Masacre de Nankín

Víctimas de la masacre en la costa del río Yangtze, con un soldado japonés cerca. / Wikimedia

Tal día como hoy… 16 de diciembre de 1937 tenía lugar la masacre de Nankín

 

El 16 de diciembre de 1937 el ejército japonés, que tres días antes había ocupado la ciudad de Nankín, capital de China desde la revolución de 1911, proseguía con una matanza indiscriminada de la población civil, saqueos y violaciones, en un triste episodio que se conoce como la «masacre de Nankín». Se calcula que murieron asesinadas cerca de medio millón de personas, la mayoría civiles; las violaciones, robos y saqueos fueron incontables. Duró unas seis semanas.

 

CV / Japón le había declarado la guerra a China en julio de 1937, sin más interés que la pura expansión territorial a costa de un enemigo moribundo sumido en una guerra civil que, a su vez, incorporaba múltiples pequeñas guerras civiles internas y territoriales entre distintos líderes regionales. En octubre los japoneses habían tomado Shangai, pero la victoria no les satisfizo del todo a los señores de la guerra nipones: la férrea resistencia china les había presentado más dificultades que las previstas y habían sufrido muchísimas bajas, lo cual les encolerizó.

En octubre los japoneses habían tomado Shangai, pero la victoria no les satisfizo del todo a los señores de la guerra nipones

Tras tomar Shangai, el ejército japonés se reforzó para iniciar el avance hacia Nankín, que se encontraba unos 300km al noroeste. En realidad, la masacre empezó con el inicio del avance japonés, que no respetó ni prisioneros de guerra. A medida que el ejército chino se fue replegando hacia Nankín, el gobierno del Kuomitang y los mandos militares huyeron de la ciudad. El ejército chino se descompuso y, ante el terror por la inminente entrada de los japoneses los soldados se quitaron los uniformes para pasar como civiles. Los japonenes, en esta guerra, no tomaban prisioneros de guerra.

Durante la marcha hacia Nankin, se hizo tétricamente famosa la apuesta entre dos oficiales, los tenientes Toshiaki Mukai y Thuyoshi Noda, a ver quién era el primero que conseguía matar por decapitación cien chinos con una katana -la espada de los samurais-. La siniestra apuesta fue publicada y cubierta con todo tipo de detalles por el Osaka Mainichi Shimbun y el Tokyo Nichi Nicho Shimbun. Resultó que un oficial mató a 105 y el otro a 106. El titular de ambos periódicos comentaba jocosamente la noticia en los siguientes términos: Record increíble, ambos tenientes van a los «extras».

Tras la toma de la ciudad, las tropas japonesas llevaron a cabo durante las siguientes seis semanas todo tipo de atrocidades de forma masiva y desenfrenada

Pero lo peor fue después de la entrada en Nankín. Nos han llegado los relatos de testigos europeos que estuvieron presentes en Nankín durante la masacre. Es difícil imaginar algo más dantesco. Tras la toma de la ciudad, las tropas japonesas llevaron a cabo durante las siguientes seis semanas todo tipo de atrocidades de forma masiva y desenfrenada: violaciones -incluyendo niñas casi bebés-, asesinatos, saqueos, robos, incendios… Se trataba de transmitirles a los chinos que, o aceptaban la esclavitud bajo el dominio japonés, o ya sabían lo que les esperaba… No los convencieron, más bien todo lo contrario.

Las noticias corrieron y el escándalo internacional dañó seriamente la imagen del Japón, muy especialmente si tenemos en cuenta que el teórico comandante en jefe era miembro destacado de la familia imperial, aunque el mando efectivo lo ejercía el general Iwane Matsui. El gobierno japonés, como era de esperar, negó cualquier tipo de represalia contra la población china, aduciendo que se había perseguido solo a los soldados desuniformados que se habían constituido en ejército de resistencia clandestino.

Consta que solo en los servicios funerarios, pasaron aquellos días 200.000 cadáveres con las manos atadas a la espalda; otros muchos fueron arrojados al río Yang-tsé

Pero hay demasiados  documentos de testigos presenciales, desde diplomáticos, hombres de negocios occidentales y misioneros, hasta japoneses que se jactaban de sus crímenes, como para poner en duda que se trató de un genocidio planificado con la finalidad de aterrorizar a toda China. Los documentos de los servicios secretos norteamericanos, desclasificados en 2007, consideran muy a la baja la cifra de 500.000 asesinados.

Consta que solo en los servicios funerarios, pasaron aquellos días 200.000 cadáveres con las manos atadas a la espalda; otros muchos fueron arrojados al río Yang-tsé, que se convirtió en una mortaja de agua corriente; varias decenas de miles fueron quemados…

El general Matsui fue detenido, juzgado por crímenes de guerra, y  ahorcado

Japón mantuvo su guerra con China hasta 1945, cuando se rindió ante los Aliados. El general Matsui fue detenido, juzgado por crímenes de guerra, y  ahorcado en la misma ceremonia que el exprimer ministro Tojo. Idéntica suerte corrieron los autores de la siniestra «apuesta» antes citada. Los tenientes Mukai y Noda, permanecieron en China durante toda la guerra. Tras la rendición del Japón, fueron detenidos y ejecutados en la misma ciudad de Nankín.

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