Manuel Godoy

Retrato de Manuel Godoy (1767-1851) / Wikimedia

Tal día como hoy… 4 de octubre de 1851 fallecía Manuel Godoy

 

El 4 de octubre de 1851 fallecía en París, a los 84 años de edad, olvidado y en el exilio, Manuel Godoy, uno de los personajes más controvertidos y vilipendiados de la historia de España. Fue el favorito de la corte y primer ministro de Carlos IV, llegando a convertirse en el hombre más poderoso de España. Le tocó vivir los tiempos de la Revolución Francesa y el auge de Napoleón.

 

CV / Había nacido en Badajoz el 12 de mayo de 1767 en el seno de una familia hidalga. Tras haber recibido una formación militar y humanística, en la línea del modelo ilustrado, llegó a Madrid en 1784, todavía en tiempos de Carlos III, y consiguió ser admitido en la guardia de corps. Cuatro años después, acedía al trono al trono Carlos IV, lo que para Godoy fue una auténtica suerte. Sin que haya sido nunca su hecho probado, se ha especulado con que se convirtió en el amante de la reina, María Luisa de Parma. Sea como fuere, su ascenso a partir de entonces fue meteórico, llegando a convertirse en 1792 en primer secretario de estado, cargo equivalente a primer ministro.

La política de Carlos III se había caracterizado, en lo exterior, por los llamados «pactos de familia» con los Borbones franceses, aliando a Francia y a España contra Inglaterra

La política de Carlos III se había caracterizado, en lo exterior, por los llamados «pactos de familia» con los Borbones franceses, aliando a Francia y a España contra Inglaterra, con suerte diversa en los distintos enfrentamientos que se produjeron. En lo tocante a la política interna, se prosiguió con los intentos de modernización, dando lugar a un tímido e incipiente movimiento ilustrado, de la mano de ministros como Esquilache, Aranda o Floridablanca. La pugna entre tradicionalismo y modernización estuvo presente en todo momento, siendo el «Motín de Esquilache» quizás su manifestación externa más paradigmática. Una política de equilibro frágil, susceptible de quebrarse en cualquier momento.

Y se quebró con Godoy como primer ministro, no tanto por sus propias acciones, que también, como por la ruptura del equilibrio europeo con la Revolución Francesa. Los sectores más ultraconservadores, con la Iglesia al frente, asociaron a Francia con la Revolución, y a la Revolución con las nuevas ideas traídas por la  Ilustración. A Godoy le tocó lidiar con todo esto y le salió mal.

Al principio, Godoy participó en las coaliciones europeas contra la Francia revolucionaria al lado de Inglaterra, Austria y Prusia

Al principio, Godoy participó en las coaliciones europeas contra la Francia revolucionaria al lado de Inglaterra, Austria y Prusia. El efecto de todo esto fue la llamada Guerra del Rosellón (1793-1795), que resultó desastrosa, en gran medida por la desidia del propio Godoy, y para desesperación del general Ricardos, que llegó a ocupar Perpiñán.

Tras el ascenso de Napoleón, Godoy se percató de que España era demasiado débil para oponerse a la superpotencia que estaba surgiendo, de modo que se alió con Napoleón, entrando entonces en guerra con Inglaterra. La derrota de Trafalgar (1895) fue el episodio más famoso de esta guerra.

Siendo Portugal un aliado de Inglaterra, Napoleón solicitó permiso a Godoy para que el ejército francés –dada la incapacidad del español para el cometido- atravesara la Península para invadir Portugal. Una petición a la cual, en la línea de la famosa frase de la película ‘El Padrino’, no se podía decir que no. Y, obviamente, Godoy aceptó, o más bien «acató».

Y las cosas empezaron a torcérsele a Godoy. El inmenso poder acumulado y el favor de los reyes le había granjeado muchos enemigos en la corte. Y estos enemigos se agruparon en torno a un turbio y mediocre personaje, Fernando de Borbón, príncipe de Asturias, hijo de Carlos y heredero de Carlos IV, que tenía prisa por convertirse en rey. A su vez, empezó a quedar claro que los ejércitos franceses camino de Portugal estaban algo más que «de paso». Y entre ambas cosas, toda la urdimbre de poder que Godoy se había construido saltó por los aires como un castillo de naipes.

DIA 19. DE MARZO DE 1808. EN ARANJUEZ. / Wikimedia

“El Motín de Aranjuez” fue una revuelta organizada por los partidarios del príncipe Fernando, de la cual el propio Godoy consiguió escapar por los pelos. Carlos IV le destituyó, pero como al ambicioso príncipe Fernando no le bastaba con esto, tuvo que abdicar, proclamándose rey su heredero con el nombre de Fernando VII. Napoleón tomó entonces cartas del asunto y convocó a padre e hijo –con Godoy- en Bayona. Allí, les obligó a abdicar a ambos y que delegaran en él la corona de España, que luego cedió a su hermano José. Luego vino el 2 de mayo de 1808 y todo lo que siguió.

Napoleón tomó cartas del asunto y convocó a padre e hijo –con Godoy- en Bayona. Allí, les obligó a abdicar a ambos y que delegaran en él la corona de España

Godoy nunca volvió a España. Siguió en su regio cautiverio a Carlos IV y a su esposa hasta la caída de Napoleón. Luego se instaló en París. Expropiados todos sus bienes por Fernando VII, vivió de una pensión que le concedió el rey de Francia Luis Felipe de Orleans. En el exilio, escribió sus memorias, una autojustificación de su trayectoria, pero a la vez un retrato lúcido de la realidad de la corte de Carlos IV, con sus intrigas y conspiraciones.

Godoy está enterrado en el cementerio Père Lachaise de París.

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