Las paradojas de la Sima de los Huesos

Cráneo 4 en ángulo de tres cuartos en contrapicado _ Wikimedia - UtaUtaNapishtim

La explicación formal y extendida sobre la Sima de los Huesos es que los humanos de hace unos 400.000 años arrojaron allí, y simbólicamente, a sus difuntos. El problema es que un análisis minucioso de los argumentos sufre de innumerables paradojas.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Una primera paradoja la hallamos en la distribución de los huesos humanos. En 1997 se computaron treinta y dos individuos a partir de 1300 restos humanos y posteriormente, y en 2004, con más de 6500 piezas, el número mínimo de individuos fue de veintiocho. Estos restos humanos jamás fueron cuerpos completos con conexiones anatómicas.

Además hay un defecto de metacarpianos, metatarsianos, tarsales, carpales, falanges, vértebras y costillas, mientras que fémur, húmero, mandíbulas y dientes son los más representados, algo que Peter Andrews y Yolanda Fernández-Jalvo ya publicaron en 1997 y 2001 en el número 33 del Journal of Human Evolution, y en el número 105 de L’Anthropologie respectivamente. Por lo tanto brazos y piernas, lo que más transportan y devoran los carnívoros, estaban más representados que otras partes del cuerpo. Es decir faltaban una gran cantidad de restos, especialmente costillas, falanges y vértebras.

Los directores de Atapuerca presentaron en verano de 2012 un dedo de niño como prueba irrefutable del funeral más antiguo del mundo

Peter Andrews y Yolanda Fernández-Jalvo, y para explicar lo anterior, propusieron que los humanos habían sido devorados por carnívoros. De todas formas los directores de Atapuerca presentaron en verano de 2012 un dedo de niño como prueba irrefutable del funeral más antiguo del mundo. Decían que si hubieran sido los carnívoros los artífices de la acumulación humana, la falange no existiría al haber sido devorada completamente por éstos.

El fallo de esta hipótesis era que la mayoría de carnívoros no suelen comer dedos y prefieren hincar el diente allá donde hay carne, las falanges poco la poseen. Cabe añadir el modelo matemático que en 2018 desmentía el enterramiento ritual en SH. En la revista PNAS, y bajo modelos matemáticos, se demostraba que el funeral no encajaba con toda aquella asociación fósil, aunque todo ella resultaba obvio por una simple razón. Si los cuerpos fueron arrojados a la sima, ¿cómo no se encontraban enteros? Sería ilógico pensar que aquellos humanos arrojaron a sus parientes seleccionando sus partes.

 

Distribución de los individuos por edades

Otra paradoja residía en la distribución de los individuos por edades. Según estudios dentales, el 52 por ciento de aquellos restos eran adolescentes y adultos jóvenes. De hecho, el 60 por ciento de ellos tenía menos de 19 años y el 90 por ciento menos de 27. Solo existía la presencia testimonial de un individuo menor de 10 años en SH. Por lo tanto, había un claro predominio de restos humanos de mediana edad y una escasez de lactantes y ancianos.

Aquella distribución de edades en SH reflejaba una tasa de mortalidad anormal. En la mayoría de cazadores-recolectores fósiles y actuales la tasa de mortalidad infantil y anciana es muy elevada, como así también entre los neandertales y heidelbergensis estudiados. SH muestra un nivel de preservación óptimo por lo que sus restos reflejan bien la distribución original de las edades de los difuntos.

Este predominio de edades medias y escasez de lactantes y adultos no indicaba una tasa de mortalidad sino algo muy diferente, una tasa de accidentalidad

El hallazgo de restos frágiles y delicados como los huesos hioides y más de 30 huesos del oído medio indican un nivel de preservación espectacular. Es decir, deberíamos encontrar, si los hubo, abundantes restos de bebés y niños. Pero ya hemos dicho que los humanos de entre 0 y 11 años y los de más de 27 fueron escasos en SH. Este predominio de edades medias y escasez de lactantes y adultos no indicaba una tasa de mortalidad sino algo muy diferente, una tasa de accidentalidad.

Sabemos, y las aseguradoras sobre todo, que los adolescentes y los jóvenes son intrépidos sufriendo más que nadie muchos percances. En los humanos de SH probablemente éstos se alejaban del campamento más que bebés y personas mayores. Consecuentemente podían sufrir una mayor número de eventualidades. Una de ellas pudo ser la depredación por parte de grandes felinos existentes en aquel ecosistema.

Si SH hubiera sido un cementerio debería contener más individuos ancianos y natales que no los adolescentes y jóvenes hallados

En fin, que si SH hubiera sido un cementerio debería contener más individuos ancianos y natales que no los adolescentes y jóvenes hallados. Y cabe indicar que todos los cadáveres no fueron producto de ningún evento catastrófico como defendió uno de los directores de Atapuerca, sino que fueron depositados en diferentes niveles estratigráficos y en distintos momentos espaciados por miles de años. Léase en tal caso el trabajo de Arnold y colaboradores publicado en 2014 en el número 67 de la revista Journal of Human Evolution.

 

El bifaz hallado en la Sima de los Huesos

Otra de las contradicciones más elementales fue el análisis de la superficie de un hacha de mano hallada en SH. Este objeto fue considerado como una ofrenda simbólica arrojada a la sima. Los estudios al microscopio revelaron que el bifaz mostraba una erosión en sus bordes. Según datos experimentales, aquella abrasión fue producida por sedimentos arenosos, así lo publicaron Carbonell & Mosquera en 2006 en el número 5 de la revista Human Palaeontology and Prehistory. En geología se explica que el agua remueve, transporta y erosiona los elementos dentro de las cuevas. El bifaz hallado en SH era un claro elemento durante tal proceso.

El redondeo en las roturas transversales indicaba que los cadáveres fueron removidos largo tiempo después de su muerte, y dentro de las cuevas circundantes a SH

Cabe sumar a ello la presencia de abrasiones sobre los huesos humanos producto del mismo proceso y que fueron publicadas por Peter Andrews y Yolanda Fernández-Jalvo en 1997 y 2001 en el número 33 del Journal of Human Evolution, y en el número 105 de L’Anthropologie respectivamente. Estas abrasiones se hallaban en las superficies de fracturas transversales. Se supone que estas se producen cuando los huesos están parcialmente mineralizados, cosa que ocurre en menor proporción cuando están frescos. Por lo tanto este redondeo en las roturas transversales indicaba que los cadáveres fueron removidos largo tiempo después de su muerte, y dentro de las cuevas circundantes a SH.

Algunos restos craneales también presentaban abrasiones que un director de Atapuerca interpretó en su libro de 1999, El Collar del Neandertal, como pedradas cuando estos humanos luchaban o jugaban entre sí. Dadas las corrientes de agua por las cuevas, y el transporte de los huesos por las mismas, parece más lógico que estas cicatrices se produjeran cuando los huesos impactaron contra las paredes de las cavidades.

Otro ejemplo de ello lo tenemos en el yacimiento Plio-Pleistoceno sudafricano de Gondolin donde se han hallado restos de humanos mezclados y erosionados por las corrientes de agua de las cuevas con otras faunas asociadas. Véase el artículo de Adams y colaboradores en el número 26 de Quaternary Science Reviews del año 2007. Por lo tanto podemos decir que la asociación de fósiles de la Sima fue mezclada y erosionada por las corrientes de agua de la cueva. Muy probablemente los restos humanos, junto con el hacha, procedieran de una cámara superior que el agua transportó posteriormente hacia el fondo de la sima.

Cráneo 4 de la sima de los Huesos / Flickr – Fernando

 

Las marcas de mordedura en los huesos

A todo lo anterior cabe agregar las múltiples marcas de mordedura sobre los huesos humanos en SH. El cincuenta por ciento de los restos humanos en Sima de los Huesos estaban afectados por ellas, especialmente fémures, pelvis y extremidades. Véase los ya mencionados artículos de Andrews y Fernández-Jalvo. Aunque cabe añadir un trabajo desde el propio equipo de Atapuerca  donde se indicó lo mismo pero con una frecuencia infinitamente menor de mordeduras.

Fueron Sala, Arsuaga y colaboradores que en 2014 lo publicaron en el número 97 de Quaternary Science Reviews. Independientemente de la disparidad de datos, hubo una clara actividad carnívora sobre los humanos de SH concentrada principalmente en fémures, tibias y húmeros. Para los directores de Atapuerca fueron los mismos osos quienes mordisquearon a los humanos, pero para Andrews y Fernández-Jalvo fueron felinos y cánidos. Gracias a un estudio minucioso del diámetro de raspaduras y punciones sobre los huesos humanos, estos autores protagonizaron todo un CSI.

En su conjunto todos los mordiscos seguían una secuencia típica de más a menos abundancia de carne

Este análisis mostró un orden claro de acceso a las carcasas humanas por parte de distintos carnívoros. Así lo demostraron con el tamaño y la distribución de las marcas de caninos y molares. Las pelvis y vértebras lumbares presentan grandes marcas pertenecientes a un gran depredador. Por otro lado tibias, húmeros y radios las ostentan muy pequeñas y debidas a pequeños carroñeros.

De hecho, las marcas de masticación de los pequeños carnívoros eran mínimas en las pelvis. En su conjunto todos los mordiscos seguían una secuencia típica de más a menos abundancia de carne. Es decir, un gran carnívoro tuvo acceso primero a las piezas con más carne, los cuartos traseros entre pelvis y fémures, quedando el resto para carnívoros menores que aprovecharon los tejidos que quedaban. Esto resultaba consistente con la acción de un gran felino primero y el acceso posterior de cánidos. Todos esos carnívoros produjeron en su conjunto la primera asociación ósea con un alto porcentaje de extremidades como se halló en SH.

osos y humanos sufrieron diferentes procesos de mordedura

A pesar de lo anterior, los directores de Atapuerca insistieron que fueron los osos quienes mordisquearon los restos humanos, pero el patrón característico de las epífisis redondeadas infligidas por los osos no se hallaba en la asociación fósil de SH. Por otro lado, los osos predominaban en los niveles superiores del afloramiento de SH (Unidad LU-7) mientras que los humanos se acumularon en los niveles inferiores (Unidad LU-6). Y cabe el añadido que hay marcas de mordeduras de osos en huesos de oso pero no hay mordeduras de felinos o cánidos sobre los úrsidos. Es decir, osos y humanos sufrieron diferentes procesos de mordedura.

Arsuaga y Sala no aceptaron los trabajos de Andrews y Fernández-Jalvo intentando minimizar la actividad de los carnívoros sobre los humanos de SH

De todas formas Arsuaga y Sala no aceptaron los trabajos de Andrews y Fernández-Jalvo intentando minimizar la actividad de los carnívoros sobre los humanos de SH. Quizás todo ello fue para no invalidar su enterramiento intencionado en Atapuerca. De hecho estos autores aplicaron un método diferente de descripción con respecto a los primeros que reducía la proporción de los huesos con mordiscos.

Sala y Arsuaga sólo investigaron los que proporcionaban información clara y relevante como los huesos largos y planos, el resto de pequeños lo desestimaron. Así se explicaba que ambos trabajos dieran diferentes porcentajes de mordeduras. Arsuaga y Sala trabajaron con un número menor de huesos que Andrews y Fernández, algo que invalidaba las conclusiones de los primeros.

A pesar de todo lo anterior Arsuaga y Sala insistieron que su bajo porcentaje de mordeduras rechazaba cualquier contribución importante de los depredadores sobre los restos humanos de SH. Paradójicamente la gran mayoría de carnívoros imprimen tasas muy bajas de dentelladas sobre los huesos, algo nuevamente consistente con SH. De hecho el número de marcas de mordida depende de la disponibilidad de alimentos.

Ursus Deningeri Sima Huesos / Wikimedia – UtaUtaNapishtim

Los carnívoros roen menos huesos cuando la caza es abundante. Si realmente la tasa de mordeduras en SH fue baja, como Arsuaga defendía, implicó que el ecosistema en Atapuerca tenía una alta productividad biológica. De hecho, la diversidad taxonómica carnívora que se encuentra en SH es particularmente alta consecuencia de una elevada productividad de aquel ecosistema. Si así fue, parece que los carnívoros comían bien, incluidos a los humanos, y sin roer en demasía las carcasas.

Otro aspecto importante relacionado entre Homo y sus carnívoros coetáneos fue la estrecha relación entre todos ellos. Los osos, Homo, los felinos y los cánidos utilizaron las cuevas como refugio temporal durante milenios, los osos como lugar de hibernación, los felinos y los cánidos como guarida y los humanos como campamento. En resumen, que compartían estrategias carnívoras especializadas, competían por alimentos similares y frecuentaban las cuevas como lugar de descanso. Por lo tanto, la sierra de Atapuerca representó un área de competencia ecológica entre todos estos depredadores. Fue lógico que grandes felinos depredaran a los jóvenes e inexpertos humanos. Pero aquello sólo fue la punta del iceberg. Cabía explicar cómo se concentraron tantos cadáveres en el fondo de la Sima de los Huesos. Y en ello la geología tenía la respuesta.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

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