Los últimos cazadores y recolectores

Las alianzas entre grupos resulta primordial para impedir los endemismos / Imagen: elcato.org

La incursión de los sapiens en el mundo trajo consigo una nueva cultura de cazadores recolectores. Esta, al no fosilizar directamente, debemos inferirla de otras fuentes indirectas.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Un gran semillero son los últimos cazadores que en épocas recientes todavía nos han mostrado su modo de gestionar la naturaleza. Entre ellos cabe mencionar a los Kung de Botswana, los Aché de Paraguay, los “pigmeos” de Mbuti, los Efe del Congo, los Hadza de Tanzania, los “jíbaros” de Sudamérica, los Aeta de Filipinas, los Iamomano del Brasil, los Sioux de Norteamárica, los Inuit en el Ártico y los mal llamados aborínes en Australia, entre algunos más. En todos ellos se han observado comportamientos coincidentes que suponemos compartieron con los antiguos sapiens de la diáspora por el mundo.

Hay cálculos matemáticos que nos muestran las grandes ventajas de la reciprocidad entre todos los individuos del clan

Una primera coincidencia es la reciprocidad entre todos los individuos del clan. En ello la caza y recolección compartidos y en equipo es su máxima. Hay cálculos matemáticos que nos muestran las grandes ventajas de tal estrategia. Un humano sólo tiene tan sólo un 20 % de probabilidad de cazar al día, o lo que es lo mismo, tiene un 80 % de no cazar nada en ese jornal. Si pasados cinco días no ha cazado nada la muerte es casi segura bajo una probabilidad del 10 %. Pero si se coordina con nueve miembros la probabilidad de morir desciende hasta un factor de 2×10-10 (0,0000000002), es decir, prácticamente un suceso imposible.

La reciprocidad humana nació gracias a la eficiencia ante los recursos

Ello explica que todos los cazadores recolectores del mundo hayan optado por la reciprocidad ante la individualidad. Eso también encaja con algunos grupos de animales en donde la reciprocidad imprime más posibilidades de supervivencia frente al despotismo. Ejemplos de ello se han observado en los ciervos rojos, en los búfalos africanos y en los insectos sociales entre muchos otros. Así lo demostraban unos modelos matemáticos presentados en el Nature de febrero de 2003. Por lo tanto la reciprocidad humana nació gracias a la eficiencia ante los recursos.

Hombres y mujeres conservan su rango como miembros del grupo con diferencias en habilidades y funciones

Otra coincidencia entre todos los cazadores recolectores estudiados es la tendencia a mantener un crecimiento poblacional cercano a cero. La intención es no esquilmar los recursos naturales de su entorno. Para ello utilizan dos técnicas, la anticoncepción y el infanticidio. La primera suele lograrse gracias a una lactancia prolongada durante unos cuatro años. Bajo tal estrategia la prolactina generada en las mujeres hace descender significativamente su ovulación. Otras formas catalogadas han sido el uso de partes de algunos helechos en la matriz, como también piedras de sal, humo de las hogueras o zumo de cítricos. También el uso de preservativos a base de intestino de animales ha sido utilizado al caso. En cuanto al infanticio se utiliza el aborto, la negligencia sobre bebés que no se pueden atender, y hasta el homicidio directo en casos extremos.

Una de las coincidencias más curiosas, y que rompe con algunos prejuicios actuales, es la humildad entre los miembros del clan

Una de las coincidencias más curiosas, y que rompe con algunos prejuicios actuales, es la humildad entre los miembros del clan. En ella se evita el machismo que hoy en día tanto se intenta combatir. Hombres y mujeres conservan su rango como miembros del grupo con diferencias en habilidades y funciones. Muy a menudo las mujeres se dedican a una caza menor mientras los hombres se entregan a la mayor. En todo ello no hay jerarquías universales y cada uno es valorado por sus destrezas. En los Kung de Bostwana, por ejemplo, menosprecian siempre la caza del vecino para que este no se crezca y sea engreído. Ello, te cuentan los Kung, es para que nadie se crea con ganas de mandar a los demás. En todo ello sí existen expertos que son escuchados sobre su especialidad. La pesca, el rastreo, la construcción de cabañas y otros quehaceres tienen su especialista que es atendido y reconocido.

El número de miembros de un clan suele oscilar entre los 20 y los 50 individuos, pero en caso de crisis de recursos, se dividen para asegurar la supervivencia del clan. En ello perciben una visión comunal de todo lo que tienen en donde compartir hoy es poder recibir mañana. En cierta forma, y como decía Gould, la reciprocidad es la banca de las sociedades pequeñas. A ello cabe añadir lo que Adam Smith escribió, que la reciprocidad podía generar una sociedad harmónica.

Fuera como fuera el sexo entre aquellos recolectores, su vida se da entorno a pequeños poblados

Las alianzas entre grupos resulta primordial para impedir los endemismos. También la monogamia y el incesto se evitan muy a menudo para compartir el sexo entre diferentes miembros del grupo sin familiaridad directa. De hecho de las más de 800 culturas humanas actuales un 83 % pratican la poligamia, un 16 % la monogamia y apenas un 0,5 % la poliandria, entre ellos los Nyinba del Himalaya.

Fuera como fuera el sexo entre aquellos recolectores, su vida se da entorno a pequeños poblados. Estos campamentos suelen ser al aire libre y muy pocas veces en cuevas como muchas imágenes nos muestran de la prehistoria. Las chozas circulares son frecuentes rodeando una gran espacio central. Sirva de ejemplo los grabados hallados en Vimbodí y Poblet de unos 13.000 años en donde se observan cabañas de esta índole. Todo lo anterior explicaría la escasa frecuencia de yacimientos arqueológicos debido a su bajo potencial de preservación al aire libre. En cambio los mejor conservados suelen ser, aunque fueran mínimos, los de cuevas.

El ocio y las relaciones sociales gozan de mucho tiempo y dedicación, todo ello para promover la cohesión del clan y las enseñanzas bajo la tradición oral. Así los chiquillos aprenden gran parte de sus habilidades hasta que entre los 12 y 14 años son iniciados ritualmente al mundo adulto. Para ello no hay escritura ya que los soportes textuales serían un engorro cuando a menudo se trasladan de una zona a otra. Este nomadismo estacional logra que la zona de consumo se recupere hasta la próxima visita del grupo.

Los sapiens que se extendieron por el mundo durante los últimos 100.000 años practicaron un modo de vida más o menos sostenible ya que fueron creciendo paulatinamente

También en estas sociedades de cazadores recolectores las creencias religiosas se hallan muy vinculadas a la naturaleza, a las fuerzas ocultas y a los espíritus. En ellas se da respuesta al alfa y al omega de todo, al origen y al más allá de la muerte. No existe en ello ni grandes dioses ni monoteísmos. El panteísmo, los tótems y el animismo se hallan entre las prácticas más comunes en donde la muerte se acepta y se observa como parte de la existencia. Ante ella la disparidad de rituales funerarios es muy diversa, desde abandonar el cadáver para su vuelta al ciclo de la naturaleza, hasta la acumulación de los cadáveres en lugares concretos. El enterramiento puede darse pero no deviene universal.

En fin, que los sapiens que se extendieron por el mundo durante los últimos 100.000 años practicaron un modo de vida más o menos sostenible ya que fueron creciendo paulatinamente en número de individuos. Todo esto cambió cuando una nueva forma de explotar los recursos revolucionó todo aquello. El Neolítico llamaba a sus puertas.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

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