Lo que nos ‘cae’ del cielo llega a la superficie de la Tierra de tres formas distintas / UAH

Radiación electromagnética, partículas y ondas gravitatorias

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La radiación electromagnética, las partículas y las ondas gravitatorias proporcionan información sobre el Universo, tanto el cercano como el muy lejano, y ayudan a los científicos a comprender qué ocurre más allá del planeta Tierra. Lo que nos ‘cae’ del cielo llega a la superficie de la Tierra de tres formas distintas: radiación electromagnética (luz), materia (partículas, asteroides o similares) y ondas gravitatorias. Hasta hace muy poco tiempo, estas últimas no eran medibles , pero ahora ya están ´fichadas´ en el listado de elementos que llega desde el espacio exterior.

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Ignacio Cernuda

Ignacio Cernuda

UAH / ‘Muchas veces esta radiación, estas partículas, estas ondas, atraviesan distancias inmensas, que difícilmente podemos imaginar, sin apenas interactuar con ningún otro elemento, y eso significa que podemos analizarlas prácticamente tal y como se han originado. Cuando no ocurre así, podemos investigar qué es lo que han tenido que haber atravesado, por dónde han pasado, para averiguar sus características. Se trata de casi las únicas fuentes que tenemos para conocer el Universo más lejano’, señala el profesor de la UAH Ignacio Cernuda Cangas.

Dentro de la radiación electromagnética está el ‘fondo cósmico de microondas’, un fondo de luz en el espectro de las microondas que procede de todas las direcciones, presenta una energía muy baja, no tiene ningún impacto en la vida cotidiana pero que contribuye, por ejemplo, a formar el ruido que escuchamos en nuestras radios cuando no tenemos una emisora sintonizada. ‘Hoy en día se sabe que es un reflejo de cómo nació el Universo, lo que ocurrió después del Big Bang, que empezó en un punto muy caliente y se expandió muy rápidamente, enfriándose de forma paulatina. Hubo un momento en que la materia y radiación estaban concentradas, dando lugar a un montón de interacciones entre las diferentes partículas y la luz y, debido a esas interacciones, la luz no se podía escapar. A medida que el Universo se fue expandiendo, llegó un momento en que las interacciones fueron menos frecuentes, y en ese momento la luz pudo escapar y esa luz es la que vemos hoy como el fondo cósmico de microondas. Es uno de los mensajeros del universo más importantes’.

Pero la radiación electromagnética más importante es la que nos llega del Sol. Es la que podemos medir con más precisión. ‘Es muy importante disponer de detectores para poder profundizar en el conocimiento del Sol y la atmósfera que lo rodea y cómo influyen en el entorno en el que están inmersos, como vamos a hacer con la misión Solar Orbiter, cuyos objetivos son precisamente estos y en la que España y la Universidad de Alcalá tiene un peso importante’, señala Cernuda. ‘Las tormentas solares generan partículas energéticas que se aceleran y pueden provocar errores en la electrónica, como ya sabemos. Afortunadamente, en la Tierra tenemos un campo magnético que nos protege de gran parte de esas tormentas solares’.

Por otra parte, cada segundo caen millones de partículas en un rango muy amplio de energías. Gran parte de ellas, las de baja energía, provienen del Sol, pero también hay otras partículas mucho más energéticas que vienen de mucho más lejos: ‘Se trata de los rayos cósmicos, que normalmente tienen su origen en supernovas (una explosión de una estrella en su fase final). Estas explosiones dan lugar a cantidades de radiación tanto electromagnéticas y de partículas, y algunas llegan a la Tierra. Aunque la mayoría no atraviesan ni la atmósfera ni el campo magnético terrestre, las que logran traspasar estas ‘protecciones’ generan lo que denominamos una serie de ‘cascadas’ que podemos ver en la Tierra’.

Un viaje intercontinental en avión equivale a la radiación que recibimos al hacernos una radiografía de tórax, aunque el cuerpo repara constantemente los efectos de la radiación

También desde el espacio caen meteoritos, materia neutra que se mueve por acción de la gravedad. La mayor parte de ellos están en el Sistema Solar y proviene del Cinturón de Asteroides, entre Marte y Júpiter. ‘Los más pequeños se desintegran en la atmósfera y generan lo que llamamos ‘estrellas fugaces’, y los más grandes pueden llegar a la superficie, dando lugar a los cráteres que conocemos. Las agencias espaciales tienen programas de seguimiento de asteroides, calculando sus órbitas y por dónde van a pasar’.

Finalmente también ‘caen’ del cielo las ondas gravitacionales, vibraciones en el espacio-tiempo, que hasta hace muy poco no se podían medir, aunque hace más de un siglo que Einstein avisó de su existencia.

Por tanto, se puede señalar que lo que cae del cielo es mucho y variopinto, aunque como también ha indicado ya el profesor Cernuda, en la mayoría de las ocasiones no afecta a nuestras vidas. Pero eso sí, tenemos que ser conscientes de que están ahí y en un momento dado, como ocurre con las fuertes tormentas solares, sí pueden alterar nuestro ‘modus vivendi’ e, incluso, nuestro organismo. Esto último sucede en ocasiones, en gestos tan habituales como montar en avión: ‘Cuando viajamos en avión, al estar a altitudes superiores, recibimos más radiación que en superficie. Un viaje intercontinental en avión equivale a la radiación que recibimos al hacernos una radiografía de tórax. Esto no significa que sea peligroso, pero tenemos que ser conscientes del medio que nos rodea y cómo nos influye. Dicho esto, debemos estar tranquilos, porque el cuerpo está reparando constantemente los daños generados por la radiación’, indica Cernuda.

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