Marvin Harris

Tal día como hoy… 25 de octubre de 2001 fallecía Marvin Harris

 

El 25 de octubre de 2001 fallecía en Gainesville (Florida, EEUU), a los 74 años de edad, Marvin Harris, uno de los antropólogos más importantes del siglo XX y máximo representante de la corriente conocida como «Materialismo Cultural». Algunas de sus obras, como ‘El desarrollo de la teoría antropológica: una historia de las teorías de la cultura’ (1968) , o ‘Nuestra especie’(1990), son hoy clásicos de la bibliografía antropológica.

 

CV / Las tres corrientes principales en antropología de la segunda mitad del siglo XX se resumirían en la antropología social británica, el estructuralismo de Levi-Strauss y el culturalismo norteamericano, siendo los máximos representantes de esta última escuela Clifford Geertz (1926-2006) –con la antropología simbólica- y Marvin Harris, con el materialismo cultural.

Marvin Harris

Marvin Harris nació en Nueva York el 18 de agosto de 1927. Estudió Antropología en la Universidad de Columbia, ejerciendo luego de profesor de esta especialidad entre 1953 y 1980. A partir de 1980 abandonó la Universidad de Columbia y se trasladó a Florida, donde siguió impartiendo clases y seminarios, prácticamente hasta su muerte. Es autor de una amplia bibliografía antropológica y realizó trabajos de campo en varios lugares del mundo, destacando Brasil, México, Ecuador, Mozambique, India y los propios EEUU –Harleem y reservas indias-.

Harris se educó en la tradición antropológica hegemónica entonces en los EEUU,  el particularismo histórico de Franz Boas. Frente al relativismo historicista propio de esta escuela, Harris tendió más hacia el desarrollo de un paradigma positivista, con la intención de dotar a la antropología de una base científica -un saber nomotético, en contraposición a la condición idiográfica dominante en las ciencias humanas- que le llevó al materialismo cultural. En sus propias palabras, el materialismo cultural consistiría en  “la simple premisa de que la vida social humana es una respuesta a los problemas prácticos de la existencia terrenal”. Todo ello con la finalidad de poder dar explicaciones causales sobre las diferencias y similitudes entre distintas culturas humanas, y las formas de pensamiento comportamiento que éstas generan en los individuos.

Frente al relativismo historicista propio de esta escuela, Harris tendió más hacia el desarrollo de un paradigma positivista

Ello requiere poner en relación distintos aspectos culturales, económicos, sociales, tecnológicos, demográficos y ecológicos. Para ello funde varias tradiciones intelectuales, el materialismo de Marx –al que despoja de la dialéctica hegeliana-, el behaviorismo de Skinner, el evolucionismo de White, y la demografía y el ambientalismo presentes en la obra de Darwin y Malthus.

A su vez, y teniendo en cuenta las tres máximas del trabajo antropológico -el trabajo de campo, la observación participante y el relativismo cultural-, Harris entiende que el objetivo ha de ser obtener conocimiento tanto de los aspectos mentales como de los de comportamiento. Para ello, plantea la distinción entre lo que denominará los niveles, «emic» y «etic». Se trata de dos conceptos que toma del lingüista, y también antropólogo, Kenneth Pike (1912-2000), dándoles un sesgo algo distinto, refiriendo uno a los aspectos más mentales y culturales, y el otro a los de comportamiento. Para Harris –y también para Levi-Strauss- el nivel «emic» -que proviene de phonemic–  refiere a las explicaciones y descripciones que ofrece el informante y que resultan significativas; el nivel «etic» -de phonetic-, refiere, a su vez, a las que resultan significativas para el antropólogo, para la comunidad científica.

Harris consideraba que con el materialismo cultural había resuelto el problema que, para las ciencias humanas y sociales, planteaba el falsacionismo de Popper

Con ello, dispondríamos del aparato conceptual necesario para convertir la antropología en una ciencia. Harris consideraba que con el materialismo cultural había resuelto el problema que, para las ciencias humanas y sociales, planteaba el falsacionismo de Popper, entendiendo que superaba la enojosa «prueba» del criterio de demarcación popperiano. Para ello se basó en el falsacionismo «sofisticado» de Lakatos –conocido también como «anarquismo epistemológico»-. Discutible, sin duda, pero así lo planteó Marvin Harris. Quizás sirva también como prevención al optimismo científico en ciertas disciplinas el que fue uno de sus errores más sonados: el canibalismo de los aztecas precolombinos.

Harris estableció que el canibalismo fue usual entre los aztecas por la necesidad de proteínas en su dieta. No parecía, ciertamente, que los aztecas conocieran la ganadería ni tuvieran animales domésticos. Tampoco la fauna mesoamericana podía aportar la necesaria aportación proteínica a la dieta mediante la caza –pumas, coyotes…-. De ahí que estableciera el canibalismo como mecanismo regular de aportación de proteínas a la dieta de los aztecas.

Posteriormente se demostró que el etnocentrismo –neoyorquino, en este caso- le había jugado una mala pasada, muy poco científica. Cierto, los aztecas no conocían la ganadería, o al menos no en proporciones suficientes como para resultar significativa en su dieta alimentaria, pero la aportación de proteínas no provenía del canibalismo, que, aun habiéndolo, era solo y fundamentalmente ritual: se alimentaban de especies que, simplemente, un neoyorquino como él, no consideraba «comestibles»: gusanos, serpientes, insectos… En fin.

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