Los nazis ganaban las elecciones en Alemania

Elecciones federales de Alemania de julio de 1932 / Wikimedia - Paloma

Tal día como hoy… 31 de julio de 1932, los nazis ganaban por primera vez las elecciones en Alemania

 

El 31 de julio de 1932, los nazis ganaban por primera vez las elecciones en Alemania y, aun quedando lejos de la mayoría absoluta, se convertían en el partido más votado. Durante la campaña, Hitler había proclamado que si ganaba, serían las últimas elecciones que se celebrarían en Alemania. No fue así, por el momento, pero la República de Weimar se deslizó rápidamente por el pendiente hacia el abismo.

 

CV / Se ha especulado mucho sobre las razones que impulsaron el crecimiento del nazismo. Una de ellas fue sin duda alguna las duras condiciones de paz que se le impusieron a la nueva República Alemana –La República de Weimar, por la ciudad en que se proclamó- por parte de los vencedores, que después de cuatro años y medio de guerra, llevaron a una crisis económica sin precedentes.

Los sectores nacionalistas y militaristas culparon de la derrota a la revolución que había estallado a finales de la guerra. Fue la teoría de la «puñalada por la espalda»

Por otro lado, los sectores nacionalistas y militaristas culparon de la derrota a la revolución que había estallado a finales de la guerra. Fue la teoría de la «puñalada por la espalda». El primero en formularla explícitamente fue una de las glorias militares alemanas de la guerra, el mariscal von Hindenburg, durante el proceso por responsabilidades durante la guerra que se abrió poco después.

Según esta teoría conspirativa, los ejércitos alemanes no fueron vencidos militarmente en el campo de batalla, sino que la derrota vino por la traición surgida en la propia retaguardia alemana, con el antibelicismo de los comunistas, y la izquierda en general, y el estallido de la posterior revolución. De acuerdo con este escenario, los soldados alemanes tuvieron que atender a la vez el frente exterior y el interior, lo cual fue aprovechado por los aliados y dejó al ejército alemán en una posición de inferioridad. Todo ello, por supuesto, con la complicidad activa de los poderes financieros internacionales en manos de los judíos, ubicados por igual en el bolchevismo más furibundo que en los centros de decisión del capitalismo. La culpa, en definitiva, había sido de los comunistas y de los judíos.

La “culpa”, en definitiva, había sido de los comunistas y de los judíos

Por estrambótica que sea esta tesis, lo cierto es que cundió entre gran parte de la opinión pública alemana. Y la dureza de las condiciones de paz impuestas por los aliados generó una situación de miseria y de crisis que, para los abonados a esta teoría, incrementó aún más el grado de perversidad de estos «traidores». Este fue el discurso que Hitler tomó como suyo, intensificándolo debidamente, y con el que consiguió los primeros apoyos entre los sectores más desfavorecidos y perjudicados por la crisis económica.

En 1932 el presidente de la República era ni más ni menos que von Hindenburg, el anciano mariscal que para exculparse de su derrota había desviado las responsabilidades hacia la teoría conspirativa. Hindenburg no era un nazi, sino un nostálgico de los tiempos del káiser. Simplemente, un ultraconservador nostálgico que no se había adaptado al vertiginoso cambio de los tiempos. Y los nazis habían pasado de ser los matones a sueldo contratados por los empresarios para reventar huelgas y matar comunistas, a convertirse en una poderosa maquinaria política cuyos matones seguían siéndolo, pero ya casi institucionalizados. En aquellas mismas fechas estaba pendiente de ejecutarse una orden de disolución las SA, las secciones de asalto paramilitares de Hitler.

Las elecciones las convocó, de acuerdo con el presidente Hindenburg, el canciller von Papen, otro patricio aristocrático y ultraconservador

Las elecciones las convocó, de acuerdo con el presidente Hindenburg, el canciller von Papen, otro patricio aristocrático y ultraconservador, que pensó que podría utilizar a los nazis en su pugna con los socialdemócratas, ofreciéndoles algún puesto en el gobierno y, por supuesto, desactivando la orden de disolución de las SA. La campaña electoral fue extremadamente violenta. Durante el mes de julio contabilizaron 38 nazis y 30 comunistas muertos en enfrentamientos callejeros.

El vencedor de las elecciones fue Hitler, que obtuvo casi 14 millones de votos, un 37,22% de los votos y 230 diputados –antes tenía 107-. La segunda fuerza fue el partido socialdemócrata, que perdía por primera vez las elecciones, con un 21,58% y 133 diputados. La tercera, el partido comunista, con el 14,32% y 89 escaños. Detrás venían partidos de la derecha nacionalista, del centro etc., todos ellos a mucha distancia. La cámara constaba de un total de 608 escaños.

Von Papen siguió con su plan de seducir a Hitler y le ofreció entrar en el gobierno. Pero Hitler tenía muy clara la divisa de César Borgia: “O César o nada”

Von Papen siguió con su plan de seducir a Hitler y le ofreció entrar en el gobierno. Pero Hitler tenía muy clara la divisa de César Borgia: “O César o nada”. Es decir, para que los nazis entraran en el gobierno, él tenía que ser el canciller. Ante la imposibilidad de formar gobierno, von Papen disolvió el parlamento y convocó nuevas elecciones para el 6 de noviembre. Los nazis perdieron votos, y siguieron negándose a colaborar con el gobierno. Finalmente, el 5 de marzo de 1933, en un ambiente de intimidación, se produjeron nuevas elecciones. Hitler las ganó ampliamente con un 43,91% y 288 escaños. Todavía sin mayoría absoluta, pero ya no la necesitó: fueron las últimas elecciones en Alemania hasta después de la II Guerra Mundial.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí