Según este estudio, los hijos de madres con edades entre los 35 y los 44 años al alumbramiento no poseen peor salud en edad adulta que los de madres que dieron a luz entre los 25 y los 34.

Retrasar la maternidad no perjudica a la salud de los hijos, según un nuevo estudio

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Hasta ahora muchos pensaban que empezar una familia a una edad avanzada conlleva mayores riesgos sanitarios para la descendencia, pero una nueva investigación muestra que lo que repercute en la salud de los hijos, una vez sean adultos, no es la edad de la madre al alumbramiento, sino su nivel de estudios y el número de años que viva después de éste.

Imagen: Cordis

En un artículo publicado en la revista científica Demography, un equipo de investigadores alemanes pone en duda la creencia de que la maternidad a una edad avanzada implica hijos menos sanos cuando llegan a adultos por causas fisiológicas como la peor calidad de los oocitos o el debilitamiento de la placenta.

El estudio, basado en datos de 18 000 niños y sus madres de los Estados Unidos, fue coordinado por el investigador Mikko Myrskylä, del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica, sito en Rostock (Alemania).

Según sus indagaciones, los hijos de madres con edades entre los 35 y los 44 años al alumbramiento no poseen peor salud en edad adulta que los de madres que dieron a luz entre los 25 y los 34.

Cuanto más tarde decida una mujer tener descendencia, mayor es el riesgo de aborto espontáneo y la incidencia de afecciones como la trisomía 21, pero lo cierto es que, en términos generales, los niños nacidos cuando sus madres tenían 24 años de edad o menos presentan cifras más elevadas de afecciones diagnosticadas y obesidad adulta, y menor estatura y esperanza de vida.

El estudio señala que, cuanto más joven sea la madre al nacer el niño, más patologías presenta éste en edad adulta. Concretamente, los niños nacidos de madres con edades comprendidas en los 20 y los 24 sufren un 5 % más de enfermedades que los de madres de entre 25 y 34. El porcentaje se dispara hasta el 15 % en el caso de las madres de entre 14 y 19 años.

En palabras de Mikko Myrskylä: «Los datos [sugieren] que, lo que a primera vista parece un efecto negativo de la maternidad a edad avanzada, es una “ilusión” causada por el nivel de estudios de la madre y la edad a la que el hijo la pierde.»

Curiosamente, la relación entre la edad al alumbramiento y el nivel de estudios se ha invertido con el paso del tiempo. A principios del siglo XX, los padres con nivel de estudios bajo seguían teniendo descendencia a edades avanzadas, mientras que los padres con más formación tenían menos hijos a edades avanzadas. En cambio, según las estadísticas actuales sobre nivel educativo, a mayor nivel de la mujer, tanto más tarde decide procrear.

Este estudio ayudará a aplacar los temores sanitarios de una generación que tarda cada vez más en tener hijos.

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