Las «margaritas» del Carlismo

El catedrático, del departamento de Historia y Filosofía de la Universidad de Alcalá, Antonio Moral / UAH

Antonio Moral, historiador de la UAH: ‘Apenas hay estudios sobre el papel de las mujeres en el carlismo’

 

El catedrático, del departamento de Historia y Filosofía de la Universidad de Alcalá, confecciona un fichero sobre las margaritas para comprender cuál era su papel político y personal en este período donde participaron 23.000 mujeres en las secciones femeninas.

 

Fuente: Universidad de Alcalá

El carlismo fue un movimiento político nacido a raíz de la muerte de Fernando VII a principios del siglo XIX, el cual marcó la manera de entender un mundo que renacía de entre los rescoldos del Antiguo Régimen e intentaba beber de las premisas liberales de la Revolución francesa. Esta disputa entre aquellos que percibían en Isabel II, hija del monarca, una oportunidad para modernizar la institución y los que defendían a Carlos María Isidro como el legítimo heredero con el objetivo de mantener una doctrina rígida provocó las llamadas guerras carlistas.

Las desavenencias y los costes económicos y sociales hicieron que el ya constituido como partido político fuera debilitándose, aunque durante la Guerra Civil y la dictadura franquista volviera a cobrar protagonismo. No cabe duda de su influencia y prominencia en la historia contemporánea del país, razón por la que sigue suscitando numerosos estudios historiográficos, como los de Antonio Moral Roncal, catedrático del departamento de Historia y Filosofía de la Universidad de Alcalá, quien indaga en la presencia y acción de las mujeres, conocidas como margaritas, en la agrupación.

El experto, también miembro de la Real Academia de la Historia, participó en el Seminario Internacional Ignacio Larramendi y la dinamización de los estudios históricos sobre el carlismo, enmarcado en el centenario del nacimiento de uno de los empresarios españoles más importantes del siglo XX. El interés suscitado por este tema comenzó cuando acudió a una de las charlas impartidas por el profesor Alfonso Bullón durante los cursos de verano de la Universidad Complutense de 1992. Desde entonces, la recopilación de documentos carlistas en múltiples archivos lo han llevado a indagar en la temática, tanto, que recibió el Premio Internacional Hernando de Larramendi en 1999 por un libro biográfico de Carlos María Isidro, conocido como el Carlos V para los carlistas. Asimismo, en paralelo, el profesor de Historia Contemporánea está implicado actualmente en un estudio sobre el centenario del desastre de Annual (1921) durante la guerra del Rif.

 

El carlismo suele traer consigo una imagen tradicionalista y un tanto oscura de épocas pasadas, ¿cómo afectó su desarrollo y defensa a España?

Su resistencia armada hizo que el Estado liberal tuviera que enfrentarse en los campos de batalla contra el carlismo en tres ocasiones (1833 – 1840; 1846 – 1849; 1872 – 1876)

Como toda corriente política, el carlismo se formó por un aluvión de esperanzas y temores. Hubo personas que ingresaron en sus filas al ser defensoras del Antiguo Régimen, tal y como se entendía en 1833; otras fueron ultraconservadoras; se añadieron católicos que temían la desacralización de su sociedad, tal y como defendían los liberales; otras personas tenían en su memoria la trágica experiencia de la guerra de la Independencia (1808-1814), por lo que se oponían a toda ideología que entroncara con la Revolución francesa, como el liberalismo. Hubo también algunos que consideraron necesaria la defensa del Viejo Orden, al temer la supresión de los fueros, privilegios y leyes privativas ante la idea de ‘igualdad legislativa’ de los liberales. Pero no solo de estamentos o grupos sociales, sino de ciudades y territorios. Su resistencia armada hizo que el Estado liberal tuviera que enfrentarse en los campos de batalla contra el carlismo en tres ocasiones (1833 – 1840; 1846 – 1849; 1872 – 1876).

¿De qué forma asumió el liberalismo esta insurgencia?

El liberalismo se dividió internamente a la hora de plantearse qué hacer con los derrotados –los carlistas no ganaron ninguna guerra del siglo XIX–, pues eran infatigables al desaliento. Unos liberales optaron por la simple política del vencedor, obligándoles a la aceptación de su derrota; otros, en cambio, intentaron realizar una política integradora, aunque ello supusiera ciertas cesiones en el campo religioso, legislativo y administrativo, con la idea de atraer a las bases carlistas hacia la nueva Monarquía constitucional. Estas diferencias ahondaron la división –y las consiguientes luchas– en el campo liberal y también dividieron a los monárquicos en dos bandos.

En el seminario internacional Ignacio Larramendi comentó que había temas referentes al carlismo que aún no estaban lo suficientemente investigados. Por ejemplo, usted ha indagado sobre el papel de la mujer en esta época, ¿qué sabemos de ellas?

Se han realizado estudios sobre la participación de mujeres en el liberalismo del siglo XIX, pero apenas hay estudios –salvo alguno mío– sobre su papel en el carlismo

Se han realizado estudios sobre la participación de mujeres en el liberalismo del siglo XIX, pero apenas hay estudios –salvo alguno mío– sobre su papel en el carlismo. En ambos movimientos actuaron, además, de manera semejante, como transmisoras familiares de la ideología, como apoyos morales, como enfermeras, recaudadoras de dinero para la causa, escritoras y divulgadoras, organizadoras de manifestaciones religiosas de apoyo, entre otras cuestiones.

Existen algunas biografías sobre las reinas e infantas carlistas –necesarias de una actualización–, pero no hay un estudio profundo sobre las margaritas –tal y como se denominaba a la sección femenina del carlismo– en las primeras décadas del siglo XX. En mi caso, investigué la acción política de la principal y más famosa líder de los años 30: María Rosa Urraca Pastor, una figura olvidada e interesante, pues fue una de las tres consejeras nacionales en el Primer Consejo Nacional del Movimiento. Aunque hay artículos sobre la participación política y sanitaria de las margaritas en la Guerra Civil, falta todavía un gran estudio al respecto. Algo sabemos de las margaritas durante el franquismo, pero creo que también es un campo donde todavía existen más lagunas que luces. Muchas de ellas combinaron una ideología tradicionalista con unas manifestaciones modernas de movilización política, saltando del hogar a la calle. Vale la pena estudiarlas.

En el caso de María Rosa Urraca Pastor, al combinar su faceta política y doméstica, ¿cómo asumió este rol cuando la mujer, en aquel momento, estaba relegada a un segundo plano?

Existe una visión popular pero errónea sobre la situación de la mujer, sobre todo urbana, en las primeras décadas del siglo XX. Hubo mujeres que decidieron realizar el salto del hogar a la palestra política y social, desde la izquierda hasta la derecha. Hubo un hecho clave: la transformación de la militante social católica. Frente al modelo del siglo XIX, mujer mayor, casada y de clase alta, la Acción Católica de la Mujer impulsó el nuevo modelo de mujer joven, con estudios, soltera y de clase media.

La experiencia de muchas de ellas en la asistencia social, en los años 20, fue fundamental para su salto a la escena política en los años 30, que es lo que le pasó a Urraca Pastor

La experiencia de muchas de ellas en la asistencia social, en los años 20, fue fundamental para su salto a la escena política en los años 30, que es lo que le pasó a Urraca Pastor. En la dictadura de Primo de Rivera había habido mujeres concejales –no alcaldesas– en los ayuntamientos y algunas habían sido propuestas para ocupar un escaño en la Asamblea Nacional Corporativa. En 1931 lograron el voto, por lo que todos los partidos impulsaron su componente femenino y sus líderes.

En el caso de la Comunión Tradicionalista Carlista, se impulsó su sección de margaritas, elevándose como indiscutible jefa y modelo a Urraca Pastor, que pasó de ser inspectora de trabajo y activista católica a modelo de mujer carlista. Sin embargo, los hombres tradicionalistas se dividieron todavía entre quienes la apoyaron sin fisuras y aquellos que, si bien reconocieron su trabajo, no le facilitaron el escaño en el Congreso. Aceptaron que la mujer acudiera a la política si la familia y la religión estaban en peligro, pero consideraron que, una vez pasado esa situación –a partir de 1939– debían volver al hogar. Miles de hijas y esposas de carlistas se movilizaron en los años 30 y es un tema interesante de investigar.

¿Por qué se les llamó margaritas?

La esposa del pretendiente Carlos VII se llamó Margarita de Parma y realizó una intensa labor sanitaria durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), impulsando los hospitales para heridos en combate no solo en el frente sino en retaguardia, tanto en España como en el sur de Francia. Los carlistas potenciaron su imagen y recuerdo como ‘ángel de la Caridad’ y de ahí que las militantes tradicionalistas se llamaran ‘margaritas’ en su honor.

La esposa del pretendiente Carlos VII se llamó Margarita de Parma y realizó una intensa labor sanitaria durante la Tercera Guerra Carlista (…). Los carlistas potenciaron su imagen y recuerdo como ‘ángel de la Caridad’

Poco se sabe de ellas entre 1875 y 1931, siendo la etapa republicana la que más fuentes parece poseer para estudiarlas, como los Boletines de Orientación Tradicionalista, las menciones en la red de prensa del carlismo durante esa época –que creció a nivel nacional–, la documentación custodiada en algunas instituciones, como el Archivo General de Navarra o los archivos cedidos por particulares a la Universidad de Navarra. Es un proyecto donde participaron becarios hace años, bajo mi dirección, pero es un trabajo lento, como todo aquel que se realiza sobre historia de la mujer, debido a que es más fácil encontrar siempre la huella masculina que la femenina en los archivos.

En 1936 la Comunión Tradicionalista calculó más de 23.000 mujeres encuadradas en sus secciones femeninas, pero tenemos que reconstruir los datos de partida anteriores. ¿Por qué rescatar su historia? Porque ellas fueron también parte de la población española de aquellas décadas, con ideas diferentes a las feministas indudablemente, pero si queremos conocer el pasado debemos estudiar no solo a una parte de esta sino a toda la posible. Y, al aceptar la modernización organizativa que implicó su movilización masiva, tal vez sembraron la idea, en sus propias mentes, de la legitimidad del salto a la esfera pública de la mujer.

¿Qué líneas se desarrollan para ampliar la historiografía del carlismo?

La historia de la mujer y de la representación fílmica del carlismo. Desde hace tiempo estamos formando un fichero de mujeres que participaron como margaritas en los años treinta del siglo XX, lo cual resulta difícil y lento debido a la escasez de fuentes, por lo que tenemos que bucear en documentos temáticamente laterales y en prensa escrita, como periódicos, boletines, folletos, por ejemplo. Como se sabe, la historia de la mujer tiene esa dificultad: buscar las fuentes y el rastro que ha dejado en el pasado.

¿Qué vestigios quedan de este movimiento en la actualidad? ¿Hay partidos políticos que puedan ser un reflejo?

Algunos periodistas creen que determinados partidos independentistas vascos y catalanes son herederos de esa insurgencia regional que caracterizó, en algunas ocasiones, a los carlistas

Actualmente, quedan rescoldos de lo que fue este movimiento en el siglo XIX y en los años de la Segunda República, cuando renació de sus cenizas de una manera sorprendente, como el ave fénix, siendo su participación fundamental en la sublevación militar del 18 de julio de 1936. Todavía perdura una Comunión Tradicionalista Carlista, refundada en el Congreso de El Escorial de 1986, y un Partido Carlista, de tendencia izquierdista autogestionaria, que perpetúan la división del carlismo desde los años 60 del siglo XX. Pero ambos son muy minoritarios y restringidos geográficamente. Algunos periodistas creen que determinados partidos independentistas vascos y catalanes son herederos de esa insurgencia regional que caracterizó, en algunas ocasiones, a los carlistas, pero, en mi opinión, se trata de un error, ya que los orígenes ideológicos de esos partidos se encuentran en el nacionalismo.

La mayor parte de su investigación se centra en finales de la Edad Moderna y el siglo XX, ¿cómo definiría estos períodos tan convulsos de la historia nacional?

El paso de una sociedad de Antiguo Régimen al Nuevo Régimen Liberal me parece fascinante, porque hubo tanta ilusión y esperanza en el camino hacia la Modernidad como temor, miedo y desencanto ante las nuevas ideologías revolucionarias. En el caso de España, me siento atraído por la época romántica, una época de contrastes que todavía arrastra una visión excesivamente politizada y presentista en nuestros tiempos. Acerca del siglo XX he investigado sobre todo el carlismo y el asilo diplomático en la difícil coyuntura de los años treinta, muy mitificada y, desgraciadamente, utilizada en las luchas políticas actuales. Tendríamos que aprender más de ella y de las difíciles transiciones políticas contemporáneas para sentirnos mucho más orgullosos de nuestra transición y constitución de 1978.

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