“La vida no regalada”: donde la ciudad cambia su nombre

Fin de fiesta de una velada sabatina. Peña Morente, 1973 / Foto: cortesía del autor

Frente a la adversidad existen dos extremos opuestos: el sometimiento o el grito. Lluís Cabrera nos habla sobre ambos en La vida no regalada (Roca editorial, 2021). A través de Lorenzo Almendros (su alter ego), el fundador de Taller de Músics y una de las figuras más representativas de la escena del flamenco y el jazz, recorre el camino que parte desde un sometido enclave de Jaén hasta la desdibujada Barcelona de las sombras.

 

Eva Serra

Músico, escritor, activista, militante antifranquista, promotor, empresario, Lluís Cabrera (Arbuniel, Jaén, 1954) llegó a Barcelona en 1964, tumbado boja abajo en el colchón de un camión mientras miraba cómo su pueblo se alejaba de su vista. En La vida no regalada, Cabrera revisa un trayecto que recorre una infancia en blanco y negro, una inquieta adolescencia y una juventud que transcurre donde la ciudad cambia su nombre marcada por drogas, marginalidad, política, cárcel y flamenco. La música le acercó a personajes tan insignes como Enrique Morente, Camarón, Mayte Martín, Tete Montoliu o Miguel Poveda entre otros. El ascensor social fue subido a pulso.

Lluís Cabrera con su libro “La vida no regalada” / Taller de músics

 

El libro está dedicado a la memoria de su padre que a su vez representa una generación muy representativa de emigrantes andaluces en la Cataluña de los sesenta, cerca de un millón. ¿Cómo definiría en términos sociales esta memoria?

El desenlace de la Guerra Civil provoca que no se pudiera llevar a cabo la reforma agraria que tenía en marcha el Gobierno de la República para aplicarla en las zonas donde la industrialización no se había llevado a cabo. Sin el reparto de la tierra y con los caciques, como uno de los segmentos sociales ganadores del enfrentamiento armado que se produce por entonces a través de un golpe militar de corte fascista, bendecido por la jerarquía de la iglesia católica, las condiciones de trabajo en el campo del sur de España, eran inhumanas para los jornaleros (la mayoría del pueblo andaluz), una explotación que en algunos casos rozaba la esclavitud.

Las condiciones de trabajo en el campo del sur de España, eran inhumanas para los jornaleros (la mayoría del pueblo andaluz), una explotación que en algunos casos rozaba la esclavitud

Por esto y por la represión extrema que ejercía la guardia civil, las prácticas abusivas de los miembros de la Falange en contra de las familias que se habían significado en la defensa del gobierno legítimo del Frente Popular (un conglomerado político al que podríamos denominar de centro izquierda), el odio, las venganzas y otras chanzas de la época, originan que casi un millón de andaluces (pertenecientes al bando perdedor de la guerra), recalen en Catalunya, entre 1950 – 1970, en busca de lo que después se conoció como el ascensor social: la búsqueda de una vida mejor para los hijos, encontrar un trabajo que a base de echar muchas horas (en algunos casos dos turnos seguidos) te permitiera tirar hacia adelante y pensar en un futuro donde encontrar oportunidades de carácter social y económico, así como la esperanza de que los retoños accedieran a un nivel de estudios aceptable.

Otra cuestión que la memoria ha de recordar, porque en demasiadas ocasiones ha quedado relegada del relato migratorio, sería en qué zonas se instala esta ingente cantidad de personas y cómo se encontraban los barrios de la recepción: territorios faltos de servicios esenciales como la movilidad, la salud, la educación, barraquismo horizontal y vertical, etc.

Zimbra es el origen de un viaje cargado de simbólicos recuerdos: la recogida de la aceituna, la siega del trigo, las procesiones de semana santa, la escuela falangista, las cuevas y el cementerio de Simeón y Tomasa… ¿Hasta qué punto es importante, para comprender el presente, la evocación del recuerdo?

No es exactamente igual un traslado de tu lugar de origen para los adultos que para las criaturas. Los padres y los abuelos son conscientes de los motivos por los cuales han de marchar. Sin embargo para los pequeños, ese cambio tan brusco, viene a ser como un destierro. Es como si arrancas a un árbol de cuajo. Lorenzo Almendro, el protagonista de la novela, realiza el viaje de Zimbra a Barcelona subido en una furgoneta de grandes dimensiones, estirado en un colchón que tapaba a las sillas, las camas y los trastos que sus padres habían cargado, pero se mantuvo las dieciocho horas que duró el trayecto, boca abajo y mirando a la parte trasera del vehículo, es decir, mirando a lo que deja, añorando a Zimbra. El niño de nueve años no cambió de posición y no se puso nunca mirando hacia el norte. Por eso afirmo que para la canalla [niños/as, en catalán] el hecho de inmigrar es muy parecido a un destierro.

Semana Santa Arbuniel 1957. Luis Cabrera, abajo a la izquierda de la foto / Cortesía del autor

Lorenzo y su hermana Esperanza pertenecían a una familia humilde formada por un jornalero del campo y una mujer de su casa. Aun así, el niño, cuatro años mayor que su hermana, en Zimbra había consolidado sus amistades, a pesar que algunos niñatos mayores que él usaban la crueldad en su contra. Ejercía de monaguillo, en el colegio destacaba, podía bañarse en una de las charcas que formaba el Nacimiento de Agua proveniente de los acuíferos que rodeaban los montes de Zimbra, pescaba cangrejos de río, se subía a los álamos a coger nidos, arrancaba juncos de los ribazos de los ríos y riachuelos del pueblo, de vez en cuando realizaba excursiones con sus amigos al río Salao donde construían pozas para remojarse. Un río que al pasar sus aguas por unas salinas, daba la sensación de que estabas en la playa. Las laderas del río Salao estaban formadas por arena fina, lo mismo que se puede encontrar en infinidad de zonas costeras.

La evocación del recuerdo sirve para no olvidar de dónde viene uno, en qué cuna nació y en consecuencia asimilar a qué clase social pertenece. Y en el presente siguen existiendo las clases sociales

La evocación del recuerdo sirve para no olvidar de dónde viene uno, en qué cuna nació y en consecuencia asimilar a qué clase social pertenece. Y en el presente siguen existiendo las clases sociales, las personas vulnerables, aquellos a los que la cultura no ha podido o no ha sabido acercarse, las injusticias, las guerras, los que se juegan la vida subiendo a pateras controladas por mafias sin escrúpulos, la emigración, los destierros, la movilidad libre del dinero y por el contrario, los muros para que los pobres no accedan a sitios donde mejorar, exactamente igual que los que tuvimos que marchar de nuestros lugares de nacimiento a mediados del siglo pasado.

Las cuevas del cementerio son espacios donde en Zimbra vivían hacinados los pobres de los más pobres, aquellos que la vida se les hacía más cuesta arriba, aquellos que estaban más cerca del cementerio y por tanto cercanos a la muerte.

El contraste de la novela viene dado por Simeón y Tomasa, dos mostrencos, dos adefesios, dos monstruos que se construyeron su covacha entre las cuevas y el cementerio. Dos personajes que reflejan lo que es la condición humana. Lorenzo, a pesar de ser un niño retraído y tímido no compra miedo y es capaz de subir hasta las cuevas y visitar el cementerio, debido a que Simeón y Tomasa le ofrecen amor, que al fin y al cabo es lo nos proporciona satisfacción, vida y felicidad.

Foto familiar de Luis Cabrera con las arras, 1963 / Foto: Cortestía del autor

Simeón y Tomasa son dos pilares que aparecen en la narración cuando Lorenzo los necesita y desaparecen cuando el protagonista es acogido por la armonía y por los intangibles que tienen que ver con la espiritualidad, el alma o la madre naturaleza.

Nou Barris, con Verdum, Roquetas, Vía Favencia o la Vía Júlia son los paisajes urbanos donde Lorenzo Almendros forja su adolescencia transitando por episodios de marginalidad, delincuencia, drogas… pero también donde se despierta la capacidad de lucha, la superación de obstáculos y el despertar a la acción social y las inquietudes intelectuales. ¿Qué ingrediente se necesita para no sucumbir a escenarios adversos?

Se necesita sentir que quieres tirar hacia adelante, olfato, capacidad de observación, discernir con quién debes compartir la amistad, saber escuchar a los mayores y a las mayores, ser inquieto, curioso, no comprar excesivos kilos de miedo, ser solidario, hacer de la generosidad virtud, dudar, preguntar, visitar otros barrios de la ciudad, conocer el centro, ser receptivo a la oferta cultural, procurar leer y luchar junto a los tuyos contra la adversidad y las dificultades que ser hijo de una familia humilde, de una familia trabajadora te pone en el trayecto.

Mi universidad fue la lucha social a través de las asociaciones de vecinos de Nou Barris, participar desde fuera ofreciendo apoyo a las huelgas obreras en las fábricas, la militancia antifranquista, la Vía Laietana, la Modelo…

Mi universidad fue la lucha social a través de las asociaciones de vecinos de 9 Barris, participar desde fuera ofreciendo apoyo a las huelgas obreras en las fábricas, la militancia antifranquista, la Vía Laietana, la Modelo, los seis meses recorriendo distintos países europeos, junto a dos amigos y una amiga, haciendo de músicos callejeros, conocer a dirigentes políticos comunistas a los que me atrevía a ponerlos en contradicción, o por lo menos a no decir amén a todo lo que ellos proponían. Ingredientes que van enjaretando tu personalidad al lado de otros compañeros de fatigas que sienten en sus adentros que es posible cambiar algunos aspectos de la sociedad, la que adora a un becerro que es de oro y que se llama dinero.

Olimpiada popular, 1973. Reivincando zonas deportivas en el barrio de Verdum y de Roquetas

¿Cuál es el detonante para crear la peña flamenca con el nombre de Enrique Morente en esos años?

En los sótanos de la Parroquia de San Sebastián, calle Viladrosa, 100 del barrio de Verdum de Barcelona, bajo los auspicios de su rector, mosén Manel Folch Ribas, se juntaban colectivos de diversa índole: Asociación de Vecinos, Centro Social Roquetas, Grupo Excursionista y de Espeleología …

Un día escuché la voz de Enrique interpretando un romance, “enterrado sobre los muertos” de Miguel Hernández. Quedé prendado de la voz del cantaor y de los versos del poeta

Supongo que por mis recuerdos de escuchar a mi tío y a un primo que cantaban flamenco en Zimbra y por asistir a unas sesiones flamencas que se ofrecían en dos bares cercanos a la Vía Favencia (posterior Cinturón de Ronda), fueron los detonantes para que propusiera en la comisión de cultura del Centro Social Roquetas, la fundación de una peña flamenca que llevara el nombre de Enrique Morente. En 1971 trabajaba en el textil, Creaciones Mildos, propiedad de Jorge Gaja Galofré, una empresa familiar que por las mañanas sintonizaba Radio Juventud. Había un programa de flamenco y copla, “Romero y su tocadiscos flamenco” y un día escuché la voz de Enrique interpretando un romance, “enterrado sobre los muertos” de Miguel Hernández. Quedé prendado de la voz del cantaor y de los versos del poeta.

Me inicié en el flamenco viajando a Madrid para conocer a Enrique y que me firmara el documento para que la peña llevara su nombre. Sumando un atardecer engarzado de una noche entera y la resaca del día siguiente, fueron los inicios de lo que después supuso la Peña Cultural Flamenca Enrique Morente, 1971 – 1978. Mi máster después de la universidad a la que he hecho referencia anteriormente.

Junta directiva Peña Enrique Morente, 1971 / Foto: Cortesía del autor

Morente, Camarón y más tarde Mayte Martín y Miguel Poveda, estamos hablando de los grandes del flamenco. ¿Qué nos puede desvelar sobre ellos?

Los cuatro más Chicuelo, Chiqui de la Línea, Julián el Califa, los hermanos Cañizares, Andrés Batista, Remolino padre y Remolino hijo, Juan Ramón Caro, Ginesa Ortega, Duquende, David Leiva, Pepe Motos, Milagros, Jiménez Rejano, el Nene de Santa Fe, Manolo Sanlúcar, Manzanita, Manuel Cano, Diego Garrido, la Tolea, la Tani …

Desvelar alguna cuestión que todavía no se haya escrito sobre Morente, Camarón, Mayte y Miguel de carácter personal no debo hacerlo. De mi relación profesional he de decir que a Camarón lo traté poco. José Monje Cruz “Camarón de la Isla”, un genio al que todos admiramos, fue el único que declaró públicamente que cantaba unos fandangos de Morente. Enrique, ocho años mayor que José, lo quería como a un hermano. Y lo mismo le ocurría a José con Enrique.

Con Enrique Morente mi relación profesional y personal empezó en 1971 y todavía no ha terminado. Seremos amigos hasta la eternidad de las eternidades

Con Enrique Morente mi relación profesional y personal empezó en 1971 y todavía no ha terminado. Seremos amigos hasta la eternidad de las eternidades. Lo considero mi maestro, el rango máximo existente en el flamenco. Muchas vivencias y experiencias compartidas, largos ratos escuchándole hablar, oyente acérrimo de sus conciertos en directo y de su obra discográfica. Sigo soñando con mi maestro a menudo y no acepto el no poder departir y compartir otros trozos de vida como los que me regaló durante cuarenta años. Su familia y la mía se aman, nos amamos porque eso es lo que nos legó Enrique.

A Mayte Martín la conocí cuando ella era una niña. Venía algún sábado por la noche a la peña flamenca Enrique Morente acompañada de sus padres y uno de sus hermanos, el guitarrista y bolerista Paco Martín. Todavía joven compartí con ella ocho años de su carrera profesional, su primera grabación discográfica, Muy Frágil, se promocionó a través del Taller de Músics, la acompañé a muchos bolos en Catalunya, compartimos giras por España y Europa tanto con su grupo flamenco como después con Tete Montoliu, una temporada intensa interpretando boleros. Mantenemos la amistad y cuando nos vemos nos seguimos riendo de situaciones vividas en comandita.

Enrique Morente y el guitarrista El Payo Humberto Peña. Peña flamenca Enrique Morente, 1973 / Foto: Cortesía del autor

Miguel Poveda acaba el SMO, gana la Lámpara Minera acompañado a la guitarra por Juan Ramón Caro y a continuación se integra en el Taller de Músics. Fueron doce años donde los dos ideamos alguna que otra travesura artística que se pudo plasmar en forma de CD. Efectivamente antes de entrar en el estudio de grabación se llevaron a cabo una gran cantidad de bolos que continuaron una vez sus obras se trasladaron a las estanterías de las tiendas de discos. Un trabajo en el que intervine fue proponerlo para que fuera uno de los personajes de la película la Teta y la Luna de Bigas Luna. La capacidad de trabajo de Miguel era y sigue siendo muy grande. Desde el Taller de Músics le dimos apoyo a discos como Suena Flamenco, Tierra de Calma, Flamenco en Orquesta, Desglaç y Poemas del exilio de Rafael Alberti. Estuve involucrado en producciones donde Miguel compartía escenario con Martirio, Rodolfo Mederos, María del Mar Bonet, Agustí Fernández, Andrés Corchero, Joan Albert Amargós, Chicuelo, Enrique Morente …

Miguel [Poveda] ha roto la pana, ha quebrado el techo de cristal donde se sostenía el flamenco. Hemos recuperado nuestra amistad después de un tiempo de distanciamiento

Miguel ha roto la pana, ha quebrado el techo de cristal donde se sostenía el flamenco. Hemos recuperado nuestra amistad después de un tiempo de distanciamiento cuando él decidió establecerse en Andalucía. Dicen que la distancia es un engorro. En muchas ocasiones el refranero popular tiene razón. Siempre le estaré agradecido a un detalle de nobleza que tuvo con mi persona y el Taller de Músics, ser el artista que clausurara los eventos artísticos que se llevaron a cabo en Barcelona durante el año 2019 con motivo de la celebración de los 40 años de la entidad. L’Auditori de Barcelona vibró en cada uno de los asientos que por su valía no quedó ni uno vacío.

En su libro aparecen ciertos perfiles de poco éxito o fatal desenlace, personajes que sin embargo son reconocibles en nuestro paisaje social. ¿Qué queda de la Barcelona de los setenta? ¿Qué ha desaparecido?

La Barcelona de los setenta era un bullicio. La transición – transacción política, elecciones varias, las luchas obreras y las reivindicaciones sociales de los barrios, el florecimiento de la cultura sin cortapisas, la Rambla, la plaza Real, la música progresiva también llamada onda layetana, el Zeleste, Nazario, Ocaña y sus amigos, la liberación sexual, el auge de los movimientos que en la actualidad se denominan LGTBI, las Jornadas Libertarias del Parque Güell, el mitin de Federica Montseny en Montjuïc, las fiestas de Treball (PSUC), la legalización de los partidos políticos clandestinos, el movimiento hippie, la contracultura, las corrientes nihilistas, la tardía influencia del Mayo del 68 y el descubrimiento de los situacionistas franceses, Guy Debord entre otros. No podemos olvidar lo que supuso en la época las reivindicaciones de los presos organizados a través de la COPEL.

Lo que queda de los setenta es el recuerdo, la memoria de lo que pudo haber sido y no fue, el desengaño, la pesadumbre y la desazón de que las utopías también se las traga, y también las integra el sistema capitalista

Pero también la Barcelona de los setenta acarreó hábitos sociales contraproducentes que tuvieron su continuidad en los ochenta. La distribución de la heroína, el LSD y otras sustancias tóxicas muy adictivas provocaron muertes, descalabros familiares y creó en los barrios cierta desestructuración social que aminoró las luchas vecinales.

Lo que queda de los setenta es el recuerdo, la memoria de lo que pudo haber sido y no fue, el desengaño, la pesadumbre y la desazón de que las utopías también se las traga, y también las integra el sistema capitalista.

CNT, Bandera Roja. ¿Cuál sería su principal desengaño?

Cabrera en una reunión de comité del barrio de Roquetas, Barcelona / Cortesía del autor

De la CNT el desengaño que produjo su casi desaparición después del caso Scala, una operación orquestada por las cloacas del Estado para acabar con el auge del anarcosindicalismo.

De Bandera Roja, haberme sentido manipulado por los dirigentes que decidieron que un joven de 17 años debía encargarse el 3 de noviembre de 1972 de organizar los piquetes de defensa en una manifestación por los alrededores del Paseo Maragall. Una temeridad porque a edad temprana no estás preparado para semejante tarea.

 

Describe con mucho detalle su detención y posterior entrada en prisión. ¿Son esos recuerdos un punto y aparte o continúan vivos de alguna manera?

Son dos cuestiones distintas. Durante las setenta y dos horas detenido en Via Laietana se me vejó, sufrí maltrato psicológico y físico. Salí indemne de casualidad. Recuerdo perfectamente a los dos policías que más se ensartaron conmigo. Supongo que esa pareja continúa viva. Que Dios los conserve muchos años.

Queda la rabia, queda el coraje, queda la sensación de que por haber gritado llegué a coger el ascensor social a tiempo

En la cárcel Modelo fui astuto y en la sexta galería me aparté de los presos llamados políticos. Intuí que con los comunes mi estancia allí podía ser más llevadera. Y así sucedió.

Lorenzo Almendro parte de Zimbra con un grito en la garganta. ¿Qué queda de él?

Queda la rabia, queda el coraje, queda la sensación de que por haber gritado llegué a coger el ascensor social a tiempo, queda la pesadumbre de comprobar que otros, muchísimos, demasiados, no pudieron enganchar el elevador y se han quedado relegados en lugares donde la ciudad cambia su nombre, tal y como Paco Candel tituló a uno de sus libros.

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