Laura y Petrarca

Retrato de Laura en la Biblioteca Laurenciana y de Francesco Petrarca (1304-1374) / Wikimedia

Tal día como hoy… 6 de abril del año 1327 Petrarca veía por primera vez a Laura

 

El 6 de abril del año 1327, día de viernes santo, en la iglesia de Santa Clara de Asís, en la ciudad de Avignon, el poeta y humanista italiano Petrarca veía por primera vez a Laura, que luego se convertiría en el amor idealizado que recorrerá toda su obra.

 

CV / Se ha dicho que el Renacimiento consistió en el redescubrimiento de la tradición grecolatina clásica, que la Edad Media había jibarizado y adulterado la tradición clásica, adecuando a sus intereses y conveniencias a autores que, aun así, eran difícilmente cristianizables. Fue el caso, sin ir más lejos, de Platón y Aristóteles, visto éste como un precristiano, y aquél como un neoplatónico más, y había omitido, cuando no prohibido, todos aquellos textos, de estos citados autores u otros cualesquiera, que no encajaran en el dogma cristiano interpretado por la Iglesia.

Se ha dicho que el Renacimiento consistió en el redescubrimiento de la tradición grecolatina clásica, que la Edad Media había jibarizado y adulterado la tradición clásica

San Agustín, por ejemplo, se refería a Epicuro como Ecce Porcus. Autores como Lucrecio, Virgilio, Horacio, o arquitectos como Vitrubio, estaban simplemente, como diríamos en lenguaje moderno «descatalogados». Fue en el siglo XIV que, de la mano de autores geniales como Dante (1265-1321), Petrarca (1304) y Boccaccio (1313-1375), se produjo un redescubrimiento de los clásicos que propició el Renacimiento en los siguientes siglos XV y XVI.

Petrarca se encontraba en Avignon exiliado. Había nacido en Arezzo, en plena Toscana italiana, el 20 de julio de 1304, hijo de un notario florentino que tuvo que exiliarse a Avignon por su condición de güelfo blanco y por su amistad con Dante. El joven Francesco llegó con su familia a Avignon y creció en la vecina localidad de Carpentras. En la Provenza se imbuyó del espíritu trovadoresco y estudió a los clásicos, empezando por Cicerón.

Aquel 6 de abril de 1327 Petrarca tenía 22 años y estaba asistiendo a los ceremoniales litúrgicos propios del viernes santo; tiempos de recogimiento y penitencia. Pero él no reparó tanto en esto como en la visión de una bella dama, Laura, que dejó para siempre una huella indeleble, tanto en su corazón como en su intelecto. Laura fue la musa que le inspiró -como Beatriz a Dante- durante el resto de su vida. El amor idealizado imposible que deviene fuente de inspiración. El Cancionero, acaso su obra poética más excelsa, está enteramente escrita pivotando sobre su figura; 366 poemas, 263 escritos en vida de Laura, y 103 después de su muerte. ¿Pero quién fue realmente Laura?

Algunos estudiosos piensan que en realidad Laura nunca existió y que fue un recurso poético que le sirvió a Petrarca para desarrollar todo su talento

Algunos estudiosos piensan que en realidad nunca existió y que fue un recurso poético que le sirvió a Petrarca para desarrollar todo su talento. En este sentido, se ha apuntado que podría referirse a «laurus», laurel, el árbol sagrado que representa a Apolo, el dios grecorromano de la poesía.

Pero también existió una Laura que vivía en Avignon en aquellos mismos tiempos. Laura de Noves, probablemente originaria de Noves, una localidad provenzal situada en el distrito de Arles, conocida como Laura de Sade por ser la esposa del marqués Hugo de Sade. Tendría 17 años cuando Petrarca la vio y ya estaría por entonces casada con el conde; de ahí el amor inexorablemente imposible propio del «amor cortés» trovadoresco. Lo que se sabe de Madonna Laura es, básicamente, lo escrito por Petrarca, que pasó los siguientes tres años cantando su amor platónico y siguiéndola en sus paseos por Avignon.

Pero también existió una Laura que vivía en Avignon en aquellos mismos tiempos. Laura de Noves, conocida como Laura de Sade por ser la esposa del marqués Hugo de Sade

Se sabe también que Laura de Sade tuvo numerosos hijos, que probablemente nunca reparó en Petrarca, y que murió en abril de 1348, a los 38 años, víctima de la epidemia de peste negra que asoló Europa, la misma que indujo a Boccaccio a escribir su ‘Decamerón’. Y algo más, a lo que sin duda la virtuosa Laura fue totalmente ajena: uno de sus descendientes directos fue el famoso marqués de Sade del siglo XVIII. El poeta francés Maurice Scève pudo haber encontrado su tumba en 1533.

Por lo demás, de Petrarca afirma Bertrand Russel en su ‘Historia de la Filosofía Occidental’, en los términos más elogiosos que se puedan imaginar, que tras la muerte de San Agustín y el fin de la Antigüedad, tuvieron que pasar casi mil años de Edad Media para que Occidente alumbrara una nueva figura intelectual de la categoría de éste, o de cualquiera de los que le habían precedido; éste fue Petrarca.

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