Ludwig Wittgenstein

Ingeniero aeronáutico de formación, Wittgenstein destacó especialmente en el campo de la Filosofía analítica y del lenguaje / Wikimedia

Tal día como hoy… 26 de abril de 1889 nacía Ludwig Wittgenstein

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El 26 de abril de 1889 nacía en Viena (Austria) Ludwig Wittgenstein, uno de los más prominentes filósofos del siglo XX. Ingeniero aeronáutico de formación, destacó especialmente en el campo de la Filosofía analítica y del lenguaje. Aun sin adentrarnos en las complejidades de su pensamiento filosófico, bastaría con que los humanos siguiéramos uno de sus más famosos enunciados, “De lo que no podemos hablar, debemos guardar silencio”, para que, probablemente, nos fuera mejor como especie.

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CV / Pertenecía a una de las familias más ricas del Imperio austro-húngaro, de ascendencia judía. En la Realschule de Linz coincidió con Adolf Hitler, si bien, aunque se haya especulado sobre ello, nunca coincidieron en la misma clase. Habían nacido con seis días de diferencia, pero Wittgenstein iba un nivel por delante del que le correspondía por edad, debido a su brillante rendimiento académico, mientras que Hitler iba uno por debajo, por razones opuestas. Les separaban, pues, dos cursos académicos.

En Inglaterra empezó a interesarse por los fundamentos filosóficos de las matemáticas y pasó un tiempo en Cambridge. Allí conoció a Bertrand Russell

Empezó los estudios universitarios de ingeniería en Viena, trasladándose posteriormente a Manchester para completarlos. En Inglaterra empezó a interesarse por los fundamentos filosóficos de las matemáticas y pasó un tiempo en Cambridge. Allí conoció a Bertrand Russell, quien en una carta a su amante Lady Ottoline Morrell, le hablaba de un extraño y atrabiliario alumno que a altas horas de la madrugada despertaba a los profesores urgiéndoles con algún inquietante problema filosófico o matemático cuya resolución no admitía demora.

Al estallar la I Guerra Mundial, se alistó en el ejército austro-húngaro. En la trincheras, entre 1914 y 1916, y luego como prisionero de los italianos hasta 1919, escribió la que sería su obra más importante y la única publicada en vida: el ‘Tractatus logico-philosophicus’, más conocido como «El Tractatus», que fue publicada en 1921. Al ser liberado, renunció a la parte de la herencia que le correspondía por la muerte de su padre y la repartió entre sus hermanos. Asimismo, considerando que había resuelto los problemas filosóficos fundamentales a partir de la superación de la concepción de la lógica y el lenguaje de Russell y Frege, abandonó por completo la filosofía y se dedicó a hacer de maestro de escuela.

En 1929 regresó a Cambridge, donde se doctoró presentando como tesis el ‘Tractatus’, ante un tribunal entre cuyos miembros se contaban su antiguo profesor, Bertrand Russell, y G. E. Moore. Al jubilarse este último le substituyó en su cátedra de Cambridge. En 1947, con 58 años, abandonó la enseñanza para dedicarse a «pensar la soledad».

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Cada uno ha de poder arrojar su propia escalera

Wittgenstein definió su propio pensamiento como una escalera que hemos de arrojar una vez nos ha facilitado ascender a un nivel superior. Una frase que ha sido con frecuencia groseramente incomprendida, entendiéndose que estaba diciendo que la filosofía era algo ocioso o que no servía para nada. Nada más falso. Porque la escalera es la metáfora de un itinerario vital e intelectual que nadie puede recorrer por otro. Cada uno ha de poder arrojar su propia escalera.

La escalera es la metáfora de un itinerario vital e intelectual que nadie puede recorrer por otro y se debe arrojar una vez nos ha facilitado ascender a un nivel superior

Fue siempre un personaje heterodoxo. Tampoco los científicos quedaban muy bien parados: “Me es indiferente que el científico occidental me comprenda o me valore, ya que no comprende el espíritu con el que escribo. Nuestra civilización se caracteriza por la palabra «progreso». El progreso es su forma, no una de sus cualidades, progresar. Es típicamente constructiva. Su actividad estriba en construir un producto cada vez más complicado. Y aun la claridad está al servicio de este fin; no es un fin en sí. Para mí, por el contrario, la claridad, la transparencia, es un fin en sí”.

Entre sus críticos, se ha dicho de Wittgenstein que carecía de formación filosófica previa, lo cual, en rigor, tampoco es cierto. Es verdad que su paso por la filosofía universitaria como estudiante fue muy breve, y que bebió de fuentes exclusivamente analíticas, pero en aquellos tiempos se impartía en el bachillerato una sólida formación filosófica que ya quisieran para sí muchos filósofos universitarios de hoy en día. Se sabe que conocía bien la obra de Schopenhauer. Su actitud ante la vida se caracterizó por una espiritualidad más bien ascética. Fue toda su vida indiferente por completo a debilidades humanas como la fama, el dinero o el poder; su pasión fue la búsqueda de la verdad y, de ella, de la certeza, tema en el que estaba trabajando cuando falleció.

Ludwig Wittgenstein murió a los 62 años de edad en Cambridge, el 29 de abril de 1951, víctima de un cáncer de próstata que se negó a tratar. Su última voluntad fue que se le hiciera un funeral católico, y sus últimas palabras: “Diles que he tenido una vida maravillosa”.

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También un 26 de abril se cumplen estas otras efemérides

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