María de Ávila, Premio Max de Honor 2014

Pintura de de ballet de Edgar Degas / Wikipedia

 

Una figura clave de la danza española

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El comité organizador de los Premios Max de las Artes Escénicas da a conocer hoy, 29 de abril, Día Internacional de la Danza, el premio Max de Honor 2014, que ha sido otorgado por unanimidad a la maestra y bailarina María de Ávila por ser una figura clave en la historia de la danza. El comité decidió, a principios de año, y antes de la defunción de la artista, la concesión de este galardón. El premio coincide con el 60 aniversario de la puesta en funcionamiento del Estudio de Danza María de Ávila este mes de abril.

[blocktext align=”left”]Lola de Ávila, hija de María de Ávila, recibirá el galardón en el marco de la gala de entrega que se celebrará el 26 de mayo en el Teatro Circo Price de Madrid

Su hija, Lola de Ávila, recibirá el galardón el próximo 26 de mayo en el marco de la ceremonia de la XVII edición de los Premios Max de las Artes Escénicas que organiza la Fundación SGAE y que se celebrará en el Teatro Circo Price de Madrid. Para Lola de Ávila, el Max de Honor es «un premio que me emociona y que a mi madre también le habría emocionado. Estoy muy agradecida por el galardón». La bailarina, maestra y coreógrafa destaca de su madre «la tenacidad, la generosidad y el mucho amor por la profesión» y subraya que la danza, en España, «es María de Ávila».

María Dolores Gómez de Ávila nació en Barcelona el 10 de abril de 1920 y murió el 27 de febrero de 2014, a los 93 años, en Zaragoza, donde residía desde hacía más de medio siglo. Ha sido en esta segunda ciudad donde, en 1954, fundó la academia que lleva su nombre y que hoy dirige su hija, Lola de Ávila. En ésta se han formado un gran número de profesionales de la danza española como Víctor Ullate, Carmen Roche, Ana Laguna, María Jesús Guerrero, Arantxa Argüelles, Amaya Iglesias o Trinidad Sevillano, que después se han convertido en figuras reconocidas internacionalmente.

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«Ha dejado un legado inconmensurable»

Víctor Ullate afirma que «María lo ha sido todo». «Gracias a ella conocí la danza clásica. Fue una gran maestra, nos enseñó la base para después ampliar conocimientos. Estuvo muy entregada a su profesión como maestra e investigó muchísimo. Consiguió que tuviéramos este amor y este rigor por la danza. Ha sido muy importante. Yo no estaría aquí si no hubiera sido por ella», destaca.

Por su parte, Carmen Roche añade: «Me enseñó a volar. Fue imprescindible. Ha dejado un legado inconmensurable porque todos, hagamos lo que hagamos, es por ella. De ella resaltaría su profunda humanidad. Tenía mucho carácter pero era muy humana, inteligente y perseverante».

La bailarina empezó los estudios de danza clásica y española, a los diez años

La bailarina empezó los estudios de danza clásica y española, a los diez años, de la mano de la profesora y coreógrafa del Liceo de Barcelona, Pauleta Pamiés. En aquella primera etapa de aprendizaje ya pisó los escenarios para bailar la ópera Aida, en la cual aparecen niños. Alexander Goudinov, Antonio Bautista y Antonio Alcaraz fueron algunos de sus maestros en aquel momento. La joven pronto entró a formar parte del prestigioso Ballet del Liceo, del cual, al cabo de poco tiempo, ya era la primera bailarina con Joan Magrinyà de pareja de baile habitual, y protagonizó piezas como El Amor Brujo junto a Vicente Escudero el 1939.

María de Ávila / SGAE
María de Ávila / SGAE

Posteriormente, entre los años 1951 y 1952, fue la bailarina estrella de la Compañía Española de Ballet y los Ballets de Barcelona, así como del Instituto del Teatro de la Diputación de Barcelona, donde fue profesora de danza. Fueron años de gran actividad profesional pero María de Ávila no interpretó sus montajes en el extranjero debido a los tiempos convulsos y las guerras. Formó compañía con Joan Magrinyà y con él recorrió los teatros más importantes de nuestro país.

Después de rechazar un contrato para ir a Estados Unidos con los Ballets Rusos de Montecarlo como figura estelar, María de Ávila dejó el Liceo en 1948 para casarse con el ingeniero zaragozano José María García Gil. Y, con su hija de sólo 1 año, realizó su última gira con los Ballets de Barcelona, antes de colgar las zapatillas y dedicarse a la docencia.

En la ciudad aragonesa fundó y dirigió el Ballet Clásico de Zaragoza, con alumnos de su escuela, y siete años más tarde presentó, en Segovia, el Joven Ballet María de Ávila. En 1983 María de Ávila asumió la dirección artística de las dos compañías de danza amparadas por el Ministerio de Cultura (INAEM): el Ballet Nacional de España y el Ballet Clásico Nacional (hoy Compañía Nacional de Danza) en los cuales, hasta agosto de 1986, se encargó de sistematizar el trabajo interno del ballet, así como de abrir las puertas a coreografías como las de George Balanchine y Anthony Tudor.

Algunos de los galardones que la bailarina ha recibido a lo largo de su trayectoria han sido el premio Santa Isabel (1965) concedido por la Diputación de Zaragoza, el premio Sant Jordi (1974), la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza (1982), la de las Bellas artes del Ministerio de Cultura (1989), la de Oro del Círculo de Bellas artes, junto a Alicia Alonso (1998) y la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo (2007). Fue escogida, también, miembro del Consejo de la Institución Fernando el Católico de la Diputación de Zaragoza.

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Anteriores premiados con Max de Honor

En años anteriores, el galardón ha sido para Ana Diosdado (2013), Julia Gutiérrez Caba (2012), José Monleón (2011), Josep Maria Benet i Jornet (2010), Miguel Narros (2009), Víctor Ullate (2008), Fernando Arrabal (2007), Pilar López (2006), José Rodríguez Méndez (2005), Francisco Nieva (2004), Alfonso Sastre (2003), José Tamayo (2002), Antonio Gala (2001), Adolfo Marsillach (2000), Antonio Buero Vallejo (1999) y el Teatro La Zarzuela (1998).

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Tres premios especiales

Además de las 19 candidaturas a concurso, los Premios Max conceden tres premios especiales: el de Honor, el de Contribución a las Artes Escénicas y el de Aficionado. Organizados por la Fundación SGAE desde 1998, los Premios Max, el galardón de los cuales fue diseñado por el poeta y artista plástico catalán Joan Brossa (Barcelona, 1919 – 1999), impulsor de uno de los colectivos renovadores del arte del país de la posguerra, se han consolidado a lo largo de estos años como el reconocimiento más amplio en el ámbito de las artes escénicas al Estado español. Este 2014 es un punto de inflexión en la trayectoria de Max con la entrada en vigor de un nuevo reglamento que comporta una renovación profunda de su estructura, algo fundamental para adecuarse al contexto actual.

El comité organizador de los Premios Max está integrado por los autores Ana Diosdado, Ramón Barea, Mariano Marín, Miguel Murillo, Carme Portaceli, Ricard Reguant, Juan Carlos Rubio, Rosángeles Valls, Eva Yerbabuena y Antonio Onetti, presidente de la Fundación SGAE.

 

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