Tras desentrañar el funcionamiento de estos flagelos, los autores confían en entender mejor afecciones y patologías como la infertilidad, varias enfermedades respiratorias y la hidrocefalia.

Nuevos hallazgos sobre el ritmo interno de los flagelos

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Científicos europeos han logrado hallazgos nuevos que nos acercan a comprender mejor patologías como la infertilidad de las que aún se desconocen muchos detalles. Sus hallazgos atañen en concreto a los flagelos, estructuras cuyo nombre latín se debe a su parecido a un látigo, o flagelo, que se extiende desde ciertas células procariotas y eucariotas.

Flagelos

Los flagelos poseen un tamaño muy reducido, pero esta circunstancia no les impide agitarse de un modo rítmico y producir movimiento. Sirven, pues, como propulsores de células únicas. Es el caso de la cola de los espermatozoides, un ejemplo de flagelo que realiza un movimiento natatorio, y de los óvulos, que se desplazan de ese modo desde el ovario hasta el útero, dos ejemplos claros de las muchas funciones vitales que realizan estas estructuras en el cuerpo humano.

Los descubrimientos señalados fueron posibles gracias a fondos concedidos por el Consejo Europeo de Investigación (CEI), la Fundación Portuguesa para la Ciencia y la Tecnología (FCT) y la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO).

Los científicos europeos del Instituto Gulbenkian de Ciencia (IGC, Portugal) analizaron el mecanismo por el que los espermatozoides de la mosca de la fruta desarrollan sus flagelos, y publicaron sus resultados en el último número de la revista Developmental Cell.

Se trata del primer trabajo en el que se han descrito las distintas etapas de la construcción de flagelos móviles en los espermatozoides de la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster). Tras desentrañar el funcionamiento de estos flagelos, los autores confían en entender mejor afecciones y patologías como la infertilidad, varias enfermedades respiratorias y la hidrocefalia, todas ellas asociadas a defectos en el movimiento de flagelos.

Los autores, dirigidos por Monica Bettencourt-Dias, centraron sus esfuerzos en cuándo y cómo se forma cierta estructura proteica denominada par de microtúbulos centrales. Este complejo es lo que permite a los flagelos aplicar coordinación a sus movimientos.

Zita Carvalho-Santos, investigador postdoctoral, explicó sus hallazgos: «Estudiamos un gen concreto de la mosca llamado Bld10 y descubrimos que las moscas en las que este gen estaba inactivo producen flagelos incompletos porque, según parece, la proteína de Bld10 es esencial para la formación del par de microtúbulos centrales. En consecuencia, los espermatozoides mutantes carecen de movilidad y los machos son infértiles. Los humanos poseen un gen análogo que produce una proteína similar, la cual se ha asociado a infertilidad masculina.»

Estos descubrimientos se lograron usando un microscopio de electrones, en lugar de un microscopio óptico, como es más frecuente. El microscopio de electrones amplifica la imagen hasta 10 000 000 de veces, de tal modo que permite ver cosas 3 500 veces más finas que un pelo humano. En ciencia se utilizan para examinar microorganismos, células y cristales, entre otras cosas.

Monica Bettencourt-Dias añadió: «Observamos que se trata de un proceso mucho más dinámico de lo previsto: primero se forma la cadena de un microtúbulo y después otra. Este trabajo ha deparado respuestas esperadas desde hace mucho, pero también ha planteado nuevas incógnitas que quizás puedan resolverse estudiando más a fondo la formación de los espermatozoides en Drosophila.»

El estudio fue fruto de una colaboración entre investigadores del IGC y del Instituto de Tecnología Química y Biológica (ITQB) de Portugal. En el trabajo colaboraron también Zita Carvalho-Santos y Pedro Machado, del IGC.