Algunas teorías apuntan a la progresiva desaparición del cromosoma Y. El estudio se publica en la revista ‘Nature’.

La mayor parte de genes del MSY humano se mantienen estables

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SINC / El análisis en humanos de los genes del cromosoma Y demuestra que, en contra de lo que se pensaba, no está en proceso de desaparición. Un estudio publicado en la revista Nature reconstruye la evolución que ha sufrido durante los últimos 25 millones de años la región específica del cromosoma Y que codifica la información para el sexo masculino (MSY, por sus siglas en inglés).

El hombre de Vitruvio. Obra de Leonardo da Vinci que representa un estudio de las proporciones de la figura masculina. Imagen: Wikipedia.

Esta región tan concreta contiene tan solo el 3% del material genético del cromosoma ancestral debido a una gran pérdida de genes. Con tal de explorar esta merma y los patrones de conservación genéticos, la investigadora Jennifer Hughes y su equipo del Instituto de Investigación Biomédica Whitehead, en Cambridge (EE UU), han comparado el cromosoma Y de humanos y chimpancés con el de un mono del viejo mundo: el macaco rhesus (Macaca mulatta).

Los linajes del ser humano y del chimpancé se separaron hace 6 millones de años, mientras que los monos del viejo mundo, o cercopitécidos, lo hicieron hace 25 millones de años.

Los autores del estudio afirman que “las regiones ancestrales del MSY humano se han mantenido estables durante los últimos 25 millones de años y no han perdido genes desde entonces”.

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Evolución del cromosoma Y

A diferencia de los otros 22 cromosomas del genoma humano, el Y casi no intercambia material genético con su homólogo (el X) durante la división celular. Se sabe que este fenómeno provoca degeneración y pérdida de genes en estas zonas estables, por lo que algunas teorías apuntan a la progresiva desaparición del cromosoma Y.

Concretamente, cinco zonas distintas o estratos del cromosoma Y han dejado de intercambiar su material genético a lo largo de la evolución. La más antigua dejó de hacerlo hace 240 millones de años y la última hace tan solo 30 millones.

Este estudio demuestra que tras un reordenamiento de este tipo hay una rápida pérdida de genes muy importante por deriva genética, que después se estabiliza. La mayor parte de genes del MSY humano se mantienen estables desde la última estratificación, puesto que los compartimos con el macaco rhesus.

En el chimpancé, en cambio, los estratos más ancestrales sí han cambiado, en especial el material genético relacionado con la generación de esperma. Los autores especulan que “esto puede ser debido a la conducta promiscua de estos primates y a la gran presión selectiva sexual que hay en su sociedad”.

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