La Luna y los negacionistas

Buzz Aldrin en la superficie lunar. Misión Apolo 11. / Wikimedia - NASA Apollo Archive

Tal día como hoy… 20 de julio de 1969 el módulo lunar Eagle se posaba en la Luna

 

El 20 de julio de 1969, a las 20:17:40 UTC, el módulo lunar Eagle, de la misión espacial Apolo XI, se posaba en la Luna con dos astronautas a bordo, Neil A. Armstrong y Edwin E. Aldrin. A bordo del módulo de mando Columbia quedó Michael Collins. Cinco horas y media más tarde, ya en el día 21, Armstrong se convertía en el primer ser humano que pisaba la superficie de la Luna, y Aldrin en el segundo. Hoy hace 50 años.

 

CV / Con la llegada de Armstrong y Aldrin a la Luna y plantando la bandera norteamericana en ella, los EEUU tomaron definitivamente la iniciativa en una carrera espacial que había empezado 12 años atrás, en 1957, con el lanzamiento por parte de la Unión Soviética del Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia.

La NASA regresó después en cinco ocasiones a la Luna –Apolo 12, Apolo 14, Apolo 15, Apolo 16 y Apolo 17- y son en total 12 los hombres que han «visitado» nuestro satélite

La NASA regresó después en cinco ocasiones a la Luna –Apolo 12, Apolo 14, Apolo 15, Apolo 16 y Apolo 17- y son en total 12 los hombres que han «visitado» nuestro satélite, de un total de 6 tripulaciones que suman 18, a tres por viaje; dos descendiendo en el módulo lunar y un tercero que se quedaba a bordo del módulo de mando. La única misión con la Luna como objetivo que fracasó fue el Apolo XIII, y la última misión tripulada a la Luna fue el Apolo 17 en diciembre de 1972.

Desde entonces, han aparecido los transbordadores y las estaciones espaciales, se han realizado varias misiones a la Luna –llevadas a cabo por distintos países-, a Marte y se han enviado sondas a otros planetas del sistema solar. Pero en el imaginario colectivo, la llegada del hombre a la Luna en 1969 sigue viéndose como un hito no superado desde que, en diciembre de 1972, el Apolo 17 llevó por última vez al ser humano a la Luna… con un ordenador de a bordo inferior al de cualquier teléfono móvil de la actualidad.

Despegue del cohete Saturno V de la misión Apolo 11 que puso al primer ser humano en la Luna, en julio de 1969. / Wikimedia

Se ha especulado mucho sobre las razones que indujeron a la NASA, o mejor, al gobierno norteamericano, a interrumpir el proyecto Apolo. Y no han faltado entre los amantes de las teorías conspirativas los que han afirmado que fue el temor a contactos con extraterrestres que ya se habrían producido, o a que allí se encontró algo que hasta ahora se ha mantenido en secreto. Esto entre los conspirativistas «ufológicos», porque tampoco faltan los «conspirativistas» escépticos, están los negacionistas que aseguran que nunca se llegó a la Luna, sino que todo fue un montaje.

Se han aducido en este sentido las más peregrinas pruebas; que si en las fotografías no aparecen estrellas –ocurre lo mismo desde la Tierra según el tiempo de exposición de la imagen-, que si se percibía en ellas que había viento, que si la temperatura de la Luna era demasiado alta, que si… en fin, que se habría grabado todo en un estudio en la Tierra y luego se habría vendido como la llegada del hombre a la Luna.

Sin entrar a debatir este tipo de sandeces, si cabe comentar jocosamente que, de estar en lo cierto estos negacionistas, el montaje en estudio habría sido muy chapucero, y eso que, según estas mismas teorías conspiranoicas, se habría contratado ni más ni menos que a Stanley Kubrik. Tampoco quedaría claro por qué razón los soviéticos, que se supone que siguieron la operación pálidos de envidia, no denunciaron tanto fraude. Claro que, si la conspiración es tan global como denuncian los negacionistas, entonces también deben estar conchavados. Y por esto, seguramente, el cosmonauta soviético Georgy Grechko, cuando unos periodistas occidentales le preguntaron por el tema, respondió: “Cuando recibíamos señales de la Luna, provenían de la Luna, no de Hollywood”. Y se supone que algo sabían de esto los rusos…

Armstrong, Collins y Aldrin / Wikimedia – NASA

Aun así, las tesis negacionistas sobre la llegada del  hombre a la Luna han seguido proliferando y, acaso lo más importante, vendiéndose masivamente a través de editoriales, emisores de radio y cadenas de televisión «especialistas» en la materia, para regocijo de las cuentas corrientes de los tunos que se inventan estas supercherías, y para confusión de los incautos que les dan crédito, siempre dispuestos a dar más pábulo a la charlatanería que a la ciencia.

A lo mejor es que piensan como los retrógados que ya se reían estúpidamente de los intentos de Leonardo y otros para fabricar máquinas voladoras, afirmando que “Si Dios hubiera querido que el hombre volara, le habría dado alas como a los pájaros o a los ángeles”. Un sofisma muy burdo, porque incluso admitiendo la decisión divina de privar al hombre de alas, siempre cabe pensar que le pueda haber dado la inteligencia necesaria como para poder volar sin ellas.

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