Los sandinistas entraban en Managua

Celebración del décimo aniversario del triunfo de la Revolución / Wikimedia - Tiarescott de Managua

Tal día como hoy… 19 de julio de 1979 los sandinistas entraban en Managua

 

El 19 de julio de 1979 entraban en Managua las primeras columnas del Ejército Sandinista de Liberación Nacional y tomaban el control del país. El dictador Anastasio Somoza había abandonado el país el día anterior, ante la desbandada de su «Guardia Nacional» frente al empuje de los guerrilleros. Caía con ello la dinastía dictatorial de los Somoza, que gobernaba Nicaragua desde 1934.

 

CV / No consiguiendo haber vencido al líder guerrillero Augusto César Sandino, los marines norteamericanos se retiraron de Nicaragua en 1933, tras el anuncio del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt de la nueva «política de buena vecindad». Pero dejaron allí el cuerpo militar que ellos mismos habían creado y adiestrado, comandado por oficiales norteamericanos, la «Guardia Nacional», a cuyo frente habían puesto a un tal Anastasio «Tacho» Somoza. Sandino hizo entonces una propuesta de paz al nuevo presidente, Juan Bautista Sacasa, que fue aceptada.

Contra lo convenido, la Guardia Nacional de Somoza tomó el control de la situación e hizo asesinar a Sandino cuando salía de una cena en el Palacio presidencial

La guerra civil terminó oficialmente en febrero de 1933 y las fuerzas de Sandino fueron desarmadas de mutuo acuerdo. Pero contra lo convenido, la Guardia Nacional de Somoza tomó entonces el control de la situación e hizo asesinar a Sandino cuando salía de una cena en el Palacio presidencial. Poco después dio un golpe de estado y tomo el poder, que su familia detentaría durante los próximos 45 años.

Desde siempre, pero muy particularmente a partir de la década de los sesenta con la Revolución cubana, los EEUU se habían dedicado a combatir el ascenso de los movimientos de izquierda en Latinoamérica propiciando golpes de estado militares –Uruguay, Chile, Argentina, Bolivia, Honduras…- sin reparar en el derrocamiento de democracias parlamentarias e instaurando dictaduras ferozmente represoras bajo su patrocinio directo. Y apoyando a los dictadores heredados de otros tiempos, como la siniestra dinastía de los Somoza en Nicaragua. Era la política de la back yard y cualquier medio era válido si servía para asegurar los intereses norteamericanos en la zona con la excusa del comunismo. A Roosevelt le espetó en cierta ocasión un asesor suyo que apoyar a Somoza era apoyar a un bastardo, a los que el «demócrata» presidente replicó: “Sí, pero es nuestro bastardo”

Tras varios años de resistencia armada, los sandinistas habían tomado la iniciativa en las guerrillas rurales y disponían cada vez de más infraestructura en las ciudades

En 1979 mandaba en Nicaragua Anastasio «Tachito» Somoza, que había accedido al poder en 1967, tras la muerte de su hermano Luis, quien, a su vez, había sucedido en el cargo a su padre. Pero las cosas pintaban cada vez peor para «Tachito». Tras varios años de resistencia armada, los sandinistas –llamados así en honor al héroe anteriormente mencionado- habían tomado la iniciativa en las guerrillas rurales y disponían cada vez de más infraestructura en las ciudades. Y en los EEUU, la administración Carter parecía algo menos dispuesta que sus predecesoras a mantener dictadorzuelos cada vez más impopulares internacionalmente. El año anterior, 1978, se habían producido dos acontecimientos que dejaron a «Tachito» en muy mal lugar.

En enero fue asesinado por paramilitares el periodista, opositor al régimen y políticamente conservador, Pedro Joaquín Chamorro, director de «La Prensa», el periódico de más tirada entre las clases medias. La implicación directa de Somoza en el asesinato predispuso en su contra a toda la opinión pública, que vio como el dictador había perdido definitivamente el norte y ya no se «limitaba» a matar comunistas, sino a cualquier opositor.

Somoza accedió a las condiciones de los sandinistas

En agosto, un comando sandinista al mando de Edén Pastora –El comandante Cero- tomaba el Palacio Nacional de Congresos y retenía a diputados, senadores y personal del edificio, unas tres mil personas… la flor y la nata del régimen. Somoza accedió a las condiciones de los sandinistas: liberar presos políticos, publicar comunicados revolucionarios en la prensa oficial, pagar medio millón de dólares y facilitar la salida del país del comando sandinista. Con ello, El FSLN demostraba su capacidad de golpear en pleno corazón del régimen, y Somoza quedaba desacreditado.

En septiembre se inició un levantamiento insurreccional generalizado que paralizó a la mitad del país. La respuesta de Somoza fue la represión indiscriminada

En septiembre se inició un levantamiento insurreccional generalizado que paralizó a la mitad del país. La respuesta de Somoza fue la represión indiscriminada, lo que le valió crear aún más descontento entre la población. La respuesta sandinista a la represión fue el repliegue a las selvas recogiendo nuevos adeptos y preparando la ofensiva final. En marzo se abrieron siete frentes –incluyendo el «interno» en la propia Managua- y la Guardia Nacional, compuesta en su mayoría por mercenarios, entró en barrena. En junio se declaró la ofensiva final. El 19 de julio, los sandinistas entraban en Managua.

«Tachito» Somoza dimitió y marchó al exilio con la fortuna robada durante decenios a los nicaragüenses. Se calcula que poseía un patrimonio de 1.000 millones de dólares americanos. Y como «Roma no paga a traidores», nadie quiso saber nada de él, hasta que otro «ilustre» criminal, el dictador paraguayo Alfredo Stroessner, le dio asilo político. El último de los Somoza fue asesinado en Asunción por un comando sandinista el 17 de septiembre de 1980.

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