Las condiciones de vida de los jóvenes españoles se encuentran entre las peores de Europa

Los países que muestran las peores posiciones son Grecia, España, Rumanía e Italia

La Gran Recesión o Crisis del 2008, a la que muchos expertos han considerado ‘la crisis de los países desarrollados’, marcó un antes y un después en todos los países a nivel mundial. Todavía a día de hoy sus consecuencias siguen azotando a buena parte de la población, que afronta una nueva crisis sin haberse recuperado completamente de la anterior. Uno de los colectivos más afectados que todavía sigue pagando las consecuencias de la recesión son los jóvenes.

 

UVA/DICYT

Este ha sido el grupo que ha tenido que afrontar un mayor aumento del desempleo, que se incrementó en casi un 50% en cinco años, pasando del 15,3% en 2008 al 23% en 2013, sumado al gran deterioro de las condiciones laborales. Las altas tasas de desempleo y la precariedad laboral han influido inevitablemente en otras transiciones clave a las que tienen que hacer frente los jóvenes como la emancipación o la formación de una familia. Esta situación ha provocado la generalización del término ‘generación perdida’ para los jóvenes afectados por la Gran Recesión.

Las altas tasas de desempleo y la precariedad laboral han influido inevitablemente en otras transiciones clave a las que tienen que hacer frente los jóvenes como la emancipación o la formación de una familia

En este contexto, la situación de los jóvenes ocupa un lugar central en las políticas comunitarias y en las políticas de los estados miembros de la Unión Europea. Sin embargo, aunque existen indicadores básicos que permiten monitorizar áreas determinadas de las políticas implementadas y sugeridas por la UE y su evolución, no existe un indicador global o sintético que permita evaluar las condiciones de vida de los jóvenes.

Por ello, Helena Corrales y Beatriz Rodríguez, investigadoras del Departamento de Economía Aplicada y miembros del Grupo de Investigación Economía y Políticas Públicas de la Universidad de Valladolid, han creado un indicador global orientado a medir los aspectos de las condiciones de vida de los jóvenes vinculados a la afirmación profesional. “La idea inicial parte de una serie de indicadores básicos, propuestos por un grupo de expertos, para poder hacer un seguimiento de cuál es la situación de los jóvenes; pero nosotras planteamos construir un indicador global que englobe todas las dimensiones y tener un único indicador para cada estado que nos permita una comparación global entre países”, explica Helena Corrales.

Este indicador agrupa tres dimensiones: educación y aprendizaje, empleo y emprendimiento e inclusión social, a diferencia de la propuesta inicial planteada por el grupo de expertos que englobaba ocho dimensiones. Esto se debe a la falta de información disponible, como apunta la investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Comunicación, ubicada en el campus María Zambrano de Segovia. “Para que el indicador tenga continuidad es necesario que se publique información sobre los indicadores básicos de forma continuada, y al iniciar la construcción nos dimos cuenta que de algunos indicadores básicos solo disponíamos información para uno o algunos años determinados. Por ello hemos incluido aquellos indicadores básicos para los que tenemos información disponible periódicamente.”

“Creemos que los indicadores básicos no deben compensarse totalmente entre sí, ya que la capacidad de incrementar el bienestar de los jóvenes los requiere todos ellos”, afirma la investigadora

A diferencia de indicadores sintéticos o globales que ya existen como el Índice de Desarrollo Juvenil de la Commonwealth o el Índice de Bienestar Global de la Juventud, que calculan una media ponderada de los indicadores básicos que compensa los resultados negativos de algunos indicadores con los positivos arrojando un resultado engañoso, este indicador global propuesto por las investigadoras de la UVa resuelve el problema de la compensación y además establece valores deseables y aceptables de cada indicador. “Creemos que los indicadores básicos no deben compensarse totalmente entre sí, ya que la capacidad de incrementar el bienestar de los jóvenes los requiere todos ellos”, afirma la investigadora.

 

Entonces, ¿cuál es la situación de los jóvenes?

Un segundo objetivo de la investigación planteada desde el Departamento de Economía Aplicada es comparar el desempeño en esta materia de los países europeos y comparar la evolución durante la crisis económica. Para ello el indicador se calcula en dos momentos: 2007, cuando comenzaron a sentirse en EEUU los primeros síntomas de la Gran Recesión y en 2016, que se corresponde a los últimos datos disponibles.

La situación laboral de los jóvenes en Europa ha empeorado en, prácticamente, todos los países y en cuanto a la inclusión social, el aumento del desempleo y la precarización del mercado laboral han hecho que esta disminuya

Los resultados confirman que durante la Crisis del 2008 las políticas educativas impulsadas por la UE funcionaron positivamente en todos los países. Sin embargo, la situación laboral de los jóvenes en Europa ha empeorado en, prácticamente, todos los países y en cuanto a la inclusión social, el aumento del desempleo y la precarización del mercado laboral han hecho que esta disminuya. “Se observa en los resultados un menor distanciamiento en los niveles educativos de los países a lo largo del tiempo. Sin embargo, observamos mayor variabilidad entre países en las otras dos dimensiones”, confirma Corrales. Solo destacan en todo el conjunto dos países que han conseguido mejorar las tres dimensiones (educación, empleo e inclusión social): Alemania y Polonia.

En resumen, los países que muestran las peores posiciones son Grecia, España, Rumanía e Italia. En el otro extremo de la escala, con los mejores resultados, se encuentran Austria, Alemania, los Países Bajos, Luxemburgo, los países bálticos, la República Checa y Eslovenia. No obstante, todos los países, excepto Austria, muestran una o más vulnerabilidades en al menos una dimensión, es decir, un aspecto en el que la juventud debe ser el centro de atención especial.

Así, aunque se aplican en los estados miembro de la Unión Europea políticas similares en materia de juventud, el diferente puesta en marcha de las medidas persiste debido a una combinación de factores político-institucionales y económicos, junto con una tendencia compartida de deterioro progresivo en la calidad de las transiciones juveniles en todos los ámbitos.

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