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“La pérdida de biodiversidad no sólo supone la desaparición de especies, sino también de las relaciones entre ellas”

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El último ganador del Premio Rey Jaime I de Protección del Medio Ambiente, Pedro Jordano, participa en el programa de doctorado ‘Recursos naturales’ de la UCO

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UCO / Generalmente, cuando se piensa en la biodiversidad, se suele acudir al número de especies que existen en el planeta. El último ganador del Premio Jaime I de Protección del Medio Ambiente, el biólogo Pedro Jordano, ha defendido en la Universidad de Córdoba que el concepto, no obstante, es más amplio. “Entendemos la biodiversidad como un conjunto de piezas de un mecano, pero necesitamos algo más que las piezas para montar una estructura, es importante leer el manual”. Ese manual son las interacciones que las especies tienen entre sí, y son muy importantes en la conservación de la amplia variedad de formas de vida. Jordano ha participado en un seminario organizado por el programa de doctorado Recursos naturales y gestión sostenible.

Los biólogos son capaces de descubrir 18.000 especies al año aproximadamente, pero trabajan contra el reloj de la extinción masiva

El ser humano ha sido capaz de describir aproximadamente un diez por ciento de las especies con las que convive en el planeta. Modelos matemáticos estiman que la Tierra está habitada entre ocho y once millones de especies diferentes. No todas han sido nombradas aún. Hay 1,2 millones de nombres de especies en las listas de taxones.  Los biólogos son capaces de descubrir 18.000 especies al año aproximadamente, pero trabajan contra el reloj de la extinción masiva. “Perdemos cada año un mayor número de especies que las que somos capaces de nombrar”, ha explicado Jordano. Esta extinción está enmarcada por la época geólogica del antropoceno, en el que la acción del ser humano ha dejado su huella en el medioambiente. “La extinción masiva de origen humano es mayor que las cinco anteriores”, ha incidido el profesor de la Estación Biológica de Doñana (CSIC).

Pedro Jordano (centro), junto a Carmen Galán, Damián de Andrés (a la derecha) y los organizadores del seminario del programa de doctorado 'Recursos naturales y gestión sostenible'

Pedro Jordano (centro), junto a Carmen Galán, Damián de Andrés (a la derecha) y los organizadores del seminario del programa de doctorado ‘Recursos naturales y gestión sostenible’

El desarrollo humano ha dado lugar a una pérdida masiva de biodiversidad que ha afectado de forma general a muchas formas de vida, pero en concreto a las grandes especies, lo que se denomina como megafauna. Está compuesta por mamíferos, pero también aves o reptiles, generalmente animales de más de 44 kilos. Además, está asociada a la pérdida de los bosques en grandes áreas del planeta.

“Todas las especies interaccionan entre ellas, es lo que se conoce como la red de la vida”, ha resumido el científico, licenciado en Biología por la Universidad de Córdoba en 1979. Esas relaciones, les permiten adaptarse a los cambios de forma conjunta. “Los procesos no son de evolución, sino de coevolución”, ha destacado. La interrelación entre especies diferentes ya fue observada por Charles Darwin, recordó el profesor de investigación del CSIC.

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Relaciones entre frugívoros y plantas

En su laboratorio en Doñana, Jordano ha estudiado la relación entre los animales que se alimentan de frutos, denominados frugívoros, y las plantas que les abastecen. A través de los frutos, los vegetales consiguen que dispersar sus semillas, mientras que los animales obtienen recursos energéticos. Es una forma de mutualismo en el que se benefician ambas partes. En sus estudios, el equipo de Jordano ha podido observar que las grandes especies logran un mayor alcance en la dispersión de las semillas. El radio de acción de las pequeñas es más reducido. “Si se produce una pérdida de animales frugívoros, también desaparece la conectividad que proporcionan estos polinizadores a las plantas”, ha subrayado. “Ante un cambio que afecta a las especies más grandes, no sólo se pierden estas especies, también la dispersión y la variabilidad genética de las plantas”. Estos cambios suelen estar derivados de la actividad humana, como la caza.

Jordano ha comprobado estas interacciones tanto en el matorral mediterráneo en España como en la mata atlántica brasileña. En el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas (Jaén) han estudiado la capacidad de dispersión de la corneja negra (Corvus corone) de las semillas del cerezo de Santa Lucía (Prunus mahaleb). En el estado de San Pablo (Brasil), ha analizado la dispersión que aves de diferentes tamaños hacían de las semillas de palmito (Euterpe edulis). Además de afectar a la dispersión de la simiente, ésta se adapta. “Se produce una especie de enanismo con el fin de que la pequeña fauna pueda transportar de forma eficiente las semillas”, ha descubierto en una investigación publicada en Science en 2013.

“La pérdida de biodiversidad no sólo supone la desaparición de las especies, también de las interacciones entre ellas”, ha resumido.

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Seminario

En el mismo seminario ha participado Damián de Andrés, investigador científico del Instituto de Agrobiotecnología de Navarra (centro mixto CSIC-Universidad Pública de Navarra-Gobierno de Navarra). De Andrés es uno de los principales especialistas en España en el estudio de los agentes que comprometen el bienestar y la producción en el ámbito de animales con fines productivos, esto es, de las especies que forman parte de la cabaña ganadera. La jornada, coordinada por la profesora Carmen Galán, ha permitido evaluar los proyectos que los alumnos están desarrollando en el programa de doctorado en las áreas de biodiversidad, Agroecología, Ecología terrestre y sostenibilidad de recursos naturales.

Jordano es profesor de investigación en la Estación Biológica de Doñana (CSIC). Hace tres meses, el científico, licenciado en Biología por la UCO, recibió de manos de la reina Sofía el prestigioso galardón de la Comunidad Valenciana.

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