Los intereses de los adolescentes

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Para saber los intereses de mi clase me encantaba la siguiente sesión de tutoría. Escribía en la pizarra una serie de conceptos que luego mis estudiantes debían votar según sus predilecciones. Los términos eran libertad, belleza, amistad, amor, perfección, placer, fe, bien, promiscuidad, realidad, verdad, felicidad, virtud, positivo y blanco. Los más votados de todos ellos solían ser tres, la felicidad, la libertad y la amistad, he aquí los intereses de los púberes.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Pasados estos comicios les pedía que definieran uno de los tres conceptos que tanto valoraban, la felicidad. En ello aparecía el debate ya que no llegaban a un acuerdo concreto. Por tanto les proponía que pasaran al siguiente, a la libertad, en donde se encallaban nuevamente con matices y contradicciones. Por tanto, sólo quedaba abordar el tercero, el de la amistad pero otra vez ocurría lo mismo, y los escollos surgían sin dejar avanzar el debate. De repente, y de forma premeditada, me dirigía a la pizarra y les escribía los antónimos de todos los conceptos propuestos: de libertad esclavitud, de belleza fealdad, de amistad enemigo, de amor odio, de perfección imperfección, de placer dolor, de creyente ateo, de bien mal, de promiscuidad celibato, de realidad ideal, de verdad mentira, de felicidad tristeza, de virtud defecto, de positivo negativo y de blanco negro. A partir de entonces, y tras otro debate, se daban cuenta que aquellos conceptos se podían definir mucho mejor desde su contrario pero muy difícilmente desde la nada, ¿que por qué? Por que eran conceptos abstractos en gran medida dependientes de sus experiencias personales. A partir de ese momento les dejaba pensar y debatir de nuevo con una intención muy singular, ver sus intereses claramente. Y claro está, éstos eran muy distintos de los del mundo adulto.

Cualquier buen docente debe ser consciente de la asimetría entre las prioridades adultas y las de los púberes, algo que se aprende mucho mejor fuera del aula

Para un adolescente la libertad es algo muy anhelado dado que no posee independencia económica, pero para un adulto la libertad implica muchas obligaciones que hasta le pueden robar su libertad. De igual forma hablaríamos de la amistad y de la felicidad. De todas formas, y al final de aquella tutoría, les regalaba un pequeño sermón que unos ya no escuchaban, otros olvidaban y algunos se quedaban para sí.

<< La conclusión es que todos los conceptos de libertad, belleza, amistad, amor, perfección, placer, fe, bien, promiscuidad, realidad, verdad, felicidad y virtud yacen bajo el prisma humano y por tanto resultan muy subjetivos, por ese motivo sólo ganan sentido ante su opuesto, ante su antónimo. Por eso también en el mundo hay mucha manipulación política con tales conceptos, pero lo importante de esta tutoría es que os percatéis que lo que ahora os resulta muy importante a vuestra edad, de adultos quizás cambie en función de las influencias que os rodeen. La edad y el entorno adulteran y limitan toda realidad >>

Como siempre es cuestión de intereses. En fin, cualquier buen docente debe ser consciente de la asimetría entre las prioridades adultas y las de los púberes, algo que se aprende mucho mejor fuera del aula.

 

Nos vamos de excursión

Una forma muy efectiva de conocer a los alumnos no es en el aula, es fuera de ella. El instituto condiciona su respuesta y sus acciones, en libertad en cambio se comportan con más naturalidad. Ejemplo de tales situaciones son las excursiones, los recreos y las colonias. De todas formas un abuso de todo ello perjudica el ideario escolar al romper la rutina para el aprendizaje. Sólo en su justa medida, y para mi, estas salidas son una ocasión deliciosa para conocer cómo son mis presuntos estudiantes.

Durante las excursiones, y para conocer mejor a los tutelados, hay que prestar atención a dos premisas, lo lúdico y el control. Juegos y bromas pueden crear que los alumnos se abran al docente, algo que potencia la confianza de los adolescentes hacia sus educadores. Recuérdese que los púberes cierran puertas con los mayores para abrirlas a la pléyade de su edad. Por tanto, las diversiones y los juegos ofrecen desplegar nuevos vínculos entre profesores y alumnos, la broma desarma mientras que la bronca la arma.

Una forma muy efectiva de conocer a los alumnos no es en el aula, es fuera de ella. El instituto condiciona su respuesta y sus acciones, en libertad en cambio se comportan con más naturalidad

Recuerdo un compañero de Granollers, Toni Sánchez, que patentó el juego de voy pisando. Previamente explicado en clase, y con la confianza ganada de ésta, mi paisano lo aplicaba durante los desplazamientos a pie. El gran problema de andar con más de treinta alumnos por la calle son los rezagados. Por tanto, el juego de voy pisando resolvía tal lastre al pisarles los talones por detrás, en sentido figurado claro está. Tomado como un juego incluso algunos deseaban ser pisados. Pero entre tanto juego y broma no se puede olvidar que los profesores somos los máximos responsables de esos escolares fuera del centro, por lo que pasar lista a menudo es harto aconsejable. El extravío de un miembro del grupo afecta a todo este, si uno falla, fallamos todos.

El descanso entre las clases también proporciona ese espacio de observación de los escolares. El recreo, sin ser un espacio ajeno al centro educativo, sí desinhibe a los escolares en gran medida y nos muestra su cara más real. Con igual objetivo se pueden organizar unas colonias a inicio de curso, sobretodo en primero de la ESO cuando llegan por primera vez al instituto. Todo ello, excursiones, observación durante los patios y colonias, son señales de un centro interesado en conocer a sus hijos para saber mejor cómo educarles.

Conocidos así a los alumnos, los profesores tenemos una idea aproximada de cómo son los chavales y de cómo actuar ante ellos. Por eso me he tomado la licencia de clasificar a mis alumnos. Y que feo suena eso, ¿verdad? De hecho no es una división real, más bien son ejemplos en donde exponer algunas pautas de intervención educativa. Y no tema, que luego haré lo mismo con los docentes y con los padres. En fin, que no quedará títere con cabeza.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: ¿Para qué conocer a mis alumnos? (15)

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