El líder de Ciudadanos, Albert Rivera / Imagen: Wikimedia

C’s: Educación Trending Topic

 

Xavier Massó_editedXavier Massó / x.masso@catalunyavanguardista.com

C’s, o sea «CIUDADANOS», acaba de lanzar su programa educativo. Ahora ya nadie les podrá decir que no lo tienen ni que, en este, como en tantos otros temas, se mueven en la vaguedad o en la indefinición del oportunismo. Otra cosa muy distinta es que tal programa educativo merezca tal nombre. ¿Pero eso a quién le importa? Aquí lo importante es tener unos legajos a los que agarrarse.

A uno, docente ya veterano y que por razones sindicales ha tenido el dudoso privilegio de haber tratado con responsables políticos educativos de las más variopintas formaciones, lo que más le sorprende es la contrastada capacidad para plagiar tópicos que parecen tener los programas educativos de la práctica totalidad de las formaciones políticas. Y el engolamiento con que hacen gala de sus nuevas viejas recetas después de la conversión a la verdad pedagógica; una conversión que acostumbra a correr pareja con la ampliación de sus expectativas electorales. Pasará sin duda también en otros ámbitos, como en el de los programas económicos y sus recetas contra el paro, pero en el educativo es, a mi parecer, particularmente llamativo. Hay, por lo visto, un paradigma educativo hegemónico, al que todo el mundo ha de amoldarse a poco que se convierta en un posible partido de poder o, como mínimo, en suficientemente relevante como para poder influir en las políticas educativas. No parece librarse nadie.

La sensación que se experimenta al leer los programas educativos de cualesquiera partidos es un déjà vu plagado de tópicos plagiados

En realidad, y con la excepción de los campos de batalla consensuados desde siempre para el debate educativo, que son el tema de la religión –la católica, no la musulmana- en el debate derecha/izquierda, y el de la lengua que se traen entre el nacionalismo centrípeto y los centrífugos, la sensación que se experimenta al leer los programas educativos de cualesquiera partidos es un déjà vu plagado de tópicos plagiados que inevitablemente remiten al discurso pedagocrático ad usum del que, por lo visto, nadie puede ni quiere zafarse. La verdad, uno ya lo ha dado por imposible. Hace años, un grupo de asociaciones y sindicatos de profesores publicamos un manifiesto que titulamos «Por una vuelta al sentido común en Enseñanza». Hoy, el sentido común educativo sigue siendo el menos común de los sentidos. Pero volvamos al flamante programa educativo de C’s.

No entraré en los muchos tópicos y ligerezas en que incurre dicho programa, entre otras razones porque no son ninguna novedad; están en los programas educativos del resto de partidos: que si la inteligencia emocional, que si la formación de los docentes, que si la flexibilización del currículo, que si su adaptación personalizada, que si el MIR docente, que si el director del centro ha de poder elegir al personal docente, que el problema es la cultura memorística, que si lo que se enseña al alumnado no «interesa»… en fin, toda una jerga retórica proferida con voz de falsete, la vacuidad de cuyas recetas sólo es comparable a la contumaz obcecación en perseverar contra viento y marea, a pesar de los reiterados fracasos que cosecha. Un hermetismo acrítico, en definitiva, ajeno a cualquier contrastación. Hablar de «innovación» no es hoy nada innovador, sino el mantra bajo el cual nos están vendiendo puro artificio, lucrativo, eso sí, para el vendedor.

Lo más espectacular del programa C’s es la propuesta para acabar con las repeticiones de curso

Pero lo más espectacular del programa C’s es la propuesta para acabar con las repeticiones de curso; no por nueva, ya es en realidad más vieja que Matusalén, sino por la «simpática» desfachatez con que nos la venden, y el «impecable» razonamiento que la ampara. La repetición de curso, nos dicen Albert Rivera y su edecán Garicano, suele ser causa de fracaso escolar. La solución, pues, parece evidente: acabar con la repetición de curso por el procedimiento de proscribirla. Genial metonimia.

Más allá del hecho que la repetición de curso es hoy una práctica harto inusual, y más allá también de que Rivera y su troupe no estén acaso al corriente de ello, la duda que a uno le asalta es si son conscientes de estar incurriendo en una metonimia de manual, o si, por el contrario, es constitutiva de su discurso y, por lo tanto, son incapaces de detectarla. Porque si es lo primero, son unos cínicos; si lo segundo, unos orates.

Porque no es lo mismo no entender que no poder entender o no querer entender. La estigmatizada repetición de curso es, en todo caso y con independencia de la opinión que nos merezca, un síntoma o manifestación de un posible fracaso escolar, y acaso su remedio, pero nunca su causa, que habría que buscar en factores lógica y cronológicamente anteriores. Así las cosas, es cierto que el que repite curso puede que esté en mayor riesgo de fracaso escolar que el que no repite, aunque no necesariamente, porque dependerá en todo caso del aprovechamiento que se haga de la segunda oportunidad que es la posibilidad de repetir.

Cierto, la repetición de curso no es una receta infalible contra el fracaso escolar, es sólo una segunda oportunidad. Lo que sí en cambio parece más bien abocar al fracaso escolar es promocionar de curso a alguien que, sin haber entendido qué es una raíz cuadrada, se las tenga que ver en el curso siguiente con el teorema de Pitágoras o con ecuaciones de segundo grado. Sin haber consolidado unos determinados conocimientos, no se puede acceder a otros más complejos. Esto es así desde que el mundo es mundo. Digan lo que digan los pedagogos o el sursuncorda. Pero esto no cae simpático, y hay que ser fashion

Si no te llevas bien con las raíces cuadradas, no hay problema, las quitamos de tu currículo

Pero hay soluciones para todo, es lo que tienen los constructos ficticios. En este caso, la adaptación personalizada del currículo. Dicho en otras palabras, si no te llevas bien con las raíces cuadradas, no hay problema, las quitamos de tu currículo. Así no fracasa nadie y éxito garantizado. Eso sí, luego, las quejas al maestro armero.

A modo de conclusión, el modelo es el siguiente. Se prohíbe la repetición de curso porque es causa de fracaso escolar; promoción automática, pues, de curso. Y si resulta que el alumno no alcanza, pues se le jibariza el currículo de tal manera que no se le imparta lo que no entienda o no le interese. Y santas pascuas. Y al que diga que las cosas no son así, que esto es una estafa académica y social o, sin más, una agresión de clase, se le replica que es un anticuado y hasta un sádico que se complace en martirizar al alumnado con cosas que no son de su interés.

Porque, claro, visto así, la pregunta ya sólo se puede plantear en los términos previa y capciosamente establecidos desde el propio discurso: ¿Es usted partidario de la repetición de curso? Así, sin más. ¿Y quién dirá que no?

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