Lluis Companys

El consejo de guerra duró un solo día, siendo condenado a muerte y fusilado al día siguiente / Wikimedia

Tal día como hoy… 15 de octubre de 1940 Lluis Companys era fusilado

 

El 15 de octubre de 1940, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluis Companys i Jover, era asesinado en el castillo de Montjuic, en Barcelona. Fue fusilado tras ser condenado a muerte el día antes en una parodia de juicio, bajo la forma de consejo de guerra sumarísimo, con la sentencia decidida de antemano por el propio dictador, el general Franco.

 

CV / Companys había nacido en Tarrós (Lérida) el 21 de junio de 1892. Su padre era un propietario rural ilustrado y de ideas liberales; su madre, era de origen noble aragonés. Sus primeros pasos en la política los dio durante su época de estudiante de Derecho en la Universidad de Barcelona, militando en la Unión Republicana de Nicolás Salmerón, expresidente de la I República.

En 1933, al fallecer Francesc Macià, como presidente del parlamento catalán, le sucedió como presidente de la Generalitat

En 1931, participó en la fundación de Esquerra Republicana de Catalunya. En 1933, al fallecer Francesc Macià, y como presidente del parlamento catalán, le sucedió como presidente de la Generalitat. Companys pertenecía al ala más moderada y federalista de ERC, frente a los grupos más exaltados, procedentes Estat Català –que siguió funcionando como un partido dentro ERC-. Encarcelado tras los hechos de octubre de 1934 –el mayor error de su carrera política, al decir de muchos-, recuperó la presidencia de la Generalitat tras las elecciones de febrero de 1936, que dieron la victoria al Frente Popular. Luego vino la Guerra Civil…

Tras la caída de Cataluña en el invierno de 1939, Companys se encontraba exiliado en Francia. A diferencia de otros políticos republicanos, no huyó tras la ocupación nazi porque quería seguir cerca de un hijo suyo que se encontraba internado en un sanatorio mental cerca de París, al que no podía llevar consigo. A instancias del gobierno de la dictadura franquista, fue detenido por la policía alemana en Nantes en 13 de agosto de 1940 y entregado a las autoridades francesas del régimen de Vichy. A su vez, los franceses lo entregaron a las autoridades franquistas el 29 de agosto en la frontera de Irún.

A diferencia de otros políticos republicanos, no huyó tras la ocupación nazi porque quería seguir cerca de un hijo suyo que se encontraba internado en un sanatorio mental

Fue llevado a Madrid, trasladado a la Dirección General de Seguridad, donde interrogado y torturado. El 3 de octubre fue llevado a Barcelona e internado en el castillo de Montjuic. El 14 de octubre se le juzgó por «adhesión a la rebelión militar». Una acusación algo irónica si tenemos presente que se mantuvo leal al gobierno español legítimamente constituido de la II República, y que quienes le juzgaban eran precisamente los «rebelados». El consejo de guerra duró un solo día, siendo condenado a muerte y fusilado al día siguiente. Se negó a que le vendaran los ojos y murió gritando «Per Catalunya».

Fotografía de varios presos políticos encarcelados en la Cárcel Modelo de Barcelona en noviembre de 1930. Entre ellos, Lluís Companys, su hijo, Ángel Pestaña, Joan Lluhí i Vallescà o Emili Granier Barrera. / Wikimedia

De la parodia de juicio a que fue sometido, dio fe años después su propio defensor durante el consejo de guerra, el capitán de ingenieros Ramón de Colubí (1910-2007). Colubí era un militar de carrera que había sido hecho prisionero el 19 de julio de 1936 en el cuartel de Sant Andreu, en Barcelona. Fue liberado en la frontera francesa en enero de 1938, gracias a un canje de prisioneros que había gestionado el propio Companys, con la mediación de la Cruz Roja. De Francia pasó entonces a la zona rebelde, incorporándose al ejército franquista.

De la parodia de juicio a que fue sometido, dio fe años después su propio defensor durante el consejo de guerra, el capitán de ingenieros Ramón de Colubí (1910-2007)

Tras la guerra, y pese a no ser abogado, se le encomendó la defensa de presos republicanos. No era un hombre revanchista y se tomó en serio la defensa de los presos que le asignaron. De 150 procedimientos, consiguió salvar de la pena de muerte a 147. Sintonizó muy bien con Companys y llegó a ponerse él como ejemplo de que el acusado no había colaborado ni propiciado las matanzas indiscriminadas de los primeros días de la guerra por parte de los anarquistas. Solicitó testigos que podían avalar el comportamiento de Companys, pero el consejo de guerra se los denegó. Pero la dictadura estaba ávida de sangre y todo fue inútil. En agradecimiento por su actitud, Companys le regaló sus gemelos poco antes de ser fusilado.

Años después, autoexiliado en Venezuela, el propio Colubí afirmó en el 2004 sobre el juicio a Companys: “Todo aquello era absurdo. Sabía que a mí me había tocado cubrir las apariencias para que el proceso pareciese legal, cuando sabíamos que todo respondía a una orden concreta del general Franco para que Companys fuera fusilado”.

En los años 90 del siglo XX, el canciller alemán Helmut Kohl y el presidente francés François Mitterrand, pidieron perdón por la participación de sus respectivos países en los hechos que llevaron a asesinato de Companys.

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