Martina Castells Ballespí

Martina Castells Ballespí (1852 - 1884) médico española, primera mujer doctorada en medicina en España en 1882. / Wikimedia

Tal día como hoy… 7 de noviembre de 1882 se licenciaba en Medicina la primera mujer en una Universidad española

 

El 7 de noviembre de 1882, Martina Castells Ballespí (1852-1884) se convertía en la primera mujer que obtenía el título de Doctora en Medicina en una Universidad española, al ser investida oficialmente en una ceremonia oficial en la Universidad Central de Madrid. Consiguió la licenciatura en Medicina por la Universidad de Barcelona, junto a otras dos pioneras, Elena Maseras Ribera (1853-1905) y Dolores Aleu Riera (1857-1913).

 

CV / En 1872, el rey Amadeo I había publicado una Real Orden que autorizaba a las mujeres a estudiar Medicina. En septiembre de 1872 había pisado las aulas de la Facultad de Barcelona la primera mujer estudiante de Medicina de la historia de España, Elena Maseras -natural de Vila-seca (Tarragona)-, siendo recibida con aplausos por sus compañeros. Había concluido sus estudios en 1878, pero al solicitar permiso para realizar el examen de licenciatura, su condición de mujer hizo que se organizara una confusión burocrática, con los inevitables recelos y demoras, que tardaron más de tres años en solucionarse. Al final, hizo el examen y obtuvo la licenciatura en 1882, en la misma promoción que Martina Castells y Dolores Aleu. En rigor, pues, habría que decir que la primera licenciada fue Elena, y la primera doctora Martina. Pocos días después se doctoraba también Dolores.

Cursó el Bachillerato en el Instituto de su ciudad y tras concluirlo brillantemente, se matriculó en Medicina en la Universidad de Barcelona en 1877

Martina Castells había nacido en Lérida en una familia de médicos –bisabuelo, abuelo, padre, hermanos…-. Cursó el Bachillerato en el Instituto de su ciudad y tras concluirlo brillantemente, se matriculó en Medicina en la Universidad de Barcelona en 1877. Se licenció con las extraordinarias notas de 14 sobresalientes, dieciséis notables y ocho matrículas de honor. El doctorado lo apadrinó el Doctor Letamendi (1828-1897). En señal de apoyo y solidaridad, y también contra los reaccionarios que querían a las mujeres fuera de la Universidad –ya no eran los tiempos de Amadeo, sino los de la Restauración-, acudieron a la ceremonia oficial notables personalidades progresistas del momento, destacando la de Francisco Pi y Margall, expresidente de la I República y edil del Ayuntamiento de Madrid.

Desgraciadamente, Martina apenas tuvo la oportunidad de ejercer la profesión a la que había dedicado su vida. Tras el doctorado, se trasladó a Reus, trabajando como médico en el Hospital militar y en el Instituto mental ‘Pere Mata’. Se casó al poco tiempo con el médico militar Antonio Constantí, y murió prematuramente como consecuencia de una nefritis derivada de su primer embarazo a los 31 años de edad.

Castells murió prematuramente como consecuencia de una nefritis derivada de su primer embarazo a los 31 años de edad

De las otras dos pioneras, Elena Maseras acabó desanimada por las dificultades que le comportaba su condición de mujer para ejercer la medicina, y acabó dedicándose a la enseñanza. Murió en Mahón el 4 de diciembre de 1905, a los 52 años.

Quizás fue Dolores Aleu la que consiguió obtener un mayor éxito profesional. Mantuvo una consulta propia en Barcelona durante 25 años y llevó una vida profesional muy activa, ejerciendo de profesora de higiene doméstica en la Academia para la Ilustración de la Mujer. Fue también autora de varios textos divulgativos de éxito, orientados a mejorar la calidad de vida de las mujeres, especialmente en lo tocante a cuestiones de maternidad. Murió el 19 de febrero de 1913, a los 55 años.

Con su ejemplo abrió una senda que luego recorrieron nuevas generaciones de jóvenes mujeres médicos

Tres mujeres que marcaron un hito en nuestra historia, a las cuales queremos hoy rendir homenaje. No lo tuvieron nada fácil. Y es en este sentido precisamente que, pese a que la trayectoria personal y biográfica de Martina Castells se vio prematuramente truncada, no podemos decir en modo alguno que fuera malograda, pues con su ejemplo abrió una senda que luego recorrieron nuevas generaciones de jóvenes mujeres médicos. Y en su homenaje también, transcribimos a continuación un fragmento de la carta que José de Letamendi remitió al hermano de Martina, también médico, calificando el hito de «heroico», dada la actitud adversa de gran parte de la opinión pública y los recelos que despertaba en la académica:

«¿Imagina usted la energía de carácter y el temple de voluntad que necesité, primero en Barcelona, para lograr (…) y luego en Madrid, acometer por primera vez el salto mortal político y artístico de entrar en un salón de gradas repletas de curiosa y anhelante juventud escolar, acompañando a una señorita con los avíos de licenciado, en demanda del grado supremo de doctor, de preceptor, de maestro, en fin, del arte de Esculapio?”

A las tres rendimos hoy nuestro homenaje desde estas páginas.

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