España, Sociedad Limitada

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Eva Serra_1_editedEva Serra e.serra@catalunyavanguardista.com

Tomen nota muchos políticos y muchos grandes, los de trona y los advenedizos. Dimitir, abdicar en el caso de un monarca, es un acto de grandeza. Cuando las cosas van mal, como en el caso de la Zarzuela, la renuncia es el mayor aliado de la dignidad y en términos políticos de la inteligencia.

El Rey ha pronunciado frente a la opinión pública el mensaje de abdicación. Lo ha hecho, según ha expresado el monarca, bajo una secular emoción donde no ha faltado la referencia a su padre, el Conde de Barcelona. Ha mostrado su orgullo y gratitud hacia todos los españoles, apuntando como correspondía al momento de crisis que padecemos y a las limitaciones de nuestra sociedad, unas barreras que no impiden por ello afirmar con contundencia a quien ha sido nuestro Rey que “somos una gran nación”. Tras un mensaje apropiadamente optimista el todavía monarca se ha referido a un nuevo tiempo de reformas y transformaciones, encarnadas en la juventud, un relevo plasmado en la sucesión de su hijo Felipe, formado, con experiencia y que cuenta con el apoyo de la Princesa Letizia. Gratitud a la Reina Sofía y gratitud a los poderes públicos e instituciones del Estado. El Rey lo ha hecho con secular emoción.

En los recientes últimos tiempos hemos asistido a dos renuncias significativas sobre dos grandes instituciones: la monarquía (ya experimentada en Holanda o Bélgica) y la iglesia, con la renuncia de Ratzinger anunciada también por sorpresa en febrero de 2013. “Gracias, gracias de corazón. Gracias por vuestra amistad y vuestro afecto (…). No soy más el Sumo Pontífice de la Iglesia. A partir de las 20:00 horas, seré simplemente un peregrino que continúa su peregrinaje sobre la Tierra y afronta la etapa final. (…) Gracias y buenas noches”. Era el mismo Papa que en su tercera Encíclica, firmada en 2009 había denunciado los problemas originados por la crisis financiera, la falta de instituciones internacionales con capacidad para reformar la ineficacia burocrática y la falta de ética. Dimitió.

Esta Sociedad Limitada late hoy en un momento donde las fracturas político-sociales están a flor de piel, cuando la Curia del norte amenaza la estabilidad institucional y cuando las estructuras tradicionales parecen tambalearse ya sea en la monarquía como en las Cortes pero aquí nadie, excepto el Papa y el Rey dimiten. Ante tal panorama es inevitable recordar las palabras de San Juan:

“Después de haber comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?

Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo.
Él le dijo: Apacienta mis corderos.
Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas ?
Pedro le respondió: Sí Señor, tú sabes que te amo.
Le dijo: Pastorea mis ovejas.
Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás. ¿Me amas?
Pedro se entristeció de que le dijese por tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amo.

Jesús le dijo: Apacienta a mis ovejas”

Las ovejas están impacientes y probablemente la abdicación de Juan Carlos I haya despertado al lobo secular, ese que será capaz de redimir al rebaño guiándole por nuevos prados donde alimentar sus emociones y preservar sus corrupciones. Es interesante bucear por Twitter para comprobar la fauna sociológica de nuestro rebaño donde algunos jóvenes pastorcillos casi se atribuyen el mérito del abandono del monarca y así construyen un atisbo de luz en sus proyecciones personales.

La religión, en cualquiera de sus manifestaciones –místicas o laicas- sigue incrustada en nuestro acerbo cultural. La rendición incondicional a los discursos vehiculados y desprovistos de pensamiento crítico o libre, como quiera llamarse, es una triste réplica de las palabras de San Juan, ya sean frente a Simón Pedro, frente al Rey o frente a los falsos profetas que salpican las tertulias televisivas. Lo realmente constatable es que estamos sumergidos en una profunda crisis que no conoce ni reconoce a sus verdaderos responsables y que aquí nadie dimite, salvo el Papa o el Rey. Sirvan pues de ejemplo para la Curia o el Sacerdocio.

 

 

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