Las tareas del cerebro

«¿De qué manera cambia el cerebro para procesar la información en palabras?»,  «¿Se trata de una reacción instantánea?»

El cerebro, una máquina dividida por tareas

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Según un nuevo estudio, la porción del cerebro responsable de la lectura visual no depende en absoluto del sentido de la visión. Este trabajo, que se ha publicado en la revista Current Biology, recibió fondos del proyecto financiado por la Unión Europea SEEING WITH SOUNDS («Correlatos neuronales y conductuales de la visión sin estimulo visual mediante la sustitución del sentido auditivo por el visual en videntes e invidentes»). Dicho proyecto contó con una prima internacional de regreso (IRG) Marie Curie por valor de 100.000 euros concedida al amparo del Séptimo Programa Marco (7PM).

Los autores llegaron a esta conclusión tras realizar estudios de imagen del cerebro de invidentes mientras leían palabras en Braille, estudios que mostraron la presencia de actividad precisamente en la misma parte del cerebro que se activa cuando leen los videntes. En su opinión, este hallazgo cuestiona la noción establecida según la cual el cerebro se divide en regiones especializadas en procesar la información procedente de un sentido u otro. «El cerebro no es una máquina sensorial, aunque a veces lo parezca, sino que es una máquina dividida por tareas», aseguró el Dr. Amir Amedi, catedrático de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que dirigió el estudio. «Determinada zona del cerebro puede desempeñar una única función -en el caso que nos ocupa, la lectura- con independencia del estímulo sensorial que reciba.»

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La lectura, un invento reciente

A diferencia de otras tareas desempeñadas por el cerebro, la lectura es un invento reciente (apenas unos 5,400 años), mientras que el Braille se utiliza desde hace menos de 200 años. «Es un tiempo insuficiente para que la evolución haya dado lugar a un módulo dentro del cerebro dedicado en exclusiva a la lectura», explicó el Dr. Amedi. Estudios anteriores en videntes realizados por otro de los autores, Laurent Cohen, de la Universidad Pierre et Marie Curie (Francia), habían mostrado que una zona muy concreta del cerebro, denominada VWFA (siglas inglesas de «área de representación visual de palabras»), está reservada para este propósito. Pero hasta ahora se desconocía lo que ocurre en el cerebro de los invidentes que aprenden a leer sin experiencia visual alguna.

El equipo del Dr. Amedi utilizó la técnica de resonancia magnética funcional (RMf) para medir la actividad neuronal en ocho individuos con ceguera congénita mientras leían palabras en Braille y también series sin sentido de caracteres en Braille. Si en efecto el cerebro estuviera dividido por zonas encargadas de procesar información sensorial de distintas clases, lo más probable es que la lectura de Braille dependiera de las regiones encargadas de procesar la información táctil, señaló el Dr. Amedi. En cambio, si el cerebro estuviera organizado por tareas, el pico de actividad en todo el cerebro se observaría en la VWFA, justo donde se localiza en los lectores videntes. Y esto último es precisamente lo que hallaron los autores del estudio referido.

Una comparación más profunda de la actividad cerebral de lectores videntes e invidentes no reveló diferencia alguna entre los patrones en la VWFA de los dos grupos. «Las principales propiedades funcionales de la VWFA definidas en los videntes se observan también en los invidentes, por lo que no dependen de la modalidad sensorial de la lectura y, lo que es aún más sorprendente, no precisan ninguna experiencia visual previa», escriben los autores. «A nuestro juicio, esto ofrece los argumentos más sólidos hasta la fecha a favor de la teoría metamodal [de la función cerebral]», que sugiere que las regiones del cerebro se diferencian de acuerdo con las tareas que desempeñan. «Por consiguiente, la VWFA también debería llamarse área de representación táctil de palabras o, de manera aún más general, área de representación (metamodal) de palabras.»

Los autores sugieren que esta VWFA constituye una zona de integración multisensorial que fusiona características simples en descripciones de formas más complejas, por lo que resulta óptima para encargarse de la tarea relativamente nueva de la lectura. «Su ubicación anatómica y su fuerte conexión con zonas del lenguaje permiten que actúe como puente entre la representación perceptiva de las palabras de alto nivel y los componentes de la lectura relacionados con el lenguaje», aducen. «Es, pues, la región más idónea para “movilizarse” durante la adquisición de la capacidad lectora, incluso cuando esta capacidad se adquiere por medio del tacto careciendo de experiencia visual previa.»

El Dr. Amedi informó que su equipo se propone a continuación examinar la actividad cerebral en individuos que aprenden a leer Braille por primera vez, para observar la rapidez con que se produce esa movilización. «¿De qué manera cambia el cerebro para procesar la información en palabras?», se preguntó. «¿Se trata de una reacción instantánea?»

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