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Colillas para almacenar energía de un modo limpio

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Según un estudio publicado recientemente en la revista Nanotechnology, los filtros de los cigarrillos podrían ser la solución buscada desde hace tiempo al quebradero de cabeza que supone almacenar la energía renovable. Efectivamente, esta fuente de contaminación podría erigirse en una piedra angular de la bioeconomía.

Los filtros se componen con acetato de sodio

Los filtros contienen acetato de celulosa

«Nuestro estudio ha demostrado que las colillas usadas pueden ser convertidas en un material de alto rendimiento con un gran contenido de carbono usando un simple proceso de un solo paso que, simultáneamente, ofrece una solución ecológica para lograr cumplir las necesidades de energía de la sociedad», explicó Jongheop Yi, profesor de la Universidad Nacional de Seúl (Corea del Sur) y coautor del estudio.

Pero, ¿qué tienen de especial estos filtros? Muy sencillo, acetato de celulosa. Este componente, utilizado en el 95 % de los filtros de cigarrillo, es el más utilizado en la industria del tabaco por el sabor que produce. Además, es un material que puede convertirse en un supercondensador con propiedades excelentes en cuanto a densidad de energía, densidad de potencia y estabilidad de ciclo. El equipo a cargo de la investigación logró dicha conversión con una técnica de calcinación en un paso denominada pirólisis.

«Una combinación de diferentes tamaños de poro asegura que el material tenga altas densidades de energía, lo que es una propiedad esencial para una rápida carga y descarga del supercondensador», añadió el profesor Yi. El carbono es el material más común de los supercondensadores debido a su bajo coste, gran área de superficie, elevada conductibilidad eléctrica y estabilidad a largo plazo.

Los ensayos mostraron que este material es capaz de almacenar una mayor cantidad de energía que el carbono disponible comercialmente e incluso mayor que los nanotubos de grafeno y carbono.

El material nuevo podría integrarse próximamente en ordenadores, dispositivos portátiles, vehículos eléctricos y turbinas eólicas para almacenar energía

«Muchos países están adoptando normativas estrictas que tratan de evitar que los billones de colillas usadas, tóxicas y no biodegradables que se desechan cada año vayan a parar al medio ambiente. Nuestro método es uno de los modos posibles de lograrlo», explicó el profesor Yi.

El material nuevo podría integrarse próximamente en ordenadores, dispositivos portátiles, vehículos eléctricos y turbinas eólicas para almacenar energía. Pero su verdadero atractivo reside en que aporta una solución frente a una fuente de contaminación muy importante que libera arsénico, entre otras sustancias químicas nocivas, al suelo y los cursos de agua. Cada año se desechan al entorno cerca de 6,6 billones —788 571 toneladas— de colillas usadas.