Luis Candelas

Grabado de Luis Candelas. Autor desconocido. / Wikimedia

Tal día como hoy… 9 de febrero de 1804 nacía Luis Candelas

 

El 9 de febrero de 1804 nacía en el madrileño barrio de Lavapiés Luis Candelas Cajigal, personaje que encarnará como nadie al ladrón por excelencia convertido en mito popular. La figura de su doble vida, caballero respetado de día, bandolero y ladrón de noche, inspirará también a muchos escritores para sus figuras literarias románticas.

 

CV / El bandolerismo es una figura típicamente española, sobre todo por el tipismo que se generó a raíz de su supervivencia en unos tiempos en que ya se había extinguido en el resto de Europa.

Bandoleros y salteadores de caminos los hubo siempre, pero fueron especialmente significativos, por la envergadura que adquirió el fenómeno, el bandolerismo catalán del siglo XVII, con Serrallonga como su representante más emblemático, y el andaluz de los siglos XVIII, con Diego Corrientes, y XIX, donde destacaría Andrés López Muñoz, conocido también como Curro Jiménez, quizás el más conocido de todos por la exitosa serie con su nombre que emitió TVE en los años setenta, repuesta  posteriormente en multitud de ocasiones.

El bandolerismo fue siempre un fenómeno típicamente rural, mientras que Luis Candelas fue básicamente un ladrón urbano

El caso de Luis Candelas es distinto. El bandolerismo fue siempre un fenómeno típicamente rural, mientras que Luis Candelas fue básicamente un ladrón urbano cuyas acciones tuvieron lugar en el Madrid de los años veinte y treinta del siglo XIX. Su trayectoria marca una diferencia con respecto al bandolerismo rural y con la iconografía agraria del proscrito que vive refugiado en su cueva. Candelas es básicamente un ladrón urbano, y en este sentido, se anticipa en la vida real a ficciones literarias (o reales) posteriores, como el victoriano Raffles, prototipo del ladrón de guante blanco.

Y también a diferencia de los bandoleros rurales que por entonces aún medraban, Candelas no nació, a diferencia de aquéllos, pobre de solemnidad. Era hijo de un carpintero de la calle Olivar que le dio a su hijo Luis estudios en el colegio de San Isidro. Eso sí, aunque despierto y buen estudiante, acabó por ser expulsado cuando un clérigo le propinó una bofetada y el joven Luis se la devolvió con creces dándole dos. Siempre mantuvo, según parece, una gran afición por la lectura y era un hombre culto, instruido y con maneras.

Siempre mantuvo, según parece, una gran afición por la lectura y era un hombre culto, instruido y con maneras

Tenía que serlo para codearse con la alta sociedad. En su vida hay sin duda mucha leyenda forjada posteriormente, pero parece que, antes de dedicarse exclusivamente a robar, de joven se dedicó a seducir mujeres y vivir a su costa. Consta en cualquier caso que había sido detenido y encarcelado por robo a los 16 años. También buscó un trabajo honrado, haciendo de librero… Pero le gustaba vivir bien y cuidaba mucho su aspecto personal. Tuvo un par de duelos, uno de los cuales fue con un tal Paco el Sastre, que luego se convirtió en su amigo y colaborador.

 

La doble vida de Luis Candelas

A partir de 1830 organizó su existencia de acuerdo con el modelo de una doble vida. De día era un respetable y enriquecido indiano que se codeaba con la alta sociedad; de noche, salía por la puerta trasera de su casa y se reunía con su banda en las tabernas –la del Cuclillo, la de la Paloma…- donde planificaban sus acciones de acuerdo con la información obtenida diurnamente. Fue detenido en varias ocasiones, pero siempre logró escapar, muchas veces sobornando a los guardias, muy receptivos a tales óbolos. En cierta ocasión, coincidió en el cuartelillo con Salustiano de Olózoga, el político liberal-progresista que en 1843 fue efímeramente presidente del gobierno. Candelas le preparó la fuga, y Olózoga siempre le estuvo agradecido.

Sus robos se hicieron famosos en todo Madrid, por su osadía y porque nunca utilizó la violencia

Sus robos se hicieron famosos en todo Madrid, por su osadía y porque nunca utilizó la violencia. Siempre se jactó de no haber cometido jamás ningún delito de sangre, y empezaron a circular leyendas sobre su generosidad con los pobres… Sí consta que siempre opinó que la riqueza en el mundo estaba mal repartida…

Y en toda biografía romántica han de darse dos cosas: una mujer y un desenlace trágico. Mujeres hubo muchas en la vida de Candelas, pero fue una la que le llevó al desenlace trágico. Injusto sin duda, y según las malas lenguas con inconfesados despechos de alguna alta cuna de por medio, pero estos son los materiales, ciertos o no, que bastan para forjar la leyenda. Hacia 1836 encontró a la mujer que le llevaría a la perdición, una tal Clara, de familia honesta de clase media, con la que se fue a vivir a Valencia.

Fue ejecutado el 6 de noviembre de 1837. Tenía 33 años, y toda una leyenda por delante. Nunca asesinó ni hirió a nadie

Pero regresó a Madrid para dar sus últimos golpes, y ese fue su gran error, que le privó además de las seguras complicidades de que había gozado en los salones del poder. Asaltó a la modista de la regente María Cristina –con propiedades reales en alhajas- y, a los pocos días, al embajador de Francia y su esposa en una diligencia –algo poco usual en él-. Identificado por la policía, decidió huir con Clara hacia Inglaterra. Pero en Gijón, donde debían embarcar, Clara –sin duda una mujer de interior- decidió que no se subía al barco. Y optaron por regresar a Madrid… Fue su último error.

Fue detenido en el trayecto de regreso el 18 de julio de 1837, al pasar por un puesto de aduanas en Alcazarén. Fue juzgado el 2 de noviembre y condenado a garrote vil. Fue ejecutado el 6 de noviembre de 1837. Tenía 33 años, y toda una leyenda por delante. Nunca asesinó ni hirió a nadie.

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