Los malos profesores

Imagen de Ronny Overhate en Pixabay

Ya mencionamos en anteriores apartados, que un estudio psiquiátrico del Vall d’Hebron, demostró en 2015 que la calidad docente nacional era la correcta y que la causa del fracaso escolar era externa a estos buenos profesionales. Dos años más tarde un estudio realizado por los economistas de la Universidad de Barcelona, Jorge Calero y Oriol Escardíbul, determinaban que un mal profesor sólo influye en un 6 por ciento del rendimiento escolar.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Así lo indicaba un trabajo publicado en febrero de 2017 por las fundaciones Ramón Areces junto con Europa Sociedad y Educación. En otras palabras, pesa mucho más la propia motivación del estudiante, un 94%, que la del docente, un 6%. Aun así, ya se sabe que nadie es perfecto y que a veces existen algunos educadores que deben ser corregidos. En mis más de veinte años de docencia he conocido a algunos que intentaré resumir en las próximas páginas. Esos profesores deberían ser avisados de sus deslices, aunque, y al no gustarles el aula, logran escapar de ella. Algunos ahora ostentan cargos en enseñanza y se llaman a si mismos expertos en educación. No diré nombres.

 

El trepa

He conocido a muchos trepas que viven más preocupados por sus galones que por sus alumnos. A estos personajes les encantan las reuniones, los actos sociales y las figuraciones que alimenten su autoestima pero a costa de su calidad educativa. Puede que un docente así llegue a coordinador de ciclo, a jefe de estudios o hasta a director para delegar su labor a los demás bajo la apariencia de trabajar mucho pero solucionar muy poco. Los alumnos, que de estúpidos no tienen ni un pelo, en breve me lo detectan.

Un caso de profesor trepa lo observé en un centro del Baix Llobregat. Allí el jefe de estudios, fervoroso creyente en la innovación y en las TIC, fue derivando sus antiguas obligaciones a los tutores mientras informatizaba cada día más el instituto. Bajo la apariencia de modernidad y eficiencia este trepa iba descargándose de trabajo a costa de otros. Si antes él debía llevar las faltas de los escolares ausentes, la faena fue transferida a los mentores de grupo, si las entrevistas con los padres por exclusión de sus hijos las debía ejecutar él, por arte de magia pasaron a manos de los tutores, y así una competencia tras otra. Al final, y después de muchas disputas con compañeros míos, un día dejó el cargo. Creo que se hartó de verse en contra de sus compañeros. Ahora ya no imparte clases y forma parte de un grupo de expertos en el Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya.

 

Docentes acosadores

De haberlos, los hay. Su especie, aunque escasa, es la de alguien amargado que utiliza a los alumnos como diana de sus frustraciones. Recuerdo el caso de una profesora en Cerdanyola del Vallès que llevaba años casada por inercia y que ahora todo lo encontraba mal, hasta a su pareja. De hecho, a todo el mundo criticaba, fueran compañeros, alumnos, padres o directivos del centro, vaya que no dejaba títere con cabeza. El cinismo devenía su creencia y el orgullo su otro gran defecto. Hasta fantasmeaba de conocer a gente VIP para engrandecer su ego ante los demás, vaya, que la creyeran una persona importante, pero en el fondo se encontraba mal por no haber realizado todo aquello que deseó en su juventud y que ahora con consorte, hijos e hipoteca ya no podía alcanzar. Por eso de vez en cuando se pegaba a los docentes jóvenes para acercarse a ese sueño que jamás alcanzó.

Un personaje así crispa a cualquiera y puede dinamitar la autoestima y rendimiento escolar de muchos alumnos. Yo desconfié pues de esta profesora que criticaba todas las prácticas de los demás y que poco defendía a sus compañeros de claustro. Todo era señal de lo que también sucedía, me criticaba a mi.

 

El angustiado

Las bajas por depresión y ansiedad son comunes en el oficio docente. De hecho se trabaja mucho con emociones y eso duele si un grupo de adolescentes la toman contigo, o si tu situación personal no resulta óptima. Para reducir el número de docentes susceptibles de trastornos emocionales hay la solución. En Finlandia el Estado se asegura que quienes van a ejercer la docencia no padezcan problemas emocionales o mentales. Con ello se reduce significativamente el riesgo de depresiones, ansiedad y demás trastornos típicos entre educadores.

 

El racista y sexista

El perfil racista también existe entre algunos profesores, aunque para ello existe una prevención, viajar, y el colectivo de docentes es uno de los sectores que más lo hace y que menos racista resulta. Cuando los docentes son viajados es garantía de mentes abiertas con bajo riesgo de racismo en sus prejuicios. En fin, que viajando se disuelven los nacionalismos y se alejan los fanatismos. No obstante, recuerdo un docente en Sant Feliu de Llobregat que llegó a crispar a un buen grupo de alumnos, padres y profesores. En sus clases no paraba de soltar sarcasmos sexistas y racistas. Sus ironías iban cargadas de superioridad que los de tercero de la ESO me contaban con todo detalle. La verdad, el chaval era un crack en matemáticas pero padecía de alguna enfermedad mental. Al final dirección tuvo que tomar riendas en el asunto pero la administración alargó la burocracia en todo ello. Durante todo el curso jamás se le suspendió como profesor de ese centro, ni se envió un sustituto como paliativo. ¿Solución? Pues se le dejaba todas las horas en la sala de profesores haciendo guardias  mientras los demás le cubríamos sus clases. Aquí, y antes de aceptarlo como interino, un poco de Finlandia hubiera ido bien. Y aquí no hay docentes víctimas, ya que quienes son las víctimas lo son sus alumnos. A pesar de ello algunos docentes van de víctimas, algo que analizaremos en el próximo apartado.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

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