Luis Santaló

Luis Santaló en 1986 / Wikimedia - Duch Dausà, Dani (Diari de Girona)

Tal día como hoy… 23 de noviembre de 2001 fallecía el matemático Luis Santaló

 

El 23 de noviembre de 2001 fallecía en Buenos Aires (Argentina), Luis Santaló, uno de los pocos matemáticos españoles de fama internacional, en un país poco proclive a esta ciencia. Desarrolló la mayor parte de su carrera en Argentina. Fue precursor en la investigación de la Geometría Integral, especialidad de la cual está considerado uno de sus fundadores.

Wikimedia – Duch Dausà, Dani (Diari de Girona)

CV / Santaló nació en Girona (Cataluña, España) el 9 de octubre de 1911. Cursó el Bachillerato en el instituto de su ciudad natal, y tras concluirlo inició sus estudios universitarios en la Universidad Central de Madrid -actual Complutense-. En un principio se decantó por la Ingeniería de Caminos, pero el curso introductorio de Matemáticas le indujo a optar por esta especialidad. Tuvo como profesor a otro eminente matemático del momento, Julio Rey Pastor (1888-1962), que ejerció gran influencia sobre él. El propio Pastor le sugirió solicitar una beca para estudiar el doctorado en la Universidad de Hamburgo (Alemania), de la mano de Wilhelm Blaschke, que por entonces estaba iniciando los estudios de Geometría Integral y que fue el director de su tesis doctoral.

En Francia y España, ejerció de profesor universitario introduciendo la Geometría Integral en España. Finalmente se trasladó a Argentina

Regresó a Madrid en 1935, con su tesis publicada ya en Alemania. En Francia y España, ejerció de profesor universitario introduciendo la Geometría Integral en España. De convicciones republicanas, al estallar la Guerra Civil se integró en la aeronáutica republicana. Al concluir la guerra, tomó, como tantos otros, el camino del exilio. Fue internado en un campo de concentración para refugiados republicanos en Francia, del cual consiguió salir gracias a las gestiones del matemático francés, y profesor de La Sorbona, Élie Cartan. Siguiendo el consejo de Rey Pastor, decidió trasladarse a Argentina, siendo contratado por la Universidad Nacional del Litoral, de la ciudad de Rosario (1939-1947), iniciando allí una fructífera carrera matemática. Entre 1948 y 1955 fue profesor de la Universidad Nacional de la Plata, y a partir de esta fecha, en la Universidad de Buenos Aires, con la especialidad de Geometría diferencial e integral.

A lo largo de su carrera obtuvo numerosas distinciones. Fue Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 1983, Premio Bernardo Houssay en Argentina, Creu de Sant Jordi (1994), Orden de Alfonso X el Sabio (1996), Premio Konex (2003, póstumo). Fue también Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas y miembro de las Academias de Ciencias de Madrid, Lima y Argentina. Su trabajo ‘Integral Geometry and Geometric Probability’ está considerado un «clásico». Escribió también importantes trabajos sobre geometrías no euclidianas, sobre Geometría proyectiva, sobre espacios vectoriales y Geometría analítica… También escribió una ‘Historia de la Aviación’.

Numerosas universidades catalanas y del resto de España le ofrecieron regresar para impartir docencia en ellas, ofertas que siempre declinó cortésmente

Numerosas universidades catalanas y del resto de España le ofrecieron regresar para impartir docencia en ellas, ofertas que siempre declinó cortésmente, aduciendo que “En Argentina he hecho mi vida y ya no puedo irme”.

En relación a la enseñanza de las Matemáticas, afirmó lo siguiente en 1982 en una entrevista:

“Cuando se habla de los recursos de un país hay uno, por lo general escaso, que no es costumbre mencionar: los talentos matemáticos. Todo niño capta lo esencial de nuestra ciencia, pero solo algunos, naturalmente dotados, llegarán a destacarse o intentar una labor creativa. Sabemos que se manifiestan a muy temprana edad y si no se los educa se malogran luego; es deber de la escuela descubrirlos y guiarlos; es obligación de la sociedad el ofrecerles oportunidad para su desarrollo. El resto de los ciudadanos, sin esa capacidad o esa vocación especiales, debe, sin embargo, aprender toda la matemática necesaria para entender el mundo que vivimos. Desconocer el lenguaje a que aspiran las ciencias y usar las técnicas es encerrarse en una manera de analfabetismo que un país civilizado no puede tolerar. Aquí el precio de la incuria es la dependencia, la pérdida de la soberanía“.

Nuestros políticos y autoridades educativas siguen sin tomar nota y promoviendo todo lo contrario Y así nos va.

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