El océano Atlántico, como se ve desde la costa oeste de Portugal./ Imagen: Wikipedia

¿Dónde se esconde la basura oceánica?

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Normalmente el océano evoca imágenes de aguas profundas de un intenso azul oscuro y olas perfectas que bullen de organismos exóticos y no tanto las de enormes islas de residuos plásticos como la Gran mancha de basura del Pacífico, una acumulación de deshechos que hay quien sostiene que supera en tamaño a los Estados Unidos. Por desgracia se teme que las acumulaciones de residuos de esta naturaleza crezcan parejas a la producción de plástico en los últimos decenios. Sorprendentemente, un equipo de científicos descubrió que estas moles flotantes están atravesando un proceso de reducción para el que aún no existe una razón fundada y que podría no ser en absoluto positivo. 

El verdadero destino de esta basura oceánica es todavía un misterio pero el equipo ofreció varias hipótesis plausibles

En Live Science se informó esta semana de un estudio realizado por un equipo de la Universidad de Cádiz en el que se sugiere que la enorme cantidad de basura plástica que ensucia la superficie del océano aparenta reducirse. El verdadero destino de esta basura oceánica es todavía un misterio pero el equipo ofreció varias hipótesis plausibles. 

En Forbes se explica que es probable que el plástico se esté sumergiendo hacia las profundidades oceánicas: «Plantas y animales marinos podrían estar adhiriéndose a los residuos en un proceso denominado bioincrustación, aumentando así su densidad y haciendo que deje de flotar». Por otro lado, las partículas diminutas de plástico podrían estar siendo ingeridas por criaturas marinas pequeñas que a su vez son pasto de otras mayores y más proclives a acabar en la cadena alimentaria humana. 

Otra posibilidad incluye la acción de bacterias marinas que descompongan los trozos de plástico más pequeños hasta alcanzar tamaños submicroscópicos. Una cuarta posibilidad relatada en Forbes y que los autores del estudio consideran poco viable es que estas partículas se estén sedimentando en las costas. 

En Live Science se cita al profesor Andrés Cózar, coautor del estudio y ecólogo de la Universidad de Cádiz: «Las profundidades oceánicas son unas grandes desconocidas. Por desgracia, la acumulación de plástico en estos entornos podría modificar estos ecosistemas, los mayores del mundo y aún repletos de secretos, antes de haberlos explorado tan siquiera». 

Imagen: Cordis

Imagen: Cordis

Según se apunta en Live Science, los investigadores llegaron a estas conclusiones mediante un análisis de la cantidad de basura plástica que flota en el océano y su posterior correlación con la producción de plástico mundial y la velocidad a la que se desecha: «La Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos calculó en la década de los setenta que al océano llegaban unas 45 000 toneladas de plástico anuales. Desde entonces la producción de plástico se ha quintuplicado. El profesor Cózar y sus colegas se propusieron calcular la dimensión y la gravedad del problema que supone la basura oceánica». 

El equipo de investigación se embarcó en la Expedición de Circunnavegación Malaspina 2010 para obtener muestras de la superficie del agua con las que medir concentraciones de plásticos. En total se analizaron tres mil setenta muestras de esta y otras expediciones. 

El aumento vertiginoso del plástico producido desde la década de los setenta invitó a los investigadores a calcular un total de basura oceánica en el orden de los millones de toneladas. No obstante, la inmensa mayoría de estos trozos pequeños de menos de cinco milímetros de tamaño no apareció en las muestras. En el resumen de la investigación hacen referencia a este hecho: «Los cálculos indican que la cantidad global de plástico acumulado sobre la superficie de los océanos alcanza decenas de miles de toneladas, mucho menos de lo esperado. Nuestras observaciones en torno a la distribución de tamaños del plástico flotante apuntan a la existencia de sumideros a gran escala específicos para los fragmentos milimétricos». 

Por el momento habrá que esperar antes de dar con el paradero de estas partículas, al menos hasta que el océano nos desvele su secreto.