Los primeros sapiens, origen y contexto

Comparación de caras de Homo sapiens (izquierda) y Homo neanderthalensis (derecha) / Wikimedia - Daniela Hitzemann (fotografía de la izquierda), Stefan Scheer (fotografía de la derecha) / desconocido (reconstrucciones)

Así como neandertal evolucionó en un contexto entre templado y glacial perdiendo la robustez de los erectus antecesores, sapiens hizo lo mismo por África bajo climas más benignos y soleados. Quizás por ello sapiens superó a neandertal en pérdida de robustez.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

En climas más cálidos era mejor reducir metabolismo que mantener un cuerpo que gastaba demasiado. De hecho perdió más de un 20 % de la masa muscular con respecto a los Homo sapiens arcaicos. Ello provocó que su esqueleto deveniera más grácil y estilizado preservando cada vez más rasgos infantiles (neotenia). Por ejemplo, el coeficiente entre húmero y tibia se elevó con respecto a neandertal. Todo ello sucedió con cruces varios entre los sapiens arcaicos, los desinovanos, los neandertales y los nuevos sapiens estilizados. Así lo publicaron Shaohua Fan y colaboradores en el Genome Biology de abril de 2019. Es decir, la especiación que empezó hace más de 500.00 años con aquellos sapiens arcaicos prosiguió en nuestra variedad más esbelta. Según los autores anteriores el Homo sapiens moderno se diversificó cerca de los 160.000 años. En ello evolucionaron las ramas afroasiáticas, del Níger-Congo y del Nilo-Sáhara.

Homo sapiens moderno se diversificó cerca de los 160.000 años. En ello evolucionaron las ramas afroasiáticas, del Níger-Congo y del Nilo-Sáhara

Durante todo el proceso anterior, y plagiando nuevamente a sus congéneres erectus y neandertales, sapiens también aumentó paulatinamente su índice de encefalización. De hecho su cráneo creció verticalmente reduciendo a cambio cara y mandíbula. La proyección de éstas (prognatismo) tendió en algunas variedades a ser cero, es decir, caras de perfil vertical con frentes altas, extensas y elevadas más una notable reducción de las cejas óseas (torus).

Este estiramiento del cráneo hacia arriba también conllevó que las paredes parietales se redujeran pasando a ser verticales. El perfil posterior del cráneo de un sapiens se asemejaría al de una casa con techo a dos aguas. Pero la encefalización de esta especie no sólo apuntó verticalmente su cabeza hacia el cielo sino que sus maxilares se redujeron a cambio. El crecimiento de estructuras óseas suele economizar recursos y si algo crece más deprisa suele ser a cambio que otro lo haga más lento (alometría).

Si nuestra bóveda craneal ascendió rápidamente lo hizo a cambio de reducir cejas, cara y mandíbulas

Si nuestra bóveda craneal ascendió rápidamente lo hizo a cambio de reducir cejas, cara y mandíbulas. En ello la dieta más blanda y variada debió alentar la reducción de molares, incisivos y dientes. Y así la velocidad de crecimiento en la zona de inserción de las piezas dentales se redujo drásticamente, aunque con una excepción, su parte inferior. Esta seguía creciendo a mayor celeridad que el resto mandibular. La consecuencia fue la aparición de un mentón o barbilla muy característico del sapiens moderno. Muchos la decoramos con una barba en perilla y no por ello tiene adaptación alguna. Simplemente ha sido consecuencia de nuestra alometría bajo la neotenia reinante durante gran parte de nuestra evolución.

En cuanto a la dentición Tim Bromage y Chris Dean publicaron algo muy certero en 1985 y 2001. En la revista Nature expusieron que el crecimiento dentario de neandertal y sapiens difería con creces de nuestros parientes del pliopleistoceno. Es decir, los simios bípedos de entre 6 y 0,5 millones de años ostentaban un crecimiento dentario acelerado respecto al nuestro, así como el resto de su metabolismo. O dicho de otra manera, los Homo modernos, neandertal y sapiens, habíamos retardado nuestro crecimiento preservando rasgos cada vez más infantiles en nuestro aspecto (hipermorfosis o neotenia).

Feto, por Leonardo da Vinci. / Wikimedia

Por tal causa los cráneos de nuestros bebés se parecen tanto al de los chimpancés. Guardamos caracteres infantiles durante nuestro crecimiento ontogénico, así como una bóveda craneal grande y alta en donde albergar un gran cerebro. Para alcanzar esta elevada encefalización tuvimos que reducir otros costes energéticos. Por eso, y a lo largo de nuestra evolución, nos volvimos cada vez menos musculosos, más gráciles y menos huesudos. Aquello reducía nuestro metabolismo basal en pro de alimentar un órgano en expansión, el encéfalo. Y ya hemos indicado que cuando una parte crece más que el resto lo hace a expensas de la reducción de otras. El cerebro, en ello, fue clave en nuestra evolución.

Hoy en día poseemos un cerebro capaz de albergar 10.000 billones de bits de información, un 1 seguido de 16 ceros. En 1998 el ordenador más potente era, en capacidad, un milión de veces menor que el cerebro humano, hoy en día la cosa está casi igualada. La pregunta es ¿cuándo empezó a evolucionar éste futuro ordenador con patas? Una pista nos la dan las herramientas y la otra la genética.

Hoy en día poseemos un cerebro capaz de albergar 10.000 billones de bits de información, un 1 seguido de 16 ceros

A nivel de líticos existe una gran brecha entre las últimas herramientas del Paleolítico inferior del modo II, hace unos 500.000 años, con la aparición de las herramientas del modo III durante el Paleolítico medio, hace unos 320.000 años. Cabe indicar que la industria lítica no cambió mucho entre 1,2 millones y medio millón de años. Pero entre los 500.000 y los 320.000 las herramientas se volvieron más sofisticadas transportándose a grandes distancias. Así a finales de 2018 apareció una publicación que lo indicaba en Proceedings of the National Academy of Science (PNAS).

Mark Sier de la Universidad de Oxford del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) publicó, junto con otros autores, que la desertización de África Oriental en el último medio millón de años implicó un cambio tajante en la fabricación de herramientas líticas, algo previo a la aparición del Homo sapiens moderno. El estudio se basó en los sedimentos del Lago Magadi al sur de Kenia dentro del valle del Rift. Quizás la evolución de sapiens comenzara cerca de estos 500.000 años.

Homo sapiens neanderthalensis / Wikimedia – DataBase Center for Life Science (DBCLS)

La existencia de genes de un sapiens arcaico en el sapiens moderno así lo parecen indicar, algo publicado por Shaohua Fan y colaboradores en el Genome Biology de abril de 2019. En fin que la especiación de sapiens comenzó hace unos 500.00 años desde unos Homo robustos hasta evolucionar hacia una morfología sapiens moderna de cráneos gráciles, molares pequeños y mandíbulas con mentón. De hecho los ejemplares de hace 500.000 años ya apuntaban hacia el actual sapiens grácil y encefalizado.

Aquellos sapiens arcaicos superaban los 1000 c.c. de capacidad cerebral manifestando el inicio de rasgos más gráciles como un menor volumen en sus cejas (torus supraorbital), menor profusión facial (prognatismo), una bóveda craneal más redondeada y hasta una barbilla prominente en algunos especímenes. Ejemplo de ello lo vemos en los yacimientos africanos de Broken Hill de unos 500.000, Ndutu y Bodo de 400.000 a 300.000, y Saldanha y Hoedliespunt de 350.000. Todo ello indica que los estilizados y encefalizados sapiens comenzaron sus antecedentes poco después de los 500.000 años y cerca de los 300.000 años.

En aquellos tiempos hubo otros Homo evolucionando por la Tierra. Cabe citar aquí al pequeño, y no encefalizado, Homo naledi que vivió por Sudáfrica. Éste poseía un cerebro de unos escasos 500 c.c. y una estatura de metro y medio. También tenemos un Homo erectus final en Florisbad de entre 350.000 y 250.000 años. Como vemos hubo distintas tendencias evolutivas entre los Homo de los últimos 500.000 años, unos se encefalizaron y otros no tanto (ver: Los últimos erectus ¿sapiens o arcaicos?)

A nivel de genética, y para establecer el origen de sapiens, la cosa fue mejor que con los líticos. En el Nature de noviembre de 2006, y tras secuenciar ADN neandertal comparándolo con el de sapiens, se estableció que ambas especies eran indistinguibles hace unos 700.000 años pero que se diversificaron antes de los 300.000. Este trabajo proponía que su separación empezó a partir de los 500.000 años, a la misma edad que nos indicaron las herramientas.

A tenor de ambos trabajos, el de los líticos y el genético, cabe suponer que sapiens empezó a separarse del resto de sus parientes Homo hace unos 500.000 años para devenir una variedad evolutiva cerca de los 300.000. Pero, ¿qué decía el registro fósil al respecto? Pues en aquel entonces casi nada. Parecía, y hacía décadas, que sapiens se escurría como una anguila entre el registro fósil.

Era evidente, y por la dispersión de los yacimientos, que el sapiens moderno estaba evolucionado por gran parte de África

Muchos esfuerzos, campañas y excavaciones habían intentado hallar sapiens cerca de los 300.000 años pero la frustración fue el fruto de cada día. Quizás la quimera de la genética había nublado de prejuicios a la paleontología. Pero en junio de 2017 todo encajó. A unos 100 kilómetros al oeste de Marrakech existe el yacimiento de Jebel Irhoud. En el Nature de tal fecha se publicó un hallazgo sorprendente. Entre cráneos, líticos y otros restos humanos quedaba claro que el Homo sapiens grácil, estilizado y con mentón ya evolucionaba por África hacía unos 315.000 años, es decir sobre los 300.000 esperados. Añadamos otros yacimietos posteriores como Omo Kivis de Etiopía de unos 195.000, o el de Herto, también en Etiopía de 160.000 años.

Era evidente, y por la dispersión de los yacimientos, que el sapiens moderno estaba evolucionado por gran parte de África. De hecho la variabilidad de ADN mitocondrial de los sapiens africanos actuales resulta mucho mayor que la del resto de humanos, es decir, los africanos llevan más tiempo mutando que los restantes porqué su origen fue África. Pero cabe aquí una pregunta, ¿cómo eran estos primeros sapiens modernos? Este será el tema del próximo apartado.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

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