La memoria en el aula

Tabla de multiplicar / Wikimedia

En capítulos anteriores se ha analizado el orden como el primer ingrediente para tutelar a los escolares bajo la confianza docente. El segundo de los objetivos para llevar con eficacia un aula es promover la memoria entre los estudiantes. Retener conocimientos y valores básicos permite barajarlos para luego construir análisis, razones y actitudes críticas. Sin memoria no hay conceptos y sin conceptos no existen argumentos.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

– Intentad pensar sin palabras, sin imágenes y sin conceptos – les digo a mis alumnos –  ¿y qué ocurre?

 

Que se quedan en blanco. Aún así un día me hallé en uno de esos cursos sobre la no memorización en clase. Estas sesiones son de obligada asistencia y el negarte da al traste con tu acorde relación con dirección y la política educativa estatal. Ellos promueven esos cursos y presionan para que vayan muchos docentes. En otro caso no se justificarían los impuestos destinados a ello y alguien podría criticarlo. Pues bien, durante ese curso obligado me dormía a falta de técnicas reales aplicables en el aula. De repente el formador, alguien que jamás había pisado una clase con escolares, sentenció la eliminación de la memorización como herramienta básica en el aprendizaje. Como un cohete mi cabeza se levantó de la fase onírica que gozaba. Aturdido por la declaración continué, ahora con atención, los argumentos de mi formador.

La creatividad y la imaginación siempre surgieron de la combinación y modificación de conceptos previos y aprendidos

<< Los escolares deben forjar sus conocimientos bajo la deducción propia y no con la retentiva, es decir, que los estudiantes no están en el colegio para aprender lo que saben los maestros sino que están en el centro para jugar a aprender a prender. Ahora los docentes no necesitáis saber tanto de vuestra especialidad, sólo debéis guiar a vuestros alumnos para que sepan por ellos mismos. Además el deber de un alumno ya no es esforzarse para entender lo explicado. No es necesario que éste aprenda lo que no sabe >>

Es decir, si aprender canciones, o poesías, estimula el recuerdo en la mente, ahora el alumno debería escribir y cantar hasta que por deducción, o por azar, redactara un soneto de Quevedo, así aprendiendo, aprendería, aunque desaprendiendo a desaprender. La neurobiología hace tiempo que ha demostrado que sin conceptos previos siempre resultó inviable deducir nuevas estrategias, ¿cómo se puede deducir el cálculo de una raíz cuadrada sin saber antes el concepto de potencia?

Ahora el alumno debería escribir y cantar hasta que por deducción, o por azar, redactara un soneto de Quevedo, así aprendiendo, aprendería

O pongamos por ejemplo que deseamos que nuestros hijos comprendan un texto. Para ello siempre se necesitaron dos cosas, la concentración en el aula y la memorización de las palabras necesarias. Ello implica fijar conceptos en la memoria y no convertirse en un artista bohemio y soñador. Claro que por falta de buena memoria los alumnos españoles presentaron los peores resultados de la UE en los informes PISA de 2000, 2003, 2006, 2009, 2012, 2015 y 2018. Ello no fue por falta de creatividad, sino por ausencia de concentración y léxico en las aulas, por ausencia de estudio y memoria.

La creatividad y la imaginación siempre surgieron de la combinación y modificación de conceptos previos y aprendidos. Isaac Asimov nos deleitó con su imaginación en muchas novelas pero no hay que olvidar que escribía con alto conocimiento de causa, era físico, y no por revelación divina sino por esfuerzo personal y adiestramiento universitario. Bach fue muy innovador pero partió de Vivaldi para así mejorarle, no sólo cambiarle. El filósofo francés André Comte-Sponville escribió lo siguiente al respecto.

<<Sólo mediante la trasmisión del pasado a los hijos les permitimos inventar su futuro>>

Vaya, que sin dominar toda la tradición anterior Bach jamás habría revolucionado la música moderna. La creatividad artística es algo propio de los humanos pero ésta no deviene innata. Necesitamos muchos conocimientos para poder pensar bien y desarrollar grandes avances. Para descubrir cosas nuevas hay que partir de otras aprendidas, ¿cómo si no pretenderíamos formar personas sólo con cabezas vacías?, ¿cómo avanzó sino la investigación?, ¿acaso cada teoría científica partía de cero sin tener en cuenta todas sus anteriores? Como decía el pedagogo George Steiner, la memoria siempre fue el marcapasos de la inteligencia.

Pensando en todo lo anterior, y sin medir las consecuencias, levanté la mano para intervenir en aquel curso obligado.

–          Quisiera saber si lo que dices implica que los alumnos NO necesitan aprender lo que un docente sabe explicarles con claridad, precisión y dominio – me miró extrañado y con confusión me arrojó lo siguiente.

–          Sólo deben reconstruir en su mente sus deducciones.

Pues aquello no casaba en absoluto con los datos científicos. La neurobiología ha demostrado que la memorización se fija en nuestras neuronas gracias a una sustancia que recubre el axón de estas células, la mielina. Ello se acelera a partir de los dos o tres años y progresa mejor a más esfuerzo mental del individuo. De hecho, y en invierno de 2008, el neurobiólogo Douglas Fields demostró que el cerebro humano adquiría mayor potencial de aprendizaje si desde pequeño uno se esforzaba. Ya desde el año 2005 existían trabajos de este autor en ese sentido.

La neurobiología ha demostrado que la memorización se fija en nuestras neuronas gracias a una sustancia que recubre el axón de estas células, la mielina

Durante mucho tiempo se había considerado que la sustancia blanca cerebral era menos útil que la gris, de ahí la falsa expresión que los humanos sólo utilizábamos una parte de todo nuestro potencial encefálico. Ahora, y como se ha demostrado, lo utilizamos todo. La sustancia gris del cerebro corresponde a cuerpos neuronales mientras que la blanca son axones recubiertos de mielina. Pues bien, cuando nacemos nuestras células cerebrales se hallan poco mielinizadas. El ritmo y crecimiento de esta sustancia alrededor de los axones influye en el aprendizaje, la memorización y la inteligencia. Lo más curioso del caso es que el recubrimiento de mielina es mayor en individuos que desde pequeños fueron estimulados y educados bajo el esfuerzo y la memorización. Es decir, la perseverancia, el orden y los límites desarrollan nuestra mente.

En este sentido los estudios del doctor Vincent J. Schmithorst del Hospital Infantil de Cincinnati hallaron una correlación directa entre el desarrollo cerebral, el cociente intelectual de los niños estudiados y su esfuerzo aplicado. Otras investigaciones ponen de manifiesto que los niños desatendidos por sus familias poseen un 17 por ciento menos de sustancia blanca que los bien atendidos. En resumen, que la experiencia influye en la mielinización, y esta en la inteligencia del individuo. Si queremos que un zagal alcance un nivel elevado de inteligencia, debe empezar a ejercitarla desde edades muy tempranas. El doctor Douglas Fields escribía lo siguiente en el número de abril de 2008 del Scientific American:

El cerebro que poseemos hoy, lo construimos al interaccionar con el entorno mientras crecemos y nuestras conexiones neuronales comienzan a mielinizarse.

También, y según el neurocientífico argentino Mariano Sigman, no hay ninguna transformación importante en nuestra mente que no sea con esfuerzo. Es decir, estudiando y memorizando es como aprende nuestro cerebro a aprender. Por tanto, la mielinización de las neuronas durante las etapas infantiles permite y crea la mejor capacidad de recordación en los humanos, algo que sin trabajo mental jamás alcanza niveles óptimos. Es más, sin esfuerzo estudiantil se debilitan las capacidades cognitivas y futuras del escolar, las neuronas no se mielinizan y el potencial memorístico queda malogrado por mucho que se juegue al aprender a aprender, al trabajo por proyectos o a la educación competencial. En fin, que un buen docente no es quien se lo da más fácil a sus alumnos sino quien los hace mejores.

Imagen de John Hain en Pixabay

Permítame otro chascarrillo sobre el esfuerzo y la memoria. En un curso sobre la reforma de los noventa me quejé al instructor sobre la rebaja de contenidos en los nuevos currículos escolares, vaya que se impartían menos conocimientos a los alumnos que antes. Él, enojado, me estampó lo siguiente:

–          No se han reducido los contenidos, sólo los hemos redistribuido – en mi mente sobrevino una respuesta.

–          No lo entiendo. Antes en octavo de EGB enseñaba la ecuación de segundo grado, ahora en la ESO debo hacerlo dos años más tarde, ¿es eso una redistribución o un retraso? Si un tren lleva un retraso de dos años dudo mucho que ningún usuario se le ocurra decir que se han redistribuido los horarios.

–          Ya veo. En el fondo eres un nostálgico de la EGB, del BUP y del COU.

–          Ser nostálgico no es nada malo. En todo caso, tu también eres un nostálgico educativo.

–          ¿De qué?

–          De la pedagogía itinerante de la República española. En los años treinta ya se había escrito lo que ahora llamáis reforma educativa. Eso no es innovación, es no democratizar una educación de calidad para todos.

Y la cosa terminó mal por dos razones. La primera es que ese formador desconocía la pedagogía itinerante de la República española. Y la segunda es que él, y sin saberlo, era un nostálgico de un pasado anterior al mío en donde su educación debía ser fácil, feliz y falaz. En fin, si un púber podía resolver ecuaciones de segundo grado a los 14 años en el sistema anterior, ¿por qué razón debía hacerlo a los 16 en la ESO? ¿No era eso estafarle al no explotar sus posibilidades? ¿Se le estaba formando o deformando? Un escolar desarrolla sus capacidades en función de lo que se le exige, no en lo que se le engaña.

Volviendo al tema de la no memorización, un día hallé otro ejemplo demoledor. Me contaba un profesor de secundaria en Vic, y padre de tres hijos, que un día su zagal de diez años le preguntó:

–          Papá , ¿cuánto hacen 6×3? – el padre quedó aturdido y le respondió.

–          Esto, a tu edad, ya lo deberías saber. Y si no lo sabes búscalo en la tabla de multiplicar.

–          Pero papá, ¿qué es eso de la tabla de multiplicar?

–          ¿Qué? – mirándole el padre con mala cara.

–          Que no sé que es eso de la tabla.

–          ¡No te rías de mi que la cosa acabará mal!

–          Papá – riéndose con nerviosismo el chaval -, que no sé qué es eso de la tabla.

El padre se sulfuró al ver que su hijo le contaba mentiras y le anunció que al día siguiente iría a ver a la directora de su escuela. Por la mañana el padre pidió entrevista con la directora quien lo recibió amablemente. Ésta, y escuchados los hechos respondió al padre:

–          Evidentemente que no les enseñamos las tablas de multiplicar.

–          ¿Cómo?

–          Es que en esta escuela no se enseñan las tablas.

–          Pero entonces, ¿cómo aprenden los alumnos a multiplicar?

–          Pero, ¿tú no eres profesor?

–          – así era.

–          Pues, ¿en qué mundo vives? Nosotros les enseñamos a manejar la calculadora, de multiplicar ya se encarga la máquina.

El padre se levantó, le dio las gracias a la directora y se largó para meditar lo que había escuchado. Ya en un bar, y ante un cremoso café, fue dándose cuenta de lo que ocurría. Mientras sorbía el torrefacto fue percatándose que el hecho de no enseñar las tablas de multiplicar no era un simple descuido o falta de cuidado por parte del centro. En realidad, y una vez más, los cursos de la no memorización habían calado fondo en el sistema educativo.

Hecho el último sorbo de la taza la decisión fue tomada, sus hijos, tenía más en esa escuela, cambiarían de centro lo antes posible. Al cabo de dos meses sus tres hijos, y los de dieciséis familias al curso siguiente, fueron escolarizados en otro centro no tan moderno. La política nacional seguía ciega a la realidad educativa.

Siguen existiendo expertos que todavía insisten en la no memorización como innovación educativa

A pesar de todo lo anterior siguen existiendo expertos que todavía insisten en la no memorización como innovación educativa. Desgraciadamente poco tiene de innovador ésta ya que fue planteada a principios del siglo XX por John Dewey, posteriormente introducida por escuela de La República en los treinta, reflejada en la escuela franquista en los sesenta (ministerio de Villar Palasí), y hoy en día escrita en nuestras leyes educativas (LOE del 2007 hasta la LOMLOE de 2020). En fin, que la no memorización lleva tiempo entre nosotros, y claro está, sea de la izquierda o de la derecha, muchos no se acuerdan.

¿Pero quién defiende la no memorización? El viernes 21 de febrero de 2014 en el canal público de Radio Televisión Española, RTVE2, se emitió un debate educativo al respecto. Sólo mi estimado Alberto Royo, profesor de secundaria en Navarra, dijo cosas coherentes y reales gracias a su experiencia docente. Los otros dos invitados hablaron de la no memorización sin argumentos reales, sólo opiniones de opiniones prohibiendo la retentiva entre nuestros estudiantes.

Imagen de DarkmoonArt_de en Pixabay

Sebastián Barajas, licenciado en Económicas, defendía que si pasaran un examen de física a los docentes de humanísticas éstos lo suspenderían ya que fueron conocimientos innecesarios que no debieron memorizar en su pasado. Pues claro que suspenderían un examen así, pero antes de decidir qué querían ser, tuvieron que memorizar algunos conocimientos para poder elegir con libertad qué querían estudiar o aprender profesionalmente. Yo soy geólogo y ya no me acuerdo como leer un pentagrama, pero pude elegir entre música y ciencias al saber algo de las dos. La verdad os hará libres, dijo un profeta. De todas formas este economista insistía que para hacer una paella, o pasar el examen de conducir, no hace falta memorizar cosas, sólo practicarlas, algo que paradójicamente conlleva conocimientos memorizados durante mucho tiempo, como saber leer un manual, comprenderlo ampliamente o hasta calcular las proporciones de los ingredientes, todo ello memorizado en el colegio bajo gramática, sintaxis y matemáticas. Este economista no se daba cuenta que para conducir o cocinar estaba hablando de adultos con conocimientos previos y no de niños que todavía no saben lo que los adultos les pueden enseñar.

La otra tertuliana tenía más miga. María Acaso, investigadora de ciencias de la educación de la Complutense de Madrid, defendía que los docentes no deben dominar ampliamente su especialidad, que los niños ya saben, y que por tanto no deben memorizar. Los niños saben ya que tienen muchos datos por las redes, pero eso no son conocimientos, son aludes de información que el zagal no sabe contrastar ni seleccionar todavía. También defendía esta investigadora en educación que para enseñar a los alumnos hay que ser colegas de los estudiantes y comer con ellos el bocadillo, ¿y no chivarse a los padres si lo tiran a la papelera? Pero lo más falaz era que el aula debía ser una metáfora de lo que ocurre fuera de la misma, ¿guerras incluidas? ¿Y no sería mejor que la escuela no emule la sociedad sino que mejore su futuro? Dando la razón a Acaso la educación se rendiría ante los defectos de la humanidad.

En fin, ¿qué pintaban en aquel debate de RTVE2 un economista y una artista frente a un solo profesional en la docencia? Pero lo más flagrante fue que estos tertulianos sólo supieron INTERRUMPIR continuamente, que no desargumentar, al profesor Alberto Royo. Si tanta educación predicaban y defendían, ¿cómo no la supieron demostrar? Fue obvio que la televisión pública, y que todos pagamos, seleccionó mal a dos de los tres tertulianos. Y en ello Sebastián Barajas escribió a El País para quejarse de mi opinión al respecto de ese debate. Eso sí, sin ningún argumento o hecho a mis conclusiones en prensa, sólo desagravios y enfados. La política educativa posee muchos tertulianos teóricos pero pocos docentes doctos.

Vista la no memorización impuesta por estos expertos resulta obvio que haya muchos nuevos maestros que no dominen su disciplina

Vista la no memorización impuesta por estos expertos resulta obvio que haya muchos nuevos maestros que no dominen su disciplina. Por ejemplo muchos de matemáticas no saben la tabla de multiplicar dándole a la calculadora ante los alumnos. Ese maestro desconoce que gran parte del fracaso académico en materias de ciencias y tecnología es la falta de práctica en cálculo mental, algo que sólo se puede potenciar de una sola forma, ejercitando el cerebro y no las teclas de una calculadora.

Recuerden que memorizar es fundamental para entrenar y generar una mente maravillosa, pero sobre todo mielinizada. Por desgracia ese contraste entre defensores de la calculadora en edades muy tempranas y detractores de tal práctica ha implicado situaciones del todo absurdas. En un centro de Cerdanyola, cerca de Barcelona, me topé con una experta educativa. Yo por aquel entonces impartía matemáticas entre los chavales. Durante una reunión de profesores la asesora pedagógica nos preguntó como potenciábamos el cálculo mental entre los estudiantes. Yo, como profesor de matemáticas, me sentí aludido, y respondí.

–          Pues sin usar la calculadora en clase. Además les enseño a computar raíces cuadradas a mano para ejercitar las cuatro operaciones básicas, la suma, la resta, la multiplicación y la división – la asesora pedagógica me miró con desprecio y escupió lo siguiente:

–          Para computar raíces cuadradas ya existen las calculadoras – a lo que de inmediato le respondí.

–          Y para sumar y restar también. Así convertiremos a los alumnos en máquinas del futuro.

Fue entonces cuando la asesora pedagógica se convirtió en un auténtico Terminator, el malo de la primera parte, y me dio a entender que mejor me callara. Sayonara babe al de mates y a su raíz cuadrada. Esta asesora argumentaba que para potenciar el cálculo mental era muy útil utilizar la calculadora a los once años para comprobar los resultados en cada ejercicio, ¿y cómo sabemos que el rapaz no había utilizado a escondidas la maquinita para realizar ya el primer cálculo? Con más de treinta alumnos por grupo, cualquiera sabe. Hay que admitir que este aparato resulta útil en cursos elevados, pero en primaria y primer ciclo de la ESO parece poco aconsejable pretender facilitar el cálculo mental potenciando el uso de la calculadora en el aula. De hecho, y gracias a nuestra mente se han diseñado y fabricado los chips y con ellos las calculadoras. Hacerlo al revés significaría esperar que un ordenador ejerciera de docente, y que yo sepa, todavía no estoy en el paro, aunque si mantuviera siempre mis convicciones podría ocurrir que la asesora pedagógica recomendara mi traslado.

Sólo con firmes nociones en la mente se pueden desarrollar grandes síntesis y construir con ellas teorías válidas y ciertas

En fin, que si se prima la calculadora para potenciar el cálculo mental, algo falla en nuestra educación y memoria. Sólo con firmes nociones en la mente se pueden desarrollar grandes síntesis y construir con ellas teorías válidas y ciertas. Este es otro factor, que ya propuse hace unas páginas, para llevar con éxito una educación estatal con éxito. La síntesis y la relación de conceptos nos esperan.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Democracia en el aula (9)

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