El incremento del CO2 empobrece el contenido nutricional de los alimentos

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El arroz, el maíz, la soja y el trigo son la fuente principal de nutrientes para más de dos mil millones de personas residentes en países pobres. Con el cambio climático y el incremento del CO2 en el aire que respiramos, el valor nutricional de estos alimentos (ya de por sí bajo en comparación con la carne, por ejemplo) no hará sino decrecer. 

Según un estudio publicado esta semana en Nature, las emisiones de dióxido de carbono están empobreciendo lentamente el contenido nutricional de los alimentos de primera necesidad en el mundo. Se prevé que, de ahora a 2050, disminuya la concentración de nutrientes como el hierro y el cinc y también de proteínas en el trigo, el maíz, la soja y el arroz. 

Wikipedia

Burbujas de dióxido de carbono en una bebeida / Wikipedia

 

«Hemos observado que la subida del CO2 está afectando a la nutrición humana al rebajar la concentración de nutrientes muy importantes en cultivos alimentarios de gran relevancia», afirmó el profesor Samuel Myers de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, primer firmante del artículo mencionado. «Desde el punto de vista de la salud, el hierro y el cinc poseen una importancia inmensa». Cerca de un tercio de la población mundial sufre ya deficiencias de estos dos nutrientes y, según este nuevo estudio, el incremento del nivel de CO2 no hará sino empeorar esa cifra. 

Para llegar a estas conclusiones, el equipo investigador comparó la concentración de nutrientes en cultivos expuestos al nivel ambiental de CO2 (que a la sazón era de entre 380 y 390 partes por millón) con la concentración en cultivos expuestos a un nivel de CO2 más elevado, equivalente al previsto para 2050. A fin de evitar interferencias causadas por la variabilidad de las condiciones de crecimiento, se analizaron cuarenta y una cepas distintas cultivadas en siete emplazamientos repartidos por tres continentes. 

A causa de cierto mecanismo biológico sin identificar, el trigo cultivado con una concentración elevada de CO2 presentó un 9 % menos de cinc, un 5 % menos de hierro y un 6 % menos de proteínas. En el arroz, los descensos registrados fueron del 3 %, el 5 % y el 8 %, respectivamente. Se observaron reducciones similares en el maíz y la soja, aunque en ésta última no hubo pérdida de proteínas al tratarse de una legumbre. 

Las consecuencias para la salud humana de la disminución de proteínas no están tan claras como en el caso de la disminución de hierro y cinc. Myers aseguró que este hecho podría, a la larga, incrementar la incidencia del síndrome metabólico, la diabetes, las enfermedades cardiacas y los accidentes cerebrovasculares. 

¿Bastaría con que las poblaciones afectadas consumieran mayor cantidad de los citados alimentos de primera necesidad para ingerir el hierro y el cinc que precisan sus organismos? Según Myers, no, y recordó la necesidad que ya existe hoy día de doblar la producción de alimentos de aquí a 2050 para atender la demanda que impone el crecimiento demográfico. Algunas de las variedades utilizadas en la investigación arrojaron resultados más positivos que otras, pero los programas de mejora genética centrados en esas características «tampoco serán la panacea, por muchas razones, como la asequibilidad económica de las semillas mejoradas y la multiplicidad de criterios aplicados por los agricultores en sus decisiones relativas a lo que plantan, donde entran en juego el sabor, el valor comercial, los requisitos del cultivo y la productividad», destacó. 

Hay quien ha señalado que este estudio pone en duda los hallazgos de trabajos anteriores, según los cuales el incremento del CO2 elevaría la productividad de los cultivos en determinadas circunstancias. A esto, Myers repuso que: «Podría darse un efecto levemente positivo, pero quienes trabajan en este sector no se aferrarán a eso, sabiendo los muchos otros efectos negativos del cambio climático, como son las olas de calor, las sequías y las inundaciones».

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