La tragedia de Jonestown

James Warren Jim Jones /Wikimedia - Nancy Wong 

Tal día como hoy… 18 de noviembre de 1978 se producía uno de los mayores suicidios colectivos

 

El 18 de noviembre de 1978 se producía en Jonestown (Guyana), uno de los mayores suicidios colectivos de que se tiene noticia. Murieron 912 personas; 5 de ellas asesinadas, incluido el congresista norteamericano Leo J. Ryan. Más de 250 niños fueron obligados a ingerir cianuro.

 

CV / Un tal Jim Jones (1931-1978) llevaba ya unos cuantos años acreditando su catadura moral de auténtico «pájaro de cuenta». Era un pastor metodista que se declaraba descendiente de la tribu india de los cheroquis –era hijo de emigrantes galeses-, comunista y enviado por Dios como nuevo Mesías. Un personaje de perfiles sectarios y paranoicos, que creó su propia comunidad religiosa, el Templo del Pueblo, en 1953. Reunió una comunidad de 150 personas en Indianápolis, y en 1965 se desplazó con su «pueblo escogido» a California, para crear una sociedad agraria que estableció en Ukiah.

Desde su paraíso agrario particular, enviaba a sus seguidores a San Francisco y Los Ángeles para hacer proselitismo de la buena nueva y conseguir nuevos adeptos

Desde su paraíso agrario particular, enviaba a sus seguidores a San Francisco y Los Ángeles para hacer proselitismo de la buena nueva y conseguir nuevos adeptos. Él mismo se instaló en San Francisco. A mediados de los años setenta, su secta contaba con unos 3000 seguidores. Se atribuía curaciones milagrosas y postulaba la llegada del Apocalipsis. Fue acusado de explotación laboral y de falsario, pero importantes personalidades, como el propio alcalde de San Francisco, George Moscone, destacó la lucha de Jones contra el racismo y la discriminación. Y no se le ocurrió otra cosa que encargarle a Jones la administración de las viviendas construidas con fondos municipales, la ‘San Francisco Housing Authority’. Ciertamente, Jones no hacía distinciones en su secta: todos eran esclavos suyos. Tampoco con el dinero de la secta: era todo suyo.

Vista de Jonestown en 1979

Cuando la situación se hizo insostenible y empezaron a llover denuncias, interpuestas por exmiembros de la secta que habían conseguido escapar y familiares de los infelices que habían caído bajo su influjo, Jones optó por migrar con toda su gente a un paraje más tranquilo y proclive a sus proyectos, la Guyana. Allí compró al gobierno un terreno en el que edificó Jonestown, que iba a ser el paraíso en la Tierra, tirando, cómo no, de la sincrética tradición milenarista. Allí se instaló con unos 900 adeptos que le siguieron.

Familiares de miembros del Templo del Pueblo denunciaban que muchos habían sido llevados a la Guyana por la fuerza y que estaban retenidos allí contra su voluntad

Pero las denuncias arreciaron, y familiares de miembros del Templo del Pueblo denunciaban que muchos habían sido llevados a la Guyana por la fuerza y que estaban retenidos allí contra su voluntad. Para esclarecer estos hechos, el congresista estadounidense Leo J. Ryan se desplazó hasta Jonestown con algunos periodistas y exmiembros de la secta, en noviembre de 1978.

Jones intentó impedir la visita, pero al entender que no iba a poder evitarla -el gobierno de la Guyana no quería problemas con los EEUU, y el cargo era que ciudadanos estadounidenses estaban retenidos allí contra su voluntad-, optó por contemporizar, al menos aparentemente. Al principio, la legación fue recibida con todo tipo de atenciones y deferencias. Y algunos hasta llegaron a pensar que aquello era la Arcadia rediviva. El propio Ryan declaró que allí había gente convencida de que aquello era lo mejor que les había pasado en la vida. Que alguien abducido por una secta esté convencido de esto implica solamente que el interesado lo cree así, pero no que sea verdad. Ryan acaso lo ignorara todo, o casi todo, sobre sectas, y lo pagó caro.

Jones convocó a sus seguidores y ordenó el suicidio masivo de toda la comunidad. La muerte, les dijo, era solo el tránsito a otro nivel

Las cosas se torcieron cuando la legación, convencida y feliz, se dispuso a partir la mañana del 18 de noviembre. Algunos seguidores de Jones de destaparon en el último momento y pidieron partir con la legación. Lo que ocurrió no se sabe con certeza. Parece que la buena disposición de un sorprendido Ryan a llevárselos, provocó un ataque de ira en Jones, que lo consideró una traición y una ingratitud manifiesta. Hubo disparos y, por lo menos, los cinco miembros de la legación fueron abatidos.

Jones sabía que había ido demasiado lejos, de modo que decidió organizarla a lo grande. Convocó a sus seguidores y ordenó el suicidio masivo de toda la comunidad. La muerte, les dijo, era solo el tránsito a otro nivel. A los bebés se les inyectó cianuro y a los niños se les obligó a ingerirlo con algún refresco. Respecto a los adultos, si algún seguidor no lo vio claro, fue obligado por la fuerza. Jones fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza, se ignora qué circunstancias concurrieron. Es posible que ordenara a alguien que le disparara, pero también que intentara escabullirse y algún fanático convencido le sorprendiera en el renuncio.

La tragedia de Jonestown es un ejemplo clásico del carácter pernicioso de las sectas.

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