil y juvenil”, que el grupo GRETEL de la UAB organizó, los días 30 de septiembre y 1 de octubre, con motivo de la décima edición de su Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil. Petit ofreció la conferencia “Los libros y la jungla” sobre lectura en contextos de crisis y, concretamente, en el caso de las personas refugiadas.

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¿Cómo contribuye la lectura a la construcción de la subjetividad?

Un libro, a veces una sola frase, les había permitido encontrar un poco de paz por la posibilidad de simbolizar lo que les pasaba sin poder expresarlo

La gente, en diversos ambientes, me contaba cómo la literatura les había permitido, cuando eran niños, tener un espacio propio, evadirse de ambientes agobiantes o expresar algo de sí mismos. Encontraban un eco de lo que sentían de manera desplazada, metaforizada. Un libro, a veces una sola frase, les había permitido encontrar un poco de paz por la posibilidad de simbolizar lo que les pasaba sin poder expresarlo.

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¿Tiene mucha importancia, en ese sentido, la identificación con los personajes literarios?

Cuando leemos, a menudo estamos diciendo “ése soy yo, ése no soy yo”. Pero no es eso solamente; me sorprendió ver que no era tan frecuente la identificación con un personaje entre toda la gente que entrevisté. Se daba, más a menudo, la posibilidad de simbolizar su experiencia, de expresar algo con palabras de las que uno se apropia.

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Usted ha estudiado la lectura en el caso de los jóvenes que viven en contextos sociales difíciles como barrios marginados, etc.

Durante años, dirigí y participé estudios en áreas rurales y barrios desfavorecidos en Francia -particularmente barrios con gran población de inmigrantes- y después pasé un tiempo estudiando las experiencias desarrolladas por promotores de lectura en contextos de crisis en América Latina. El punto en común es que, en ambos casos, la mayoría de las veces se trataba de gente que había crecido muy alejada de los libros.

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¿Es un tópico la idea de que se lee menos o hay menos interés en la lectura en esos ambientes sociales más desfavorecidos?

Es una realidad estadística, no lo voy a negar. Pero incluso en ambientes desfavorecidos hay familias en las que el gusto por la lectura se transmite a través de un padre, de una tía, de una abuela, etc.

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Usted comenta en Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura (Fondo de Cultura Económica) que “gracias a la lectura, muchos jóvenes de origen inmigrado conjugan los universos culturales a los que pertenecen, en vez de que esos universos luchen entre sí”.

Las dificultades de integración no sólo tienen relación con la xenofobia, el desempleo o la relegación espacial, sino también con una fuerte desculturización

Eso lo que escribí cuando estudié las banlieues hace unos quince años. La situación, ahora, es mucho más difícil en Francia. Sigo pensando eso pero también creo que, para facilitar la integración de ambos universos culturales, no basta con apoyar la apropiación de obras de nuestras culturas: hay que impulsar la transmisión cultural entre generaciones en la gente inmigrada. Las dificultades de integración no sólo tienen relación con la xenofobia, el desempleo o la relegación espacial, sino también con una fuerte desculturización. No hay que repetir con los refugiados lo que hemos hecho mal en Francia con los inmigrantes.

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¿Cómo se convierte una persona en lector?

La mayoría de las veces, es un asunto familiar. Se transmite a través de uno o varios personajes en la familia y a través de situaciones clásicas como la lectura en voz alta. No puedes estar seguro de que alguien se vaya a convertir así en un lector pero la transmisión pasa por esas situaciones si el adulto goza el momento. Si lo hace porque cree que eso le ayudará luego en la escuela, no funciona. O, si se dice al niño que se tiene que quedar quieto mientras le leen, tampoco. Se trata de compartir un momento gozoso. Entonces, puede ser que deje una huella que haga que el niño, luego, trate de recuperar ese placer.

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¿Y otras situaciones?

Otra situación típica se produce en familias en las que el niño veía leer a sus padres. Por ejemplo, yo veía a mis padres siempre con la nariz metida en un libro y me preguntaba: “¿dónde están, dónde tienen la cabeza, por qué les da tanto placer, cuál es el misterio?” Y tenía celos. Ésa es una escena que luego oí describir en muchos casos. Pero tampoco es algo automático. En una misma familia, con esas mismas situaciones, tres niños se van a convertir en lectores y el cuarto no, porque se va a construir en oposición a los otros.

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¿Hay que tomárselo como una disciplina?

No hay que obsesionarse con formar lectores a toda costa. Si cantas a tu bebé, no estás pensando que así se va a volver músico: lo haces para compartir un momento feliz con él, sin preocuparte por lo que va a ocurrir después. ¿Por qué, entonces, esa obsesión con la lectura? Una gran presión tiene el efecto contrario del que pretendíamos. Lo importante es compartir momentos gratos incorporando fragmentos de literatura, de ciencia o arte: pasear por el barrio, describir cosas, compartir momentos narrativos, poéticos… Sin obsesionarse por la productividad. Preguntarse “para qué sirve” algo es legítimo porque nos preocupa que nuestros hijos tengan las mayores posibilidades de éxito, pero la presión no es buena.

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Escribió usted también que “la lectura entendida como decodificación o desciframiento del texto inhibe la emoción e impide la identificación”.

Puede haber también un placer en aprender el arte de descifrar el texto. Lo malo es cuando hay una obsesión utilitarista

Depende. Puede haber también un placer en aprender el arte de descifrar el texto. Lo malo es cuando hay una obsesión utilitarista. Para mí, los libros, el arte o las bibliotecas son como playas. Lo importante es, sobre todo en estos tiempos, preservar espacios en los que uno puede respirar y tener una relación no utilitarista con el mundo.

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¿Es de alguna manera la cultura audiovisual un “obstáculo” para fomentar el interés por la lectura?

No forzosamente. Nosotros tuvimos la suerte de apropiarnos de los libros y pasar de ahí a una serie de televisión, a una novela gráfica, a escuchar música… Y lo hicimos sin pensarlo. Pero no pongas a tu bebé, desde muy pequeño, solamente en frente de pantallas. Hay que regularlo. Soy partidaria de facilitar las articulaciones, conjugar unas artes con otras.

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¿No cree que hay una resistencia al papel en los jóvenes? ¿O quizás la lectura digital es el futuro?

Entre la experiencia de la lectura en papel y la lectura digital, hay muchas cosas en común y otras que difieren. Por ejemplo: cuando ves a un bebé que coge un volumen y lo toca, es frecuente que se lo ponga sobre la cabeza como un techo, algo que no creo que vaya a hacer con una pantalla. Hay algo en la materialidad del libro que cambia la experiencia. Los niños pequeños necesitan intercambios humanos, palabras, juegos, cuerpos materiales… No hay que substituir esas experiencias fundamentales y tan gratas con pantallas.

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