Hay una cierta simplificación del pensamiento y una merma de nuestra capacidad crítica, que se puede ver tanto en la decadencia que ha experimentado la prensa impresa como en el predominio de lo que podemos llamar ‘ensayos débiles’ / UAH

“Debemos procurar que los libros tengan peso en nuestra sociedad”

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Según el estudio ‘Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España en 2017’, de la Federación de Gremios de Editores de España, los niveles de lectura de libros se han incrementado más de un 4% en los últimos 5 años. La lectura en formato digital de todo tipo de contenidos se ha situado en el 76,3 %, 18 puntos más que en 2012, pero la de libros es menor que la de prensa o redes.

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UAH / En esta entrevista el profesor Antonio Castillo, experto en historia de la escritura, del libro y de la lectura, analiza las conclusiones de este estudio.

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¿A qué hacemos referencia cuando hablamos de ‘niveles de lectura’?

Con la expresión ‘niveles o hábitos de lectura’ se hace referencia al porcentaje de población que lee y a la asiduidad con la que lo hace. Habitualmente se distingue entre ‘lectores frecuentes’, que son aquéllos que leen todas las semanas; ‘lectores habituales’, los que lo hacen al menos una vez al mes; ‘lectores ocasionales’, cuando la práctica de la lectura es más excepcional, alguna vez al mes o al trimestre, y ‘no lectores’, quienes no leen nunca o casi nunca.

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¿A qué puede deberse el aumento de los niveles de lectura de libros en España en los últimos años?

En el estudio se ha observado un aumento significativo de la lectura en formatos digitales, que ha pasado del 58% en 2008 al 76% en 2017

El aumento, modesto, que se ha producido en los últimos años está relacionado, sobre todo, con el crecimiento del número de lectores que lee en soporte digital. El lector habitual sigue prefiriendo el libro en papel. No obstante, en el estudio se ha observado un aumento significativo de la lectura en formatos digitales, que ha pasado del 58% en 2008 al 76% en 2017. Esta modalidad de lectura se concentra principalmente en redes sociales, webs, foros, blogs y periódicos, aunque en los últimos años se ha detectado también un incremento de la lectura digital de libros, que actualmente alcanza al 27% de la población de 14 o más años.

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¿Qué diferencias observa entre la lectura en formato digital y la lectura en papel?

Tal vez sea pronto para valorarlos adecuadamente por la falta de estudios concluyentes. Es indiscutible que los formatos digitales permiten un acceso más inmediato a los textos y una permanente actualización de estos, lo que resulta especialmente favorable en el caso de los periódicos digitales y las webs de información. Asimismo, han potenciado la interactividad entre lenguajes (escritura, imagen, audio) y una mayor conectividad entre los usuarios, sobre todo en las formas de lectura desarrolladas en las redes sociales. Como contrapartida, la lectura digital tiende a ser menos reposada y reflexiva, por lo que genera ciertas dificultades para la comprensión de textos complejos.

En el caso de la información, existe también una cierta tendencia a la lectura de titulares y enunciados simples, aparte de los problemas asociados a la verificación de las noticias difundidas por las redes sociales… Puede decirse que la inmediatez y la dispersión que propician los formatos digitales no se compagina con la atención y la concentración que requiere una lectura plenamente comprensiva, al menos de determinados textos. Tal vez detrás de esto se encuentre una cierta simplificación del pensamiento y una merma de nuestra capacidad crítica, que se puede ver tanto en la decadencia que ha experimentado la prensa impresa como en el predominio de lo que podemos llamar ‘ensayos débiles’.

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¿Cuáles son los hábitos de lectura más recomendables?

Los hábitos más recomendables son aquellos que integran los libros en nuestra vida cotidiana y hacen que la lectura se convierta en algo habitual

Sin duda, los hábitos más recomendables son aquellos que integran los libros en nuestra vida cotidiana y hacen que la lectura se convierta en algo habitual, sea como forma de entretenimiento y distracción, sea como forma de aprendizaje e información. En este sentido, llama la atención, por ejemplo, el poco tiempo que ocupa en los discursos públicos de nuestros mandatarios, por no hablar de aquellos que se jactan de no leer o de tener como periódico de cabecera un diario deportivo, con todos mis respetos para los aficionados al deporte.

La lectura avanza cuando la sociedad en su conjunto percibe los beneficios que reporta para el progreso individual y colectivo. Después de todo, como dijo hace tiempo el pedagogo brasileño Paulo Freire, el acto de leer es importante porque nos ayuda a comprender y transformar el mundo.

Más que ensalzar el libro y la lectura en abstracto, lo que debemos procurar es que los libros tengan peso en nuestra sociedad. Sobran declaraciones retóricas y faltan políticas públicas que fomenten la creación literaria, doten adecuadamente a las bibliotecas escolares y públicas, y apoyen a las editoriales y a las librerías, sobre todo a las más pequeñas.

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¿De qué forma se podría motivar la lectura en aquellos sectores de la población menos interesados en ella?

No creo que haya recetas mágicas. De un lado, es difícil incorporar a la lectura a quien considera que leer libros es una pérdida de tiempo. De otro, tampoco podemos obviar que la lectura requiere, por lo general, de soledad y aislamiento, es decir, todo lo contrario a lo que persiguen los medios audiovisuales.

Además, el ritmo de vida y la competitividad de la sociedad actual tampoco lo ponen fácil. Aunque, visto a la inversa, podríamos pensar que esto último sería motivo suficiente para hacer de la lectura una forma de resistencia. Pero se trata de una desiderata que solamente es válida para quienes son conscientes de la deshumanización que ha traído el capitalismo 3.0.

Siendo más prácticos, la motivación a la lectura tiene que arrancar de la infancia y de la adolescencia, y en esas edades es fundamental la labor de madres y padres, maestras y maestros y del personal de las bibliotecas públicas. Todos ellos deben colaborar para que el libro se integre en el día a día de los niños y adolescentes leyéndoles en casa (sobre todo cuando son más pequeños), eligiendo bien las lecturas, llevándoles a las bibliotecas y librerías, así como a cuantas actividades giren en torno al libro y la lectura. Esto mismo sirve igualmente para los adultos, quienes pueden acercarse a la lectura a través de presentaciones de libros, encuentros con autores, clubes de lectura o talleres de escritura.

De modo general, lo más relevante es el papel que como sociedad asignamos a la educación y a la cultura.

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