Las elecciones en clave catalana 

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Xavier Massó  x.masso@catalunyavanguardista.com

Xavier Massó_editedLo más significativo, a mi parecer, la expresión de Duran Lleida mientras, a su lado, el candidato Tremosa manifestaba su satisfacción por los resultados obtenidos por el conjunto de fuerzas soberanistas, sin que pareciera importarle que ERC, el partido vencedor de estas elecciones en Cataluña, fuera no hace ni cinco años un grupúsculo delicuescente al cual la política del Sr. Mas ha aupado, en detrimento propio, hasta tan privilegiada posición.

En cuanto al triunfo de ERC, y asumiendo que, en lo referente al electorado independentista, están los que son y son los que están en cualquier convocatoria electoral, así como que a su aumento  en los últimos años hay que atribuir el incremento de la participación en Cataluña casi en un 10%, lo cierto, no obstante, es que sigue creciendo a costa del Sr. Mas, pero con un electorado mucho más constante y entregado.

Efectivamente, ERC es el único partido que aumenta linealmente en número de votos en Cataluña, respecto a la última convocatoria electoral, las elecciones catalanas del 2012, en las cuales obtuvo 498.124 votos, lo que representó un 13%, con una participación del 67%. Ahora, con una participación del 47.63%, ha obtenido 594.149, situándose en un 23.67%.

Si tenemos en cuenta, en clave catalana, la diferencia de participación entre las últimas autonómicas y estas europeas, un 67% frente a un 47%, lo lógico sería que todos los partidos hubieran obtenido linealmente menos votos y que las tendencias se manifestaran a partir de las variaciones resultantes. Y así ha sido, también en el resto de España. Ni siquiera el espectacular ascenso de Izquierda Unida ha representado un incremento lineal en votos –de 1.686.040 en las generales del 2011, a 1.562.567 en las de ayer- a menos, claro, que no les incorporemos los 1.245.948 obtenidos por “Podemos”, pero esto sería una lectura en otra clave-; o C’s, cuyo éxito sólo es atribuible a los votos cosechados fuera de Cataluña -337.241 votos-. En clave catalana, C’s está en realidad algo peor que hace dos años: con 157.873 votos y un 6.28% ayer, frente a 275.007 y un 7,56% en el 2012.

Otra cosa, claro, es que Rosa Díez tenga un problema

Otra cosa, claro, es que Rosa Díez tenga un problema. Porque en su caso, tampoco es para echar las campanas al vuelo. Contra lo que podría parecer. UPyD obtuvo en las generales del 2011 la cifra de 1.143.225 votos, un 4.70%; ayer, 1.015.994 votos, un 6.5%. Lo cierto es que, aun habiéndose visto menos castigada que otros por la abstención–la diferencia de participación respecto a las generales del 2011 ha sido de 23 puntos, mientras que en número de votos, la disminución porcentual de UPyD es sólo de 11, su porcentaje global pasa sólo del 4.70% del 2011 al 6.5% de ayer. Es decir, un incremento porcentual del 1.8%. Importante, ciertamente, pero que tampoco se corresponde exactamente con la bravuconería de haber multiplicado por cuatro los eurodiputados. Al menos si lo comparamos porcentualmente con los resultados de la última convocatoria electoral.

Lo de ERC, en cambio, rompe todos los moldes. Con un 20% menos de participación, aumenta linealmente en 100.000 votos, lo que supone un aumento porcentual en votos de casi el 18%. Y pasar, en clave catalana, del 13,70% al 23.67. Todo esto sobre las cenizas del Sr. Mas. Esto es lo que hay.

A este paso, cuando el Estado se decida finalmente a afrontar el problema y, una de dos: a convocar él mismo el referéndum, o a recurrir a la Constitución empleando todos los medios a su alcance,  incluidos los tanques, los independentistas estarán ya encaramados en la independencia de facto. Y si lo primero ya no sirviere, menos aún lo segundo, pues sería, ya hoy en día, el camino más traumático, pero también el más seguro, hacia la independencia de Cataluña. ¿Tan difícil es actuar con un mínimo de razón política?

Sólo desde la burrez más atávicamente carpetovetónica se puede seguir ignorando el problema y pensar que, llegado el momento del referéndum o de la declaración unilateral de independencia, con aplicar la Constitución, eufemismo de la derogación de la autonomía, o los otros se achantan y echan para atrás o, con el correspondiente uso de la fuerza del Estado, se arreglaría el problema. Puede que con Mas así fuere. Pero Mas ya no pinta nada. Es un cadáver político que ya hiede.

El Estado debe reconocer el problema, anunciar una reforma de la Constitución, a un año vista, que permita el referéndum en Cataluña

Lo dije y lo repito. La única solución es política, Y para ello el Estado debe reconocer el problema, anunciar una reforma de la Constitución, a un año vista, que permita el referéndum en Cataluña, y organizarlo él mismo desde su propia Administración, un año más tarde, con los preceptivos requisitos de una participación mínima de dos tercios y tres quintas partes de votos favorables a la independencia para que el resultado fuera vinculante. En cuyo caso, y de ser así, después de la consulta deberían iniciarse las negociaciones formales al caso.

De no hacerse así, estamos abocados a un cul-de-sac sin solución de continuidad. Cuando las situaciones se precipitan, las correlaciones de fuerzas pueden cambiar, y lo que hoy es ninguneo internacional al independentismo catalán puede tornarse, bajo circunstancias excepcionales y traumáticas, en firme apoyo. Y este es un escenario contemplado desde determinadas instancias independentistas. En cualquier caso, es un escenario indeseable, pero evitable con inteligencia política.

El futuro no está escrito, pero con nuestras acciones lo estamos construyendo. El que avisa no es traidor.