En la imagen, a la izquierda una de las páginas del manuscrito de Alice in Wonderland, que el escritor presentó a Alice Liddell en 1864. Se conserva en la Biblioteca Británica. A la derecha, Carroll, en una fotografía tomada por él mismo (Wikipedia)

Tal día como hoy… 27 de enero de 1832, nacía Lewis Carroll

Seudónimo del autor de ‘Alicia en el país de las maravillas’.

 

El 27 de enero de 1832, nacía en Cheshire, Reino Unido, Charles Lutwidge Dogson, más conocido por Lewis Carroll, seudónimo del autor de ‘Alicia en el país de las maravillas’. Aunque debe su fama universal a dicha obra, Lewis Carroll, o Charles Dogson, fue un destacado matemático y lógico que ejerció como profesor en la Universidad de Oxford –en el Christ Church College-, diácono de la Iglesia anglicana y un gran aficionado a la fotografía.

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CV / Escribió tratados de geometría, álgebra y lógica, abordando temas tan variados como la cuadratura del círculo, el lenguaje cifrado o los silogismos. También cultivó la poesía. Firmó sus publicaciones literarias generalmente con el seudónimo de «Lewis Carroll», que obtuvo a partir de latinizar el apellido de su madre y su propio nombre de pila, Lutwidge y Charles, Ludovicus y Carolus, para reconvirtiéndolos de nuevo otras variantes del inglés: Lewis Carroll.

La pasión por la fotografía y su proclividad a retratar niños y niñas, en ocasiones desnudos, ha sido objeto de debate sobre sus posibles tendencias pedófilas

La pasión por la fotografía y su proclividad a retratar niños y niñas, en ocasiones desnudos, ha sido objeto de debate sobre sus posibles tendencias pedófilas, acaso reprimidas en voyerismo. De su obra fotográfica conservada, la mitad más o menos son retratos de niñas, de las cuales seis de ellas son desnudos. Asimismo, parece que en alguna ocasión tuvo problemas con tal «afición» y entregó los desnudos a los padres de las niñas. Se calcula que llegó a tomar unas tres mil fotografías –lo cual es mucho, para la época-, de las cuales se conservan unas mil. Sin que se sepan las razones, en 1880 abandonó de forma definitiva la fotografía, siendo esta repentina decisión a su vez objeto de especulaciones diversas.

Según nos cuenta en sus diarios, el  4 de julio de 1862 Carroll realizó una sus habituales excursiones en barca por el Támesis con las tres hijas del decano de su facultad, Henry Liddell. Para amenizar el trayecto, y como había hecho ya en otras ocasiones, les contó a las niñas un relato improvisado. Les gustó tanto que una de las tres hermanas, Alice, le rogó que lo escribiera. Así nació ‘Alice’s Adventures in the Under Ground’ –Las aventuras subterráneas de Alicia-, cuyo manuscrito le regaló a la niña por Navidad.

Tres años más tarde, tras adaptar el texto original, publicaba ‘Alices’s Adventures in Wonderland’ (1865) -Alicia en el país de las maravillas- , con el seudónimo de Lewis Carrol. A causa del enorme éxito que obtuvo, seis años más tarde publicó ‘Trough the Looking-Glass and what Alice Found There’ (1871) –Alicia a través del espejo-.

Con frecuencia, suele considerarse entre el gran público a ‘Alicia en el país de las maravillas’ una obra escrita para niños. Ello es debido en parte a la versión cinematográfica en dibujos animados que Walt Disney realizó en 1951. En realidad, no tiene casi nada tiene que ver con una obra infantil, más bien todo lo contrario, aunque sus personajes y el universo contextual del relato pudiera en cierto modo sugerir tal cosa o, si acaso, su adaptabilidad a este género.

‘Alicia en el país de las maravillas’ una obra escrita para niños, aunque en realidad, no tiene casi nada tiene que ver con una obra infantil

Pero solo en la medida que los «personajes» que se suceden se inscriben en un universo fuera de las leyes lógicas propias del pensamiento racional humano, donde las ilusiones y los hechos se confunden poniéndose manifiestamente en contraste a partir precisamente de su indiferenciación. Se antoja sin duda como un universo infantil el desfile de sombrereros atrabiliarios, conejos con levita y reloj de aire victoriano, huevos antropomorfos parlantes, gatos evanescentes que solo dejan su sonrisa o reinas estrafalarias que juegan a un ajedrez sin reglas… pero el huevo discute sobre semántica, el sombrerero se antoja una ocurrente y graciosa, a la vez que contundente refutación en hecho del pragmatismo filosófico de Pierce y Dewey, y el ajedrez solo carece de reglas aparentemente…

…Claro que había reglas, pero son otras: las que marca la reina en cada momento; y variables: las modifica según su antojo. ¿Es esto tan ilógico o acaso no se cambian en la vida real la reglas del juego en mitad de la partida a conveniencia del que está en condiciones imponerlas? La misma reina que, por otra parte, proclama que las palabras tienen dueño, significan lo que ella quiere en cada momento que signifiquen. Humano al fin y al cabo, muy humano.

Charles L. Dogson falleció el 14 de enero de 1898, a los 66 años de edad, a consecuencia de una gripe que se le complicó en bronquitis; su otro yo, Lewis Carroll, resultó ser inmortal.

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