La mayoría de los estudios sobre el cambio climático describen los impactos económicos y los costes de la aplicación de las políticas de mitigación en términos de Producto Interior Bruto (PIB)

Los acuerdos climáticos globales, más fáciles de negociar bajo criterios de bienestar humano

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Un estudio del ICTA-UAB concluye que los acuerdos contra el cambio climático resultarían más atractivos para los países ricos si se analizaran teniendo en cuenta el Índice de Desarrollo Humano (IDH), en vez del PIB.

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UAB / La mayoría de los estudios sobre el cambio climático describen los impactos económicos y los costes de la aplicación de las políticas de mitigación en términos de Producto Interior Bruto (PIB). El temor a que estas políticas climáticas puedan comportar una reducción en el crecimiento, o incluso el nivel, del PIB podría llevar a los dirigentes políticos a desestimar su aplicación, preocupados porque el acuerdo climático resulte demasiado costoso para sus países y frene su crecimiento económico.

Para realizar una evaluación más justa de la aplicación de políticas climáticas, el estudio propone reemplazar como indicador el PIB por el Índice de Desarrollo Humano (IDH)

Un estudio realizado por el profesor Jeroen van den Bergh del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) y publicado recientemente en la revista Climate Policy propone la utilización de un indicador alternativo al PIB que evalúa en términos de bienestar humano los efectos de las políticas climáticas para mantener el incremento de la temperatura del planeta por debajo de dos grados.

Van den Bergh destaca que el PIB es un indicador inapropiado para medir el bienestar social, especialmente en los países ricos, ya que numerosos estudios demuestran que el incremento del PIB per cápita apenas contribuye a un mayor bienestar o felicidad de su población. “De este modo, si los impactos del cambio climático se miden como pérdida de PIB, estaríamos sobreestimando seriamente los costos reales de la política climática”, indica.

Para realizar una evaluación más justa de la aplicación de políticas climáticas, el estudio propone reemplazar como indicador el PIB por el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Se considera que el IDH representa mucho mejor el bienestar social tanto en los países pobres como en los ricos porque captura tres factores que contribuyen directa e indirectamente al logro de la felicidad: esperanza de vida, educación y nivel de vida. Por ello, es la medida habitual para evaluar políticas (inter)nacionales dirigidas al desarrollo y la reducción de la pobreza.

Los niveles actuales de IDH mundial muestran que los países ricos se han estabilizado en un rango estrecho de valores IDH alrededor a 0,9 (en una escala de 0 hasta 1), mientras que los países del África subsahariana con la clasificación más baja se concentran alrededor de 0,5.

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Crecimiento de bienestar humano en vez de impacto económico

El nuevo estudio calcula cuánto crecimiento del bienestar (IDH) es posible bajo diferentes escenarios de emisión de gases de efecto invernadero. Esto se compara con una política que maximiza el PIB mundial. Los resultados muestran que si los impactos se miden en términos de crecimiento de bienestar humano en vez de impacto económico (PIB), los países pobres dispondrían todavía de margen para crecer tanto en emisiones como en bienestar hasta alcanzar un alto nivel de IDH = 0,8.

El nuevo estudio calcula cuánto crecimiento del bienestar (IDH) es posible bajo diferentes escenarios de emisión de gases de efecto invernadero

Por el contrario, los países con un IDH alto (superior a 0,8) deberían reducir sus emisiones, sin que esto tenga consecuencias graves para su IDH. “Los hallazgos muestran que un acuerdo climático justo en este sentido sería más atractivo para los países ricos bajo el IDH que en el marco del PIB”, indica Jeroen van den Bergh. Permitiría que los países pobres alcanzasen niveles de desarrollo más altos mientras el mundo permanece dentro del presupuesto de carbono de dos grados.

Éste es el primer estudio que cambia la narrativa de la evaluación de la política climática de un punto de vista de crecimiento del PIB a un mensaje de mejora del bienestar social según el indicador IDH. Esto podría facilitar que los líderes políticos y los negociadores climáticos se comprometan públicamente con ambiciosos objetivos de reducción de las emisiones de carbono que van más allá del Acuerdo de París, necesarios para proteger nuestro planeta contra un cambio climático extremo.

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