Larra fue un autor con un excepcional dominio del lenguaje. Y cabe decir que de una rabiosa actualidad / Wikimedia

Tal día como hoy… 13 de febrero de 1837, fallecía Mariano José de Larra

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El 13 de febrero de 1837, fallecía Mariano José de Larra, escritor, dramaturgo, traductor, periodista y uno de los máximos exponentes del romanticismo español. Tenía 27 años cuando decidió acabar con su vida disparándose un tiro en la sien. Su nombre irá siempre asociado a los seudónimos que utilizó para firmar sus artículos, siendo los más famosos «Fígaro» y «El Pobrecito Hablador».

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CV / Había nacido en Madrid, en 1809, hijo de un médico militar de ideas liberales y afrancesado que tuvo que exiliarse a Francia al concluir la Guerra de la Independencia. Sus primeros años escolares los vivió Larra en Francia, hasta que su familia regresó a España en 1819 tras promulgarse una amnistía. Al parecer, pasó de joven por una experiencia que le marcó profundamente. Se enamoró perdidamente de una mujer bastante mayor que él, que resultó ser la amante de su padre.

Tras pasar por la Universidad, empezó a destacar muy pronto por sus artículos de prensa, caracterizados por una prosa satírica e irónica

Tras pasar por la Universidad, empezó a destacar muy pronto por sus artículos de prensa, caracterizados por una prosa satírica e irónica que ridiculizaba y ponía de manifiesto las carencias y los tópicos de una sociedad que se debatía entre la tradición y la modernidad, con frecuencia de forma traumática y visceral. Si, como se ha dicho, la época de Fernando VII es una de las más ramplonas culturalmente de la historia de España, no cabe duda de que Larra es la excepción que brilla con luz propia en el páramo intelectual de aquellos negros tiempos.

A los 20 años contrajo matrimonio, en lo que fue, según él mismo, una de las peores decisiones de su vida. Al poco tiempo se separó de su esposa -con la que tuvo tres hijos-, e inició una tempestuosa relación con una mujer casada, Dolores Armijo, que le abandonará un tiempo después, produciéndole un desengaño que le arrastraría todo el tiempo que le quedaba de vida. Emprendió entonces un viaje que le llevó a Portugal, Inglaterra, Bélgica y Francia. En París, donde permaneció varios meses, conoció a Alejandro Dumas y a Víctor Hugo.

Con el tiempo y sus propias circunstancias personales, su distanciamiento irónico de la realidad dio paso a un creciente pesimismo. De ideas liberales moderadas, intervino puntualmente en política, que le decepcionó muy pronto. Si tras el reinado de Fernando VII -el rey felón- parecía que nada podría ser peor, el estallido de la primera guerra carlista refutó tal suposición.  Partidario al principio de Mendizábal y sus desamortizaciones, acabó desencantado al comprobar que arrojaban a la indigencia a los sectores sociales más desfavorecidos.

Despechado por la ruptura de su relación con Dolores Armijo, y tras infructuosos intentos de recomponerla, se suicidó tras haber recibido una última y extraña visita suya. Poco antes había publicado uno de sus artículos más pesimistas y descorazonadores: El día de difuntos. El autor del ‘Vuelva usted mañana’ había acabado llevando su mordaz ironía hasta los últimos límites de su propio relato.

De ideas liberales moderadas, intervino puntualmente en política, que le decepcionó muy pronto

En sus funerales destacó el homenaje que le brindó un entonces joven y desconocido poeta que aquel día se asomó por primera vez a la fama: José Zorrilla.  Por cierto, que el homenaje fue más por encargo que sentido. Zorrilla denostó a Larra toda su vida por ser un suicida. Solo muchos años después admitió el error de su ingratitud hacia aquél cuya muerte le había brindado la oportunidad que tan bien supo aprovechar.

Larra fue un autor con un excepcional dominio del lenguaje. Y cabe decir que de una rabiosa actualidad ¿O acaso no son actuales ‘Vuelva usted mañana’ -su artículo más renombrado- en que denuncia el anquilosamiento de la Administración, o ‘El hombre globo’, una lúcida ejemplificación de lo que hoy conoceríamos como un «trepa»?.

Aunque pueda parecer un contrasentido, Larra es en cierto modo un romántico ilustrado. Ilustrado por su formación; romántico por su tiempo y su vida; un tiempo que se debatía también entre sus propios contrasentidos, y una vida a la que él mismo, disconforme con su propio relato, decidió poner punto final un 13 de febrero de hace 181 años.

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