Por la imagen de los soldados con claveles en el cañón de sus fusiles, se la llamó la «Revolución de los Claveles» / Imagen:  Oporto, 25 de Abril de 1983. Autor: I, Henrique Matos (Wikimedia)

Tal día como hoy… 25 de abril de 1974, comenzaba la «Revolución de los Claveles»

.

El 25 de abril de 1974, a las 00:25h, la emisora portuguesa Rádio Renascença transmitía la canción «Grândola, Vila Morena», era la señal para la revolución que liquidaría en un día a la dictadura más antigua del occidente europeo. Por la imagen de los soldados con claveles en el cañón de sus fusiles, se la llamó la «Revolución de los Claveles».

.

CV / Portugal era un país atrasado, controlado por un puñado de familias. Poseía también el último imperio colonial. Desde 1932 vivía bajo una dictadura, ideada por un civil, Oliveira Salazar (1889-1970), y sostenida por un militarismo endogámico de corte filofascista. Tras la retirada de Salazar, la dictadura pervivió con la misma estructura, pero cada vez más agobiada por las guerras coloniales en sus posesiones africanas. Con una población de apenas 9 millones, llevaba años manteniendo un ejército de 650.000 hombres para sostener un imperio en guerra de más de 2.000.000 km2. Una desproporción insostenible que arruinaba al país en todos los aspectos.

Portugal era un país atrasado, controlado por un puñado de familias. Poseía también el último imperio colonial, aunque tampoco su mantenimiento era una cuestión de vida o muerte

Tampoco es que para Portugal el mantenimiento de las colonias fuera una cuestión de vida o muerte. Sus beneficios no llegaban sino en forma de propinas a la oligarquía. El paraguas británico había cedido el paso a las multinacionales y, encima, el colonialismo no estaba de moda. Los nuevos dueños del mundo preferían tratar directamente con los líderes autóctonos, más manejables, baratos y remocionables. En resumen, ya nadie precisaba del capataz portugués.

El ritmo de las guerras coloniales había ido en aumento en los últimos años en Angola, Mozambique y Guinea. El país vivía en una situación de movilización general permanente, siempre con las debidas precauciones para que los más adinerados se evitaran tener que ir a pegar tiros al África durante cuatro o cinco años; por ejemplo, adquiriendo el carnet de la marina mercante, aunque solo navegaran en yate de lujo por Estoril.

El descontento creciente de la población corría parejo al incremento de la represión, y la situación parecía controlada por la temible PIDE, la policía política. Pero como a toda dictadura, a la portuguesa le era también aplicable aquel viejo principio que Séneca le había formulado a Nerón: “Por más que mates, no encontrarás entre ellos a tu sucesor”.

.

El fin de la dictadura y ‘Capitanes de Abril’

La caída de la dictadura vino precisamente de uno de sus principales sostenes: el ejército. Un ejército es una estructura piramidal, y un ejército con las enormes necesidades de movilización del portugués, tuvo que recurrir a oficialidad de complemento de extracción civil universitaria. Esto, lógicamente, supuso la introducción en las fuerzas armadas de una mentalidad más moderna y crítica con la situación. En otras palabras, cada vez había más oficiales demócratas y de izquierdas.

Pocas semanas antes del 25 de abril, un condecorado general, Antonio de Spínola, publicaba ‘Portugal y el futuro’, un libro en el que se mostraba partidario de abandonar las colonias y de evolucionar hacia la democracia. Fue detenido, pero la revolución ya estaba en marcha.

Las fuerzas armadas viraban hacia una mentalidad más moderna y crítica con la situación. En otras palabras, cada vez había más oficiales demócratas y de izquierdas

Tras sonar la canción «Grândola, Vila Morena» por la radio, las unidades del ejército comprometidas siguieron las instrucciones del mayor Otelo Saraiva de Carvalho (1936), desde el puesto de mando del MFA –Movimiento de las Fuerzas Armadas-. Y la dictadura se derrumbó como un castillo de naipes. Se ocuparon puertos, aeropuertos e instituciones gubernamentales. La población civil empezó a salir a la calle confraternizando con los militares sublevados. A las 09:00h, todos los puntos clave del país estaban controlados.

A las 17:45h.  el dictador Marcelo Cayetano se rendía ante el general Spínola. Solo resistió la PIDE, causando las cuatro víctimas mortales de la jornada al disparar desde su cuartel contra civiles desarmados. Fueron neutralizados y detenidos por el ejército.

Uno de los mejores ejemplos del ambiente festivo y algo ingenuo que presidió la jornada lo aportó María Medeiros en su excelente película ‘Capitanes de Abril’ (2000). Una columna de tanques al mando del capitán Salgueiro Maia (1944-1992) avanza de madrugada por Lisboa. De repente, la columna se detiene. Maia envía a un soldado para que averigüe el motivo, y resulta que era un semáforo en rojo. El capitán corre hacia la vanguardia y le grita al soldado: “¡Pero hombre! ¡Que estamos en una revolución! ¡tire adelante, es una orden!”

Horas antes. Maia había convocado a sus tropas en la Escuela de Caballería de Santarém y les había dirigido en tono sereno el siguiente alegato:

Señores míos, como todos saben hay diversas modalidades de Estado. Los estados sociales, los corporativos y el estado al que hemos llegado. De forma que, quien quiera venir conmigo, vamos para Lisboa y acabemos con esto. Quien sea voluntario, que salga y forme. Quien no quiera salir, se queda aquí”.

240 hombres estaban formando, y 240 partieron hacia Lisboa para acabar con la dictadura. Portugal fue una fiesta.

.

También un 25 de abril se cumplen estas otras efemérides

.

.

Share