Las alegres comadres de Sajonia-Coburgo y Gotha

Jorge V en 1923 / Wikimedia

Corría el cuarto año de la I Guerra Mundial, los muertos se contaban por millones en Europa y la cosa no tenía trazas de remitir. Solo en la ofensiva del Somme, el Reino Unido había perdido en los primeros día de batalla más soldados que en toda la II Guerra Mundial.

 

CV / Como es sabido, Inglaterra ha sido una monarquía desde siempre, con la excepción del breve periodo de Cromwell durante la guerra civil que llevó al cadalso a Carlos I Estuardo. Pero había un problema, estético si se quiere, pero problema: la dinastía reinante era alemana, y esto, estando en guerra con Alemania, no era baladí.

Es sabido que las dinastías reinantes en Europa son por definición transnacionales, y que todas ellas estaban emparentadas entre sí. En el caso de Inglaterra, tras el final de la guerra dinástica de las Dos Rosas, entre las casas de York y Lancaster, se instauró a finales del siglo XV como solución de continuidad la casa de Tudor, con Enrique VII. La dinastía de Tudor gobernó Inglaterra durante el siglo XVI, hasta la muerte de Isabel I sin descendencia. Le sucedió entonces la casa de Estuardo, escocesa, que tras sucesivos avatares, como la ejecución de Carlos I y la destitución de Jacobo II, se extinguió a su vez tras la muerte de Ana I, que aunque era una Estuardo, no figura en ocasiones como tal, por razones de patrilinealidad dinástica. Y una vez más, Inglaterra se quedó sin reyes…

El elegido fue un príncipe alemán protestante, George Ludwig von Hannover, duque de Brunswich-Luneburgo y elector del Sacro Imperio Romano-Germánico, que se estrenó como rey de Inglaterra con el nombre de Jorge I

El Parlamento decidió entonces buscar en otros pagos un candidato a la realeza que, si venía del extranjero y por una cuestión de falta de arraigo, sería más contemporizador y no estaría en situación de manifestar veleidades absolutistas, como había ocurrido con las dinastías anteriores. El elegido fue un príncipe alemán protestante, George Ludwig von Hannover, duque de Brunswich-Luneburgo y elector del Sacro Imperio Romano-Germánico, que se estrenó como rey de Inglaterra con el nombre de Jorge I, que reinó desde 1714 hasta su muerte en 1727, inaugurando la dinastía de Hannover.

La cosa funcionó con los Hannover durante todo el siglo XVIII y parte del XIX, hasta la muerte de Guillermo IV, en 1837, al cual sucedió en el trono su sobrina Alexandrina Victoria, más conocida como la reina Victoria. Victoria era plenamente una Hannover, pero como ya hemos dicho, el nombre de la dinastía se regía por criterios de patrilinealidad, de modo que reinó una Hannover, pero al contraer matrimonio con un príncipe alemán, Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, su sucesor llevaría estos apellidos y pertenecería a una nueva dinastía.

Y así fue. La reina Victoria ciñó la corona del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda entre 1837 y 1901. A su muerte, le sucedió su primogénito, Eduardo VII, que fue el primer monarca de la casa de Sajonia-Coburgo-Gotha. Alemán, pues, por doble partida, porque era también un Hannover por línea materna. Lo mismo que su nieto y sucesor, Jorge V, que era el monarca reinante al estallar la I Guerra Mundial.

Hacia 1917 la gente empezaba a estar harta de una guerra que había empezado con los contendientes convencidos de que iba a durar unas semanas, pero que iba ya por su cuarto año, con unas carnicerías nunca vistas hasta entonces que sumaban ya millones de muertos, y sin que ninguno de los países en guerra pareciera dispuesto a dar su brazo a torcer. Una de las razones de la guerra, si no la principal, había sido para Inglaterra el auge alemán, que amenazaba la supremacía británica. Y que los reyes de Inglaterra llevaran un nombre alemán en un contexto de germanofobia entre la población británica por la guerra, no parecía muy recomendable. Empezaban a aparecer comunistas, socialistas, el republicanismo irlandés, los movimientos independentistas en la India… Y el hastío por la guerra empezaba a arreciar. La propia dinastía podía sentirse potencialmente en peligro, y con ella, la monarquía…

El 17 de julio de 1917, Jorge V decidió cambiar su apellido y el nombre de la dinastía. Se eligió para la ocasión un nombre muy inglés, Windsor

Como es lógico, y por más ilustre que fuera el linaje, el instinto de conservación primó pragmáticamente sobre el abolengo de la raigambre dinástica. El 17 de julio de 1917, Jorge V decidió cambiar su apellido y el nombre de la dinastía. Se eligió para la ocasión un nombre muy inglés, Windsor. Por el castillo de Windsor, cuya construcción había iniciado el primer monarca normando de Inglaterra, Guillermo el Conquistador, en el siglo XI. Otros apellidos reales de origen alemán fueron también cambiados, en ocasiones casi literalmente traducidos, como sería el caso de Battenberg, que pasó a ser Mountbatten. Y todo indica que la cosa surtió efecto. Quedaba todavía más de un año de guerra y murieron unos cuantos cientos de miles más, pero esta vez era por un rey con apellidos ingleses…

Lo curioso es que el comentario más británicamente irónico sobre este cambio de nombre corrió a cargo de alguien no inglés y, añadiríamos, genéticamente incapacitado para la ironía: ni más ni menos que el mismísimo Káiser Guillermo II de Alemania, a la sazón nieto de la reina Victoria y primo hermano del rey de Inglaterra Jorge V, con el que estaba en guerra. Cuando se enteró del cambio de Sajonia-Coburgo-Gotha por Windsor, comentó: “Entonces esta noche asistiré a una representación de ‘Las alegras comadres de Sajonia-Coburgo-Gotha’, en alusión a la obra de Shakespeare, ‘Las alegres comadres de Windsor’.

 

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Lunes, 11 de julio de 1975

En Xi’an (China) se descubre la tumba del emperador Qin Shi Huang, primer emperador chino de la dinastía Qin, del siglo III a.C., «escoltado» por un ejército de estatuas de más de 8000 soldados de terracota.

Martes, 12 de julio de 1873

Una revuelta federalista en Cartagena lleva a la constitución del cantón de Cartagena, en lo que será la revuelta cantonalista durante la I República española, haciéndose con el control de la armada española en el Mediterráneo. Cartagena resistirá durante seis meses, lo mismo que la República contra la cual se levantó.

Miércoles, 13 de julio de 1919

El dirigible británico R-34 arribaba a Norfolk (Inglaterra), convirtiéndose en el primero que cruzaba el Atlántico. Invirtió 182 horas en el trayecto, es decir, algo más de una semana.

Jueves, 14 de julio de 1906

El presidente de Filipinas, Macario Sakay, se entrega con sus guerrilleros, acogiéndose a la amnistía ofrecida por el gobernador norteamericano, que incumplió su promesa y los hizo ejecutar.

Viernes, 15 de julio de 1799

Arqueólogos franceses que acompañaban a la expedición militar de Napoleón, descubren en Egipto la Piedra de Rosetta, que permitirá descifrar la escritura jeroglífica del antiguo Egipto.

Sábado, 16 de julio de 1782

Se estrenaba en Viena la ópera ‘Rapto en el Serrallo’, de Mozart.

Domingo, 17 de julio de 1917

El rey de Inglaterra, Jorge V, proclama el cambio de nombre de su propia dinastía, que hasta entonces era Sajonia-Coburgo y Gotha, pasando a denominarse Windsor. Con ello pretendía desprenderse de sus orígenes alemanes por el antigermanismo rampante entre la población con motivo de la I Guerra Mundial.

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