Mari Chordà: una feminista pionera en el mundo del arte

La galería Mayoral reivindica la trayectoria de la pintora, poeta y activista con una exposición monográfica.

Nacida en Amposta en 1942, Mari Chordà es una artista ampliamente reconocida: el MACBA, el MNAC y el Reina Sofía tienen obras suyas y se le dedicaron exposiciones antológicas en su ciudad y en el Centro de Cultura de Mujeres Francesca Bonnemaison de Barcelona en los años 2000, 2006 y 2017. En el 2015 dos de sus piezas –La gran vagina y Coitus pop– formaron parte de la exposición The World Goes Pop de la Tate Modern de Londres.

 

Ahora, Mayoral reivindica su trayectoria con una selección de catorce piezas creadas entre 1962 y 1972 a cargo de la comisaria Chus Martínez. Pintora, poeta y editora, Chordà fue pionera en la expresión visual del cuerpo femenino, de la sexualidad femenina y de la experiencia de la maternidad desde una mirada feminista.

Chordà rompió tabúes pintando por primera vez representaciones de genitales femeninos en 1964, cuando todavía estudiaba y participaba en la lucha contra el franquismo, en un momento en el que la revolución del arte feminista era incipiente. Del deseo de habitar su propio cuerpo y de arrebatarlo al patriarcado salió la inspiración para la serie Vaginales, representada en la exposición con las obras Líquidos (1964), Lágrimas (1966) y la pintura seminal de Vulva (1968).

Destacan también dos obras de gran formato –Vuela, vuela (1964) y Garriga II (1965)–, que la vinculan a su paisaje más familiar: el río Ebro y el Montsià, en el que religa la fecundidad y la fertilidad de la tierra con la vida de las mujeres.

En 1965 se trasladó a París y su paleta cambió drásticamente a raíz del descubrimiento de artistas vinculados al nuevo realismo y el arte pop, especialmente Niki de Saint Phalle

En 1965 se trasladó a París y su paleta cambió drásticamente a raíz del descubrimiento de artistas vinculados al nuevo realismo y el arte pop, especialmente Niki de Saint Phalle. La abundancia de color en la obra de esta creadora le pareció poderosa y convincente, y entonces Chordà se reafirmó en el uso de colores cada vez más brillantes y audaces que “te obligaban a detenerte y mirarlos”. Ella, que nunca se inscribió en la tendencia del arte pop, buscó activamente formas de contrarrestar el voyeurismo inherente a muchas obras de arte pop estadounidenses, que representaban a las mujeres como objetos sexuales.

Chordà subvirtió aquella estética pop con la serie lúdica Juguetes, presente en Mayoral con Colores (1969) y Huevos de felina (1969), dos esculturas de madera policromada inspiradas en un juego piezas de colores para niños y niñas con el que jugaba su hija Ángela. De este modo, el artista sitúa su papel como madre y creadora en el centro de su práctica y, figuradamente, en manos de su hija.

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