Los caracteres tallados sobre piedras «paleolíticas» recordaban de lejos el alfabeto fenicio

Tal día como hoy… 1 de marzo de 1925 un joven campesino encontraba «Las tablillas de Glozel»

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El 1 de marzo de 1925 un joven campesino encontraba unas inscripciones sobre piedra cuya antigüedad se estableció en más de 15.000 años. Ocurría en Glozel, en las cercanías de Vichy (Francia) y se las conoció como «Las tablillas de Glozel». Comenzaba con ello una de las polémicas arqueológicas más conocidas y escabrosas de la historia, con acusaciones de fraude, imposturas, descalificaciones, enfrentamientos verbales, procesos judiciales e implicaciones esotéricas, sin que aun hoy se conozcan todavía los auténticos entresijos del asunto.

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Fradin delante de algunas tablillas / Créditos: Agence de presse Meurisse – Bibliothèque nationale de France

CV / Émile Fradin (1908-2011) tenía 17 años y estaba con su abuelo cuando la vaca que tiraba del arado tropezó y se le hundió una pata en la tierra, apareciendo una fosa con un cráneo, vasijas de barro, utensilios, secciones de huesos y unas tablas de piedra con inscripciones en un alfabeto indescifrable para él. La noticia del hallazgo llegó hasta el doctor Antonin Morlet (1882-1965), un médico que trabajaba en el balneario y aficionado a la arqueología, que ofreció a los Fradin un pago anual a cambio de escavar en sus tierras. Los caracteres tallados sobre piedras «paleolíticas» recordaban de lejos el alfabeto fenicio.

El hallazgo causó una expectación inusitada. De confirmarse su autenticidad, habría que reescribir toda la prehistoria humana. El alfabeto más antiguo conocido era el fenicio, entre los siglos XV y XVII antes de Cristo. Si ahora resultaba que el hombre ya conocía la escritura 15.000 años antes, simplemente no cuadraba nada. Los Fradin convirtieron su granja en un rentable museo y al prado se le llamó desde entonces “el campo de los muertos”.

Morlet se puso en contacto con uno de los prehistoriadores más prestigiosos de Francia, Louis Capitan (1854-1929), que avaló la autenticidad del hallazgo y le propuso publicar conjuntamente un artículo, pero Morlet se avanzó anunciando el descubrimiento por cuenta propia, pasándolo del Paleolítico al Neolítico tras comprobar que los huesos no eran de reno, sino de ciervo,  cifrándolo ahora entre 5.000 y 6.000 años. Capitan se tomó su exclusión como una afrenta personal y pasó entonces a afirmar que el yacimiento era un puro fraude. Salomon Reinach, conservador del museo de antigüedades de Saint-Germain-en-Laye, aseguró que las tablillas demostraban que la escritura era una invención francesa. La polémica estaba servida y surgieron dos bandos irreconciliables.

El Institut International d’Anthropologie organizó  en 1927 un congreso en Amsterdam para tomar cartas del asunto, nombrando una comisión de siete expertos para que estudiara in situ el tema -entre ellos se encontraba el catalán Pere Bosch Gimpera-. Se estimó que varias piezas de la colección del museo eran burdas falsificaciones, afirmando en sus conclusiones que ”La comisión no excluye totalmente la hipótesis de introducción en el campo de objetos antiguos”. Morlet se lo tomó, lógicamente, muy mal. En cualquier caso, la polémica animó el interés turístico por el museo de los Fradin.

Hubo tres procesos judiciales, por falsificación, por difamación y para clausurar el museo. Fradin fue absuelto porque acreditó su absoluta ignorancia sobre arqueología prehistórica. A su vez, Porlet siguió porfiando y exigiendo nuevos informes a medida que iban apareciendo métodos de datación más precisos, como la termoluminiscencia y el C14, sin demasiada fortuna. Finalmente, un estudio encargado por el gobierno francés, realizado entre 1983 y 1990, situó el arco de antigüedad del yacimiento entre los siglos III y XX (!), siendo la mayoría objetos altomedievales; con una llamativa puntualización: No había ningún indicio de que el campo de los muertos hubiera sido ocupado antes de la Edad Media, con lo cual, de haber restos prehistóricos, habrían sido colocados posteriormente.

Émile Fradin, quien pese  a haber sido absuelto en juicio por «ignorante», siguió reivindicando el origen neolítico del yacimiento hasta su muerte a los 103 años

A pesar de todo, un grupo de irreductibles siguen agrupados en el Centre International d’Étude et Reherche de Glozel, reivindicando el origen neolítico del campo de los muertos. Y como no podía ser de otra manera, este informe tampoco convenció a los esotéricos partidarios del origen atlante o extraterrestre de las tablillas, que han convertido Glozel en tema de culto y objeto de congresos y documentales divulgativos, dando pábulo a todo tipo de teorías conspirativas para explicar el rechazo de la ciencia oficial a admitir su «verdadera» antigüedad.

Tampoco convenció a Émile Fradin, quien pese  a haber sido absuelto en juicio por «ignorante», siguió reivindicando el origen neolítico del yacimiento hasta su muerte a los 103 años.

Eso sí, hay que reconocer que no sabemos qué decía el informe sobre sobre las tablillas de marras y su supuesto alfabeto, porque no se hizo público. Apareció solo un resumen de 13 páginas que no las menciona para nada. Y da pie a preguntarse que si se admitían restos prehistóricos, aunque introducidos posteriormente, entonces de qué antigüedad eran y por quién.

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