Pese a sus indudables sombras, su pensamiento y obra han ejercido una poderosa influencia en la filosofía europea. / Créditos: Landesarchiv Baden-Württenberg

Tal día como hoy… 26 de mayo de 1976 fallecía Martin Heidegger

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El 26 de mayo de 1976 fallecía en Freiburg im Breisgrau (Alemania) Martin Heidegger, uno de los filósofos más renombrados del siglo XX, y también de los más controvertidos. Más allá de su pensamiento, de difícil acceso incluso para profesionales de la filosofía, el mayor objeto de controversia sobre su persona fue su adscripción al nazismo y su nivel real de compromiso con esta ideología. Sus más destacados discípulos, en cambio, fueron notorios pensadores de izquierda, desde Herbert Marcuse hasta Hanna Arendt.

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CV / Su filosofía se ha definido, según el caso, como fenomenológica, existencialista, ontológica… Para algunos, su filosofía es la más profundamente anticristiana del siglo XX; para otros, un elogio del mito y del irracionalismo. Pese a sus indudables sombras, su pensamiento y obra han ejercido una poderosa influencia en la filosofía europea posterior, tanto entre aquellos que le entendieron bien, como entre los que no.

Todo indica que, a diferencia por ejemplo de Ernst Jünger, a quien conoció personalmente, Heidegger sí sucumbió a la fascinación por Hitler

Heidegger nació en Messkirk un 26 de septiembre de 1889 en el seno de una familia tradicionalista y católica. Estudió Filosofía en la Universidad de Freiburg, adscribiéndose al neokantismo de Heinrich Rickert (1863-1936), de quien fue alumno, pasándose luego a la Fenomenología de Edmund Husserl (1859-1938), convirtiéndose en su asistente y discípulo, hasta el punto de que la esposa de Husserl llamaba a Heidegger «nuestro hijo fenomenológico».

Pero lo fenomenológico y lo biológico no casaban muy bien en la Alemania que estaba viviendo el ascenso del nazismo. Husserl era judío y esto empezaba a ser un problema muy serio. En 1927 Heidegger publicó su obra más importante, ‘Ser y Tiempo’, y en 1929 ‘Kant y el problema de la Metafísica’. En ambas había una dedicatoria a su maestro Edmund Husserl –“con cariño y amistad”. «Prudentemente», estas dedicatorias desaparecieron de las posteriores ediciones. En la práctica, parece comprobado que Heidegger empezó a evitar cuidadosamente cualquier contacto o relación con su antiguo maestro.

Algunos autores han exculpado posteriormente a Heidegger aduciendo que se opuso a las purgas nazis en la universidad; o que su adscripción al partido nazi fue cosa de supervivencia, como tantos otros. Tesis que, como mínimo, son más que discutibles. Hasta donde consta, su tímida disidencia contra las purgas en la Universidad lo fue, en todo caso, a favor de los purgados de la facción más extrema del nazismo, las SA de Rohm, cuando Hitler decidió deshacerse de ellos. Lo de la supervivencia podría valer si no fuera por su documentada admiración por Hitler, o por piezas como su discurso de toma de posesión de la cátedra en Friburgo, en 1933. Todo indica que, a diferencia por ejemplo de Ernst Jünger, a quien conoció personalmente, Heidegger sí sucumbió a la fascinación por Hitler.

Martin Heidegger fue apartado de la docencia en 1945 por los aliados, y rehabilitado en 1952, aunque su actividad docente ya fue escasa

Tampoco fue ciertamente el filósofo oficial y orgánico del nazismo; acaso a pesar suyo. Su pensamiento era demasiado complicado para los nazis, que prefirieron a Rosemberg. Aun así, todavía en 1944, con la guerra perdida para Alemania, se publicaban obras de Heidegger. Ello da a entender que si en un momento tan crítico y con la escasez de papel e imprentas propias de un país bombardeado y en ruinas, el régimen nazi seguía imprimiendo sus obras, es que su adhesión al nazismo y la consideración en que se le tenía iban mucho más allá del mero coqueteo. También parece que negó la derrota hasta el mismo día de la rendición de Alemania. Así se desprende de las notas que dejaba en los libros de visita de las familias ilustres a las que visitaba.

Tampoco una palabra sobre el holocausto. Bueno, una. En cierta ocasión, en 1949, al tratar sobre la mecanización y el primado de la técnica, afirmó que la bomba atómica, los campos de exterminio y la mecanización de la agricultura eran, en esencia, lo mismo. Luego dijo que no se le había entendido qué significaba «en esencia». Y es posible que tuviera razón, pero en alguien tan preocupado por la precisión del lenguaje hubiera sido de esperar algún otro tipo de aclaración. Muchos de sus exalumnos y discípulos le pidieron después de la guerra que denunciara públicamente las atrocidades nazis. Siempre rehusó hacerlo con evasivas, una vez más, algo impropias de alguien que consideraba el lenguaje «la casa del ser».

Martin Heidegger fue apartado de la docencia en 1945 por los aliados, y rehabilitado en 1952, aunque su actividad docente ya fue escasa. A su muerte se publicó la entrevista que había concedido a Der Spiegel diez años antes, con la condición de que solo apareciera póstumamente. Su título: “Solo un dios puede salvarnos”.

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También un 26 de mayo se cumplen estas otras efemérides

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