El conocimiento de la tecnología que subyace en cualquier producción musical, bien en la interpretación en directo de la música o en su grabación y reproducción, proporciona un nuevo enfoque desde el que apreciar y valorar la música.

Música y tecnología: historia de una relación feliz

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Más allá de la perspectiva de un mero aficionado, es posible aproximarse a la música desde distintas posiciones. Alfredo Sanz Hervás, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) imparte “Ingeniería de la Música” en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación, entre otras asignaturas de Libre Elección.

Imagen: Wikipedia

Desde ese conocimiento explica que “como ingenieros disfrutamos de una posición privilegiada para comprender y analizar la larga y fructífera conexión entre la música y la tecnología. Además, podemos también aportar nuestro conocimiento y creatividad para enriquecer dicha relación”. En el siguiente texto nos hace ver que “la música tiene una capacidad universal de provocar emociones a quien se deje seducir por ella”.

Existen músicas más accesibles que otras, pero no por ello menos atrayentes o evocadoras. Más allá de la perspectiva de un mero aficionado, es posible aproximarse a la música desde distintas posiciones. Una pieza para teclado de Bach ofrece una lectura distinta para un simple melómano que para un músico capaz de desentrañar el misterio armónico de sus acordes y contrapunto.

Una ópera de Verdi o Wagner impresiona por su grandeza tanto al oyente ocasional como al musicólogo; pero éste es capaz, además, de entenderla en su contexto artístico e histórico, con lo que alcanza una dimensión aún mayor.

De la misma forma, el conocimiento de la tecnología que subyace en cualquier producción musical, bien en la interpretación en directo de la música o en su grabación y reproducción, proporciona un nuevo enfoque desde el que apreciar y valorar la música.

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La evolución de los instrumentos musicales, una lección magistral

La tecnología ha estado asociada a la música desde su origen, aun de forma inconsciente o imprevista. La evolución de los instrumentos musicales es una lección magistral de ciencia de los materiales e ingeniería.

La construcción de un órgano de tubos, instrumento rey de la antigüedad, sigue siendo un reto tecnológico hoy en día. La arquitectura ha mantenido una relación de amor y odio con la música. Los cantos litúrgicos, como el Gregoriano, monódicos por naturaleza, lograban una sensación de polifonía gracias a las largas reverberaciones de los templos donde se practicaban. Esa misma reverberación puede ser una pesadilla para el técnico de sonido actual, en una sala mal acondicionada acústicamente, durante la actuación de un grupo de música pop.

Es, no obstante, a finales del siglo XIX con la invención de los sistemas de grabación y reproducción de sonido por parte de los Edison, Berliner, etc. que música y tecnología se convierten en un binomio inseparable. A partir de ese momento, ya no era necesario ser un afortunado ciudadano de clase media-alta en una ciudad con un teatro acondicionado para la música para poder escuchar las grandes obras de la tradición musical interpretadas por buenas orquestas. El fonógrafo y el gramófono, junto con la radio más tarde en los años 20 del siglo XX, democratizaban la música y la ponían al alcance de cualquier familia, incluso modesta.

Otra consecuencia afortunada de la relación entre música y tecnología fue la invención de los instrumentos electrófonos, es decir, aquellos cuyo sonido se obtiene gracias a un altavoz. Engendrados demasiado tarde para su integración en la tradición clasicista o romántica, apenas un puñado de compositores de la primera mitad del siglo XX (Messiaen, Martinů, etc.) llegan a integrarlos en sus orquestas, con el ondes Martenot como exponente más destacado.

A pesar de la fascinación que algunos de ellos provocaban en las audiencias (como el theremin, el instrumento que se toca “agitando” las manos en el aire), es el más modesto de ellos, la guitarra eléctrica, el que se convertiría en el nuevo instrumento rey (con el permiso del piano, claro…). Inventada inicialmente para que los discretos guitarristas, relegados a la tercera fila en las bandas de swing de los años 20-30, dominadas por los metales, pudieran hacer oír sus tímidos rasgueos, terminó convirtiéndose en la poderosa herramienta de los músicos de pop a partir de los años 50. HendrixClaptonPage crearon el rock de los grandes auditorios al aire libre, donde el avance de los sistemas de amplificación permitía transmitir su mensaje de revolución y rebeldía a multitudes de jóvenes.

Otro electrófono, el sintetizador, fue gestado en los años 60 por ingenieros (Moog,Buchla) próximos a las vanguardias musicales de EE.UU y Europa. El sintetizador pronto abandonó el avant garde para alcanzar todos los géneros musicales, convirtiéndose en el instrumento musical ubicuo de la actualidad.

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La locura bélica y la evolución de la grabación del sonido

Los medios de grabación y reproducción de sonido experimentaron una evolución tan frenética como la de todas las disciplinas científicas del siglo XX, impulsadas en gran medida (nadie es perfecto) por la locura bélica. Si al principio del cine sonoro se experimentaba con discos sincronizados con la imagen para reproducir el sonido, pronto se desarrolló la “banda sonora” óptica que aseguraba el sincronismo.

En paralelo se desarrollaba la grabación en cinta magnética, que en los años 50 dio lugar al nacimiento de la musique concrète deSchaeffer y otras músicas electrónicas de vanguardia (StockhausenLouisBebe Barron, etc.). Otros pioneros (Les Paul) demostraron las posibilidades de la grabación multipista, pero no fueron los “ismos” los que se beneficiaron del nuevo juguete, sino los siempre atentos músicos pop.

A partir de los 60, los más osados (Zappa) convirtieron el estudio de grabación en un “instrumento más”, produciendo obras revolucionarias como Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) de The BeatlesThe dark side of the moon (1973) de Pink Floyd. Con la miniaturización de la electrónica y la explosión del ordenador personal ya era posible dotar a los sintetizadores de la capacidad de “expresarse” de forma automática.

MIDI era el acrónimo de referencia entre los músicos de los años 80, cuando, tomando prestadas ideas de pioneros del pop electrónico como Kraftwerk, algunos productores conectaron entre sí sus sintetizadores y transformaron el viejo soul afroamericano en la nueva música disco, donde la recientemente fallecida Donna Summer tuvo un refulgente brillo. Otra luminaria, Michael Jackson, con su talento y carisma universales, transformó el videoclip de mera curiosidad a soporte de la nueva música pop, retransmitida hasta el hartazgo por las poderosas televisiones de pago estadounidenses.

La última revolución tecnológica estaba a la vuelta de la esquina. En los 70 algunas discográficas especializadas en música clásica empezaron a grabar utilizando la nueva tecnología digital. Poco después nacía el CD, el soporte perfecto para la nueva tecnología, “sin ruido de fondo”, con un margen dinámico semejante al de la audición humana.

Ahora los tutti de la orquesta sinfónica o el pianissimo del arpa serían recogidos con óptima fidelidad. Nació el debate entre el vinilo y el CD, que continua hoy, con argumentos y contraargumentos que a veces poco tenían que ver con lo racional. Polémicas aparte, la nueva tecnología digital, aliada con el PC, hizo que los costes de producción de música descendieran abruptamente.

Hoy en día un músico puede grabar su música en casa con una calidad razonable, con muchas de las posibilidades de edición y ajuste de sonido que antes sólo eran posibles en los mejores estudios de grabación del mundo. La distribución, legal o no, de música por Internet ha supuesto un cambio radical en la aproximación del potencial cliente a la música grabada, cuyas consecuencias, acentuadas por la crisis económica, son difíciles de aventurar, pero no parecen felices para las compañías discográficas tradicionales”.

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Alfredo Sanz Hervás

De todas estas cosas y alguna más trata la docencia puesta en marcha por el profesor Alfredo Sanz Hervás desde 2003 en el Departamento de Tecnología Electrónica, en la ETSI de  Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

Las asignaturas de Libre Elección “Ingeniería de la Música” y “Taller de Ingeniería de la Música”, junto con la asignatura de Máster “Tecnologías de la Producción Musical” que imparte el Departamento, intentan proporcionar formación en la relación entre música y tecnología.

Se cuenta con un laboratorio de producción musical donde los alumnos aprenden técnicas de producción y graban sus propias maquetas. Con el mismo objetivo formativo, se han realizado varios Proyectos Fin de Carrera y se han editado varios proyectos discográficos con músicos profesionales.

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