Los investigadores han demostrado que existe una transferencia entre idiomas que permite a un bilingüe apoyarse en los recursos que usa en una lengua para ayudar a procesar otra más compleja

La diferencia entre dislexia y ‘dsxiliea’ puede estar en el bilingüismo

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Un estudio del BCBL afirma que los niños disléxicos que aprenden a la vez un idioma que se pronuncia como se escribe, como el euskera o el castellano, y una segunda lengua como el inglés, en la que la misma letra puede tener varios sonidos, sufren menos esta alteración cuando leen o escriben en este último idioma.

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BCBL/CV – ¿Dislexia o dsxiliea? Cualquier persona sin trastornos de lectura podría leer sin problemas la primera palabra. Pero si quien lo intenta sufre esa alteración, verá algo similar a la segunda.

La dislexia es un déficit de la capacidad de leer que dificulta el aprendizaje y que afecta a entre el 3 y 10% de la población. Su transmisión es en parte genética, y su diagnóstico se realiza en menores de entre 8 y 9 años, aunque los síntomas se manifiestan antes. Hasta el momento, la única forma de combatir la dislexia era a través de tratamientos precoces adaptados a la edad y síntomas del paciente.

Han demostrado que algunas combinaciones de bilingüismo, transmitidas desde edades muy tempranas, contribuyen a reducir los síntomas de este trastorno del lenguaje

Pero una investigación desarrollada por la Universidad galesa de Bangory el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) de San Sebastián, ha demostrado que algunas combinaciones de bilingüismo, transmitidas desde edades muy tempranas, contribuyen a reducir los síntomas de este trastorno del lenguaje.

El objeto principal de la investigación consistía en comprobar si un bilingüismo adquirido por niños que aprenden a leer en inglés y galés al mismo tiempo podía beneficiar a quienes sufrían dislexia evaluada en la lengua inglesa. “Y la respuesta es que sí”, afirma tajante la investigadora del BCBL Marie Lallier, una de las autoras del estudio.

La investigación se realizó con adultos que en su infancia crecieron con estos idiomas como lenguas maternas por una razón fundamental: el galés es un idioma de los llamados transparentes, es decir, sus letras siempre tienen el mismo sonido, como el castellano y el euskera. Sin embargo, el inglés, al igual que el francés, es considerado un idioma opaco, en el que una misma letra puede tener varios sonidos al ser leída.

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Un resultado “robusto”

Por eso partieron de una hipótesis: si una niña o un niño aprende un idioma transparente junto con otro opaco, el primero contribuirá a ayudar a “la descodificación o la adquisición de la lectura del más complejo (es decir, el opaco)”. Y los resultados fueron concluyentes, según explica Marie Lallier: “El déficit de lecto-escritura en inglés que sufrían las personas disléxicas que habían aprendido a hablar en galés e inglés era menos fuerte que el de quienes habían adquirido solo un idioma opaco (el inglés). Era una diferencia significativa y bastante clara. El resultado era robusto”.

Para desarrollar este ambicioso estudio, los investigadores utilizaron a 60 personas de entre 18 y 40 años distribuidas en cuatro grupos: en el primero juntaron a 15 adultos con dislexia monolingües ingleses y en el segundo, a otras 15 disléxicos bilingües en galés y en inglés. Los otros dos grupos, también de 15 miembros cada uno, estaban compuestos por los llamados “controles”, personas sin dislexia monolingües y bilingües, que son utilizados para comparar los resultados con las afectadas por esta alteración.

Durante la investigación, todas ellas recibieron los mismos estímulos en inglés para comprobar si el hecho de haber aprendido a leer en los dos idiomas había permitido a los disléxicos bilingües tener problemas menos severos, en procesos de lectura y fonológicos, que los que no conocían el galés. “Todos tenían dislexia, pero demostramos que los bilingües sufrían problemas menos fuertes en inglés que los de habla exclusivamente inglesa”.

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Síntomas diferentes

Esta investigación, que ha sido publicada por la revista Scientific Studies of Reading, da un paso fundamental en esta materia porque muestra, por primera vez, una diferencia clara e inequívoca entre los síntomas que muestran las personas disléxicas bilingües y monolingües. Y su importancia radica en que se ha demostrado que hay una transferencia entre idiomas en el caso de las personas que hablan dos lenguas: “Un bilingüe se puede apoyar en los recursos que usa en un idioma para ayudar a procesar el otro, y eso es importante porque puede ser de gran ayuda para adultos con dificultades en el lenguaje”, afirma Lallier.

El estudio muestra, por primera vez, una diferencia clara e inequívoca entre los síntomas que muestran las personas disléxicas bilingües y monolingües

¿Y cómo influye este bilingüismo en los escolares, que son quienes potencialmente sufren con más dureza los efectos de la dislexia? La investigadora del BCBL precisa que este estudio solo se ha testado sobre adultos, pero se atreve a decir que “seguramente, estas personas bilingües anglo-parlantes tuvieron menos dificultades con la lecto-escritura en inglés o superaron algunos trastornos con menor dificultad que los niños que no aprendieron galés”.

“No se puede decir que un segundo idioma cura la dislexia, porque los adultos del estudio siguen teniéndola: no la han superado por completo sino que solo han disminuido algunos de los síntomas. En general, el bilingüismo es bueno para combatirla, pero hay diferentes tipos de bilingüismo: unos aprenden un segundo idioma desde que nacen, otros a los seis años… por eso no se puede decir todavía que todo el bilingüismo es bueno para todos los casos de dislexia”, puntualiza Marie Lallier. Esta es la razón por la que defiende que las personas bilingües afectadas por este trastorno reciban siempre el apoyo y la reeducación de logopedas y personal especializado.

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