Margaret Mead

La antropóloga, Margaret Mead / Wikimedia

Tal día como hoy… 15 de noviembre de 1978 fallecía Margaret Mead

 

El 15 de noviembre de 1978 fallecía en Nueva York, a los 78 años de edad, Margaret Mead, la primera mujer que destacó en antropología, y una de las antropólogas más célebres de todos los tiempos. Sus estudios sobre los trabajos de campos realizados en Polinesia siguen siendo, aunque bajo cuestionamiento, textos usuales en las facultades de Antropología.

 

CV / La de Margaret Mead es también la época que marcaría la edad de oro de la Antropología. Nació en Filadelfia el 16 de noviembre de 1901, hija de un profesor universitario y una activista social. Ambos aspectos, el trabajo académico y el activismo, los heredó y simultaneó en su propia persona a lo largo de su vida.

Feminista, bisexual, activista… su propia producción antropológica está atravesada por sus convicciones y actitud ante la vida

Fue ciertamente una personalidad académica y antropóloga mundialmente reconocida, a la vez que siempre mantuvo una actitud de reafirmación de sus condición de mujer, contraria a las rígidas imposiciones sociales de la sociedad posvictoriana en que creció: feminista, bisexual, activista… su propia producción antropológica está atravesada por sus convicciones y actitud ante la vida. Aunque no fue exactamente una teórica de la Antropología, sus trabajos de campo revolucionaron esta disciplina.

Desde su surgimiento como disciplina separada, la Antropología se había dedicado básicamente al estudio de los pueblos llamados primitivos, a diferencia de la Sociología, cuyo objeto de estudio eran las sociedades avanzadas o modernas. En los EEUU, los primeros centros de interés fueron los pueblos indios, cuya cultura estaba en claras vías de extinción hacia finales del siglo XIX, con genocidio incluido. Y el antropólogo que creó escuela fue Franz Boas, fundador del particularismo histórico, en el que se educó Margaret Mead en la Universidad de Columbia, graduándose en 1923.

Se ha dicho a veces que la infancia es un invento europeo del siglo XIX, y la adolescencia el invento americano del siglo XX. Sea como fuere, lo cierto es que la creciente complejidad de la sociedad norteamericana a principios de siglo XX, dio lugar a una etapa de la vida, la adolescencia, que coincidiría con el periodo de cambios hormonales que llevan a la maduración sexual, y que se consideraba problemática, muy especialmente desde el punto de vista psicológico y social por sus manifestaciones de inconformismo, la revolución sexual que a duras penas se iniciaba…  Margaret Mead se preguntó si esto era el resultado de un determinado modelo social, o si, por el contrario, era algo patente en todos los pueblos y culturas.

Según Mead, las jóvenes samoanas postergaban el matrimonio varios años, durante los cuales mantenían relaciones sexuales «informales»

Realizó su primer trabajo de campo en Samoa con esta intención, plasmando los resultados de sus investigaciones en ‘Adolescencia, sexo y cultura en Samoa’ (1928), llegando a conclusiones controvertidas para la sociedad norteamericana. En el fondo, se trataba de una sociedad que fomentaba la represión sexual, en la medida que la maduración sexual del individuo de «demoraba» en aras a la maduración «social», a diferencia de otras culturas. Según Mead, las jóvenes samoanas postergaban el matrimonio varios años, durante los cuales mantenían relaciones sexuales «informales». Una vez casadas, «sentaban» la cabeza y se empleaban en su rol de madres.

Tras una posterior estancia en Papúa Nueva Guinea, publicó la que sin duda fue su obra más famosa e influyente, ‘Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas’ (1935). En ella cuestionó que la división sexual del trabajo se debiera a diferencias innatas en el comportamiento instrumental y emocional entre hombres y mujeres. A partir del estudio de tres tribus relativamente próximas, planteó que los papeles  y las conductas sexuales variaban según los parámetros culturales. De las tres tribus estudiadas, una era claramente matriarcal, otra claramente patriarcal, y la tercera una síntesis equilibrada. En cada caso, los comportamientos variaban enormemente según el caso.

A partir del estudio de tres tribus relativamente próximas, planteó que los papeles  y las conductas sexuales variaban según los parámetros culturales

También, en otro orden de cosas, los resultados de sus estudios le llevaron a refutar la tesis de Piaget, según la cual los niños piensan de manera «animista», entendiendo que en Polinesia no era así, sino que piensan de forma muy práctica, y que, en todo caso, el animismo surge cuando se van haciendo mayores.

En 1983, el antropólogo Derek Freeman publicó ‘Margaret Mead y Samoa: la construcción y destrucción de un mito antropológico’  desmontando todas las tesis de Margaret Mead, tras más de medio siglo de investigación, creando unja gran polémica en los círculos académicos antropológicos. Se le reprochó que publicara sus conclusiones cinco años después de la muerte de Mead, cuando ésta no podía ya replicar.

Se podrá decir lo que se quiera, pero lo cierto es que Mead estuvo en Samoa nueve meses, y nunca habló el dialecto samoano, que sí dominaba perfectamente Freeman. Y, entre otros recursos, se había basado en entrevistas a informantes sobrevivientes de la época de Mead. En defensa de Mead, se apuntó que las informantes originales de Mead ya eran abuelas y que se habían convertido al cristianismo, tras décadas de intensa actividad misionera, y que los samoanos habían acabado adoptando, por aculturización, parámetros de conducta occidentales.

Sea como fuere, lo cierto es que la lectura de ‘Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas’ sigue siendo altamente recomendable.

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