Ley de Sufragio Universal (masculino)

El sufragio que se aplicó durante la mayor parte del siglo XIX fue censitario / Wikimedia

Tal día como hoy… 5 de mayo de 1890 se promulgaba en España la Ley de Sufragio Universal (masculino)

 

El 5 de mayo de 1890, siendo presidente del consejo de ministros Práxedes Mateo Sagasta, se promulgaba en España la Ley de Sufragio Universal (masculino). El uso que se hará de él a partir de entonces en cada etapa dependerá, obviamente, de la naturaleza del sistema político, y otra cosa será, ciertamente, el uso que se haga de él o que se niegue el derecho a voto. Pero como principio, aplicado por primera vez en Francia en 1792, quedará definitivamente asentado en España. El verdadero sufragio universal no se producirá hasta 1933, cuando la II República concedió el derecho al voto femenino.

 

CV / En realidad el sufragio universal (masculino) se había aplicado ya con anterioridad en España. Se utilizó por primera vez para elegir a los representantes de las diputaciones provinciales de la Constitución de 1812, al menos sobre el papel, porque en la práctica concurrieron varios factores que impidieron su aplicación de forma efectiva.

En realidad el sufragio universal (masculino) se había aplicado ya con anterioridad en España

El primero, la situación de guerra que se estaba viviendo y la falta de un censo mínimamente consistente; el segundo, que dicho derecho estaba restringido a los hombres que supieran leer y escribir; el tercero, la breve vida de dicha constitución, que fue derogada por Fernando VII a su regreso, en 1814. Luego, en los periodos que la Constitución de 1812 fue reimplantada, el sufragio universal no llegó a aplicarse, entre otras razones por la fugacidad temporal de los periodos en que estuvo vigente.

El sufragio que se aplicó durante la mayor parte del siglo XIX fue censitario, es decir, restringido a los hombres que cumplieran una serie de requisitos de nivel instrucción, de nivel de renta o de pertenencia a clase social. Según el momento y los criterios empleados, el censo podía consistir perfectamente en una ínfima parte de la población.

La primera vez que el sufragio universal pleno (masculino) se aplicó de forma generalizada en España fue con la Revolución «Gloriosa» de 1868

La primera vez que el sufragio universal pleno (masculino) se aplicó de forma generalizada en España fue con la Revolución «Gloriosa» de 1868 –la de Prim, Serrano…-, quedando legislado en la Constitución de 1869. Se mantuvo durante la monarquía de Amadeo I (1871-1873) y con la I República (1873-1874). Tras el pronunciamiento de Martínez Campos, Cánovas, la restauración borbónica y la Constitución de 1876, se volvió al voto censitario, según los deseos del auténtico dueño de la situación y arquitecto de la Restauración, Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897).

La estructura política de la Restauración se basaba fundamentalmente en el caciquismo como substrato y alma mater de un modelo parlamentario concebido como remedo del parlamentarismo británico, para darle un barniz democrático a un sistema profundamente conservador y clientelista. Entre las apariencias a mantener estaba la de la alternancia en el poder. Para ello Cánovas diseñó a Sagasta, antiguo líder progresista con Prim y Ruiz Zorrilla, reciclado por Cánovas a ejercer de comparsa testimonial de oposición liberal.

En realidad, Cánovas aborrecía del sufragio universal, incluso aunque en aquellos tiempos tal concepto incorporaba solamente a la población masculina, imitando en esto a sus admirados políticos victorianos británicos, solo que estos últimos, por regla general, se guardaban para sus adentros su desdén por el pueblo llano y solo se sinceraban con sus propios congéneres sociales tras las consabidas ingestas de alcohol en sus clubs privados. Cánovas, en cambio, mucho más «campechano», no tenía el menor reparo en proclamarlo públicamente.

Pero en esto resulta que Sagasta se acordó un buen día que era el líder de la oposición y, recordando sus viejos tiempos en el partido progresista, le dio postular la propuesta de sufragio universal como medida de gobierno. Nunca hubiera osado hacerlo sin contar con la aprobación previa y tácita de Cánovas, que dio su beneplácito y hasta aceptó que Sagasta se pusiera la medalla, fundamentalmente por dos razones. La primera, porque si el asunto era mantener las apariencias, el sufragio universal era una medida de primer orden en este sentido; la segunda, que si el peligro era que los votantes se desmadraran, éste estaba conjurado con unas circunscripciones electorales prácticamente unipersonales que garantizaban el control de los caciques, votara quien votara. Total, además, nunca se negó que los resultados se alteraban cada vez que convenía…

En 1931, la II República modificó los distritos electorales, ampliándolos y cercenando así las posibilidades de manipulación clientelista y caciquil del voto

En 1931, la II República modificó los distritos electorales, ampliándolos y cercenando así las posibilidades de manipulación clientelista y caciquil del voto. Dos años después, en 1933, se aprobó el sufragio universal pleno, incorporando el voto femenino. Y así desde entonces hasta hoy en día, con el consabido paréntesis de la dictadura franquista entre 1939 y 1975.

Recientemente, el concepto de sufragio universal ha sido cuestionado desde la perspectiva del movimiento sociológico epistocrático. A otro nivel, Isaac Asimov escribió mucho antes, en 1955, ‘Franchise’ –Sufragio universal- una novela breve en el cual, en clave irónica y críticamente mordaz, alertaba sobre los límites del sufragio universal y de la propia democracia a partir de las aplicaciones informáticas de la estadística y la sociología. En su momento pasó por un relato de ciencia ficción… Mejor lo dejemos así.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí