Laicismo frente a islamismo

Polémica en Francia sobre la ecuación diferencial religiosa

Francia entre el islamismo y un sistema educativo de valores laicos

 

Xavier Massó_editedXavier Massó / Catalunya Vanguardista

Nunca me ha gustado polemizar sobre el tema de la religión en la enseñanza, muy especialmente porque es el tópico campo de batalla previamente consensuado por derecha e izquierda para entretener al personal, soslayando culpablemente mientras tanto los auténticos problemas de nuestro sistema educativo, que ninguna de estas leyes ni los partidos que las promulgan, parecen tener el menor interés en acometer. Por eso, porque pienso que es un debate viciado, evito en la medida de lo posible tratar el tema. Pero empieza a surgir un nuevo problema, relacionado con la religión, también por aquí, pero que en Francia está adquiriendo tintes de auténtica guerra educativa, cultural y moral, del cual sí creo que hay que hablar alto y claro.

El problema, tan querido por izquierda y derecha en nuestro país, es la religión confesional como materia: si ha de haberla o no en los planes de estudio; o en caso de haberla, si ha de ser obligatoria o si la nota ha de computar en la media del expediente académico. Desde hace ya un tiempo, y aunque sin duda muy a su pesar, la Iglesia ha dejado de entrometerse en quehaceres mundanos tales como que en los currículos de Biología, Física o Filosofía, se explique el darwinismo o el universo sin contar con la figura de Dios. Es verdad que, aun hoy, en países avanzados como, sin ir más lejos, los Estados Unidos, pervive algún alcalde de pueblo que prohíbe que en «sus» escuelas se explique el darwinismo, y trata de imponer que se substituya por el creacionismo o, más modernamente, su sucedáneo, la teoría del diseño inteligente. Pero se trata de casos anecdóticos y tirando al pintoresquismo, reminiscencia de otros tiempos peores.

A Bruno lo asesinó la Iglesia Católica, la misma que humilló a Galileo obligándole a retractarse y condenó sus tesis

Es más que probable que a los prelados religiosos esta situación no les agrade, pero a fuerza de secularización, se han ido teniendo que acostumbrar a ella. Una secularización que, no lo olvidemos, afectó en distintas fases a todo el orbe occidental y a todas las variantes del cristianismo. A Bruno lo asesinó la Iglesia Católica, la misma que humilló a Galileo obligándole a retractarse y condenó sus tesis; pero tampoco deberíamos olvidar que a Servet fue Calvino quien lo quemó vivo. Aun así, lo dicho, más allá de que en algunos países como el nuestro siga habiendo catequesis en las escuelas, el resto de materias están fuera de cualquier influencia religiosa. Gracias a Dios, y nunca mejor dicho. Y esto parece ser que irrita a cierto islamismo.

Y es que por aquí, cuando hablamos de «religión», pensamos inevitablemente en el catolicismo, pero el problema hoy, y planteado mucho más  incisivamente, proviene de la religión musulmana. Al menos es lo que está ocurriendo en Francia; y también por aquí, en menor medida, aunque no menos preocupante. Porque la pretensión confesada es ni más ni menos que devolvernos al siglo X.

En un interesantísimo artículo, el periodista Rafael Poch nos explica la polémica que se está desatando en las escuelas y liceos franceses a propósito de las exigencias del islamismo radical. Un problema creciente que existe desde hace más tiempo del que estamos dispuestos a reconocer, pero que ha irrumpido públicamente a raíz del clima creado por los recientes atentados que ensangrentaron París. Los principios ilustrados y la laicidad son, al parecer de los islamistas radicales, una diabólica antirreligión del Estado, que sirve como tapadera de la estigmatización y la islamofobia. Tal cual. De ahí a la discriminación por sexos o a las amenazas al personal docente, no es que vaya un paso, sino que ya estamos de pleno en ello. Eso sí, una cosa de las que dice la revista islamista de referencia que nos cita Poch –Dar al Islam, publicada en francés- puede que sea cierta: el islam no puede coexistir con la laicidad –lo dicen ellos mismos-, y si el sistema educativo es laico, hay que combatirlo por todos los medios; también a sus agentes, los maestros y profesores.

Los principios ilustrados y la laicidad son, al parecer de los islamistas radicales, una diabólica antirreligión del Estado

La capacidad de integración de la religión musulmana en sociedades abiertas como las nuestras, es un tema complejo que sobrepasa de lejos las pretensiones y posibilidades de este artículo; algo de esto he tratado en otros espacios. Baste decir que Europa, en el siglo X, estaba bajo una teocracia cristiana muy peligrosamente parecida a la de los países integristas islámicos del siglo XXI. Por razones en las que sería ahora excesivamente prolijo adentrarnos, en Occidente la teocracia no acabó de cuajar y la pervivencia de una estructura de poder civil heredada el Imperio romano, incluso en los momentos más teocráticos, siempre acabó de una forma u otra funcionando como contrapoder. En el mundo islámico tal contrapoder nunca existió. Por lo demás, las exigencias metafísicas del cristianismo no son muy distintas que las del islam, con la única diferencia que el primero está hoy secularizado, mientras que el segundo, no. ¿Pero se secularizan las religiones o lo individuos?

El problema que se está planteando actualmente en Francia entre el islamismo y un sistema educativo de valores laicos y republicano, es el mismo con el que tuvo de vérselas el Imperio romano ante el fanatismo y la intolerancia de los primeros cristianos. Y los alumnos integristas que rechazan el sistema educativo francés y amenazan a sus profesores, son los émulos islámicos de los esbirros cristianos del obispo Cirilo, que lapidaron a Hypatia en la Alejandría de principios del siglo V. Siempre el fanatismo, la intolerancia y la ignorancia; las tres «Gracias» con respecto a las cuales ya nos advirtió William Faulkner que se podía luchar contra ellas…  por separado; si vienen juntas, lo mejor es poner los pies en polvorosa… Pero nuestras sociedades no pueden, ni deben, echar a correr.

En Francia se está planteando como un conflicto a gran escala, y parece que se han decidido a afrontarlo. En España, y muy particularmente en Cataluña, lo tenemos también. En nuestros centros tenemos menús especiales para las restricciones musulmanas en relación a la ingesta de ciertos alimentos, niñas cuyos padres musulmanes se niegan a que realicen materias obligatorias -como Educación Física o Música, por ejemplo, por impúdicas y pecaminosas-; las mismas niñas que a cierta edad desparecen, y o vuelven casadas a los 14 años, o ya no regresan. También hay niños que se van una temporada a sus tierras de origen a estudiar el Corán, y vuelven radicalizados. Y también hubo, como en Francia, conatos más que significativos cuando el minuto de silencio en las aulas por lo de Charlie Hebdo… Sabemos que el problema existe y que va a más, como en Francia. ¿Qué hacemos para atajarlo?

Pero aquí seguimos sin querer enterarnos. Pero eso sí, seguimos pendientes del tema oficial por excelencia, la religión en las escuelas, siempre que se trate de la católica. La mayoría de la gente ignora que en nuestros centros también se imparte la religión musulmana como materia confesional, con profesores nombrados por la autoridad islámica competente, sin que la Administración tenga nada que decir ni objetar. Cuando apareció el currículo oficial de religión católica establecido por la LOMCE del ministro Wert, fue objeto de grandes diatribas y de debates con enconadas pasiones enfrentadas. Casi simultáneamente, apareció también el de religión islámica. A nadie pareció merecerle el menor comentario…

 No es el credo cristiano el que ha cambiado desde la Ilustración hasta hoy hasta adaptarse a una sociedad democrática, sino los individuos que profesan la fe cristiana

Una última cosa, para concluir. El debate sobre el islam y los sistemas educativos occidentales acostumbra a plantearse de manera capciosa y muy pacatamente, lo mismo que si el islam es integrable o no en una sociedad abierta y democrática. La respuesta, en cambio, es simple: no. Igual que tampoco lo es el cristianismo, y siento decirlo tan claramente, pero es así. Basta con echar un vistazo a sus respectivos credos. Otra cosa son los individuos. Porque no es el credo cristiano el que ha cambiado desde la Ilustración hasta hoy hasta adaptarse a una sociedad democrática, sino los individuos que profesan la fe cristiana. Y lo mismo deberá ocurrir con los musulmanes. Porque entre los legados de la Ilustración hay uno que es fundamental en todo esto, la noción de ciudadanía. Pero para que tal noción que se interiorice,  se requiere ser educado en ella, y en el universo cultural de la civilización que la ha producido. Y determinadas medidas de discriminación positiva como las que se están adoptando mojigatamente, no son sino discriminación sin más, que condena a los alumnos musulmanes, partir de su diferencia, a seguir en una tribu dentro de la cual no serán nunca ciudadanos, sino siervos.

Las religiones, cada uno la suya y en su casa. Y por encima de ellas, las leyes y los derechos individuales y humanos. No es un tema de moros y cristianos, sino de ciudadanía. Pero el ciudadano no nace, sino que se hace. Y si nosotros no lo hacemos ciudadano, otros lo harán esclavo. Mientras no tengamos esto claro, nos irá como hasta ahora: mal.

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